En medio de la tormenta política que se está viviendo en el
País, Podemos consulta a sus bases sobre la compra del chalet de Pablo e
Iglesias e Irene Montero, que obtienen el respaldo de un 68% de los votantes,
aunque casi un 32% , da un toque de atención al líder de la Formación morada,
demostrando su indignación por la incoherencia que supone esta adquisición, con
respecto al discurso que durante años ha venido defendiendo denodadamente.
Aun habiendo superado este trámite, considerado muy
inoportuno por parte de algunas personas de relevancia cercanas a la pareja,
parece haber quedado meridianamente claro que en este
Partido no existe ese miedo a las votaciones que en otros se considera casi un
estigma, pero también que Pablo Iglesias
habrá de tener muy en cuenta, a partir de ahora, cuál pudiera ser el calado de
todas y cada una de sus acciones y sobre todo, la certeza de que nadie resulta
ser imprescindible.
Ese 32%, que coincide plenamente con aquellos que creyeron
encontrar en Podemos, una vía por la que canalizar su pensamiento político y que se entregaron en cuerpo y alma a defender que un reparto más
equitativo de la riqueza resultaba ser absolutamente necesario, para poder
sacar a los ciudadanos de las desigualdades insoportables que les había traído
la crisis, ha querido recordar a quién fue capaz de colocarse a la cabeza de un
movimiento asambleario procedente de la indignación surgida en el 15M, la
obligación de cumplir las reglas que se escribieron tácitamente desde que
Podemos naciera como Partido y que a veces, algunos actos, aunque legales,
traspasan los límites de esa ética imprescindible que se exige, principalmente,
a personajes de su importancia política.
Aunque hay que reconocer a Iglesias que desde que apareciera
en el panorama nacional, las cosas han podido cambiarse, en gran medida, gracias
al discurso incendiario e irreverente que por primera vez hablaba de una Casta,
refiriéndose a los representantes políticos de los dos principales Partidos, la
coherencia ha de ser obligatoriamente, también llevada al plano estrictamente
personal, pues al haberse convertido en cabeza visible de Podemos, el plano
político invade, irremediablemente el de la intimidad y cualquier movimiento
suyo es, por tanto, observado por todos, milimétricamente.
Han pecado Iglesias y Montero, de una ingenuidad casi
infantil, si verdaderamente pensaban que la compra de su vivienda iba a ser
pasada por alto por sus más recalcitrantes enemigos, deseosos desde el primer
momento, de encontrar una rendija abierta por la que iniciar un ataque frontal
contra todo lo que representan y también, de poca inteligencia, si imaginaban que la totalidad de sus bases
iban a ver esta adquisición como algo natural, comparable a lo que se puede
permitir el resto de la gente, pues no hay que olvidar que Podemos se nutre
principalmente, del voto de una izquierda en la que los jóvenes son mayoría y
que ese colectivo es, precisamente, uno de los más afectados, negativamente, en
estos tiempos de recortes y desconcierto.
Muchos, como hemos podido ver, han perdonado el desliz, si
nos atenemos al resultado de la consulta, aunque de manera privada reconocen
que les ha causado cierta decepción la compra del inmueble, pero otros, como el
Alcalde de Cádiz, que imaginamos habrá votado en contra, han lanzado a Iglesias
y Montero un mensaje abierto de indignación, reprochándoles que esta
contradicción en la que según ellos han incurrido, no será fácilmente olvidada
y que habrán de andarse con pies de plomo, si desean continuar liderando un
Partido, en el que concurren tantas corrientes diferentes.
Inmerso en su apoyo a la Moción de censura presentada por Sánchez,
Iglesias no ha dejado sin embargo pasar la ocasión de decir que toma nota de
ese 32% de su militancia que ha mostrado
su disconformidad en la consulta y hará bien, en no volver a repetir, ni en el
terreno personal ni en el público, que en su caso y por sus circunstancias, son
uno solo, actitudes que puedan poner en riesgo, no sólo su liderazgo, sino
también la imagen misma de Podemos.
Para predicar, hay que tener muy claro que el cumplimiento
estricto de las normas ha de ser rigurosamente seguido, en primer lugar, por
uno mismo, pues exigir a los demás su fidelidad a un determinado pensamiento,
pasa por ofrecer un ejemplo incontestable, que no pueda neutralizar en modo
alguno, la firmeza de las ideas.
A sólo dos días de la Moción, quizá debería estar escribiendo
de otras cosas mucho más importantes para todos nosotros, pero no he querido
dejar pasar la ocasión de dejar constancia de estos hechos.

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