miércoles, 31 de mayo de 2017

Sin signos de arrepentimiento


 En medio de un escándalo de proporciones mayúsculas, que tiene  a ciudadanos y Partidos de la oposición estupefactos, Manuel Moix continúa en su cargo impertérrito, concediendo entrevistas, sólo a los medios que le son afines y sin prestar ninguna atención a la  polvareda que ha levantado entre sus compañeros de profesión, que no entienden cómo el gobierno no le ha cesado de manera inmediata.
Sin mostrar el menor signo de arrepentimiento y esgrimiendo el   argumento que le parece del todo ético que los hijos hereden de sus padres,  este impresentable Fiscal anticorrupción, que a González y Zaplana les parecía estupendo, en las vergonzosas conversaciones que mantenían, mientras intentaban encontrar el modo de escapar de la acción de la justicia, ni siquiera parece haberse planteado la opción de dimitir y de seguro, como siempre ocurre con los presuntos corruptos del PP, esperará hasta que a Rajoy no le quede otro remedio que sustituirle por otro, si es que desea poder ofrecer una imagen de cierta credibilidad, cuando se siente a declarar como testigo, en la sala del caso Gurtel.
 Pero que al Presidente haya que obligarle a través de presiones, a entender lo que todo el mundo ve con meridiana claridad, todas y cada una de las veces que suceden cosas similares a ésta, no puede, sino aumentar la sospecha de que en el fondo conocía a la perfección  lo que sucedía y sucede a su alrededor  y aun así, nunca tuvo ni tiene la valentía de actuar en consecuencia, cesando fulminantemente a esta cohorte de probados y presuntos delincuentes, que han saqueado las arcas de su amadísima patria.
Imperturbable, como si la situación no fuera con él y su responsabilidad como Presidente comenzara y terminara en el único afán de complacer a Europa, el profundísimo agujero que van cavando incontables cargos de su Partido en el erario público español y el tener a su lado a toda una caterva de facinerosos sin escrúpulos, a los que nada importa hacer lo que sea, con tal de enriquecerse, no sólo no parece causarle ningún tipo de preocupación, sino que  ni siquiera se plantea jamás, como sería de recibo, pedir a la Sociedad una disculpa en toda regla que desde hace mucho tiempo merece y tratar de resarcir el daño que sus queridos compañeros de formación infringen a diario a los más desfavorecidos, privándoles seguramente, de las ayudas que por derecho les corresponden.
Todos sabemos de antemano que Moix no dimitirá y que con toda probabilidad ya estará negociando ventajosas opciones, para su inevitable cese, pero es que la ausencia de moral que demuestra, como otros muchos antes ya lo hicieron, es en sí, una imperdonable falta de respeto hacia los ciudadanos, que comparten también, todos aquellos que se empeñan en mantenerle en el cargo.
Hartos de soportar la despótica tiranía de esta casta  corrupta, que pretende tenerlo todo ganado sólo con presentarse ante la gente con trajes a medida y corbata, los sufridos habitantes de todo el territorio nacional, no pueden, sino desear vehementemente que la oposición se decida a llegar a un acuerdo y triunfe la Moción de censura, que nos libre de este tormento que no parce tener fin.

Ojalá que así fuera.

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