En
medio de un escándalo de proporciones mayúsculas, que tiene a ciudadanos y Partidos de la oposición
estupefactos, Manuel Moix continúa en su cargo impertérrito, concediendo
entrevistas, sólo a los medios que le son afines y sin prestar ninguna atención
a la polvareda que ha levantado entre
sus compañeros de profesión, que no entienden cómo el gobierno no le ha cesado
de manera inmediata.
Sin
mostrar el menor signo de arrepentimiento y esgrimiendo el argumento que le parece del todo ético que
los hijos hereden de sus padres, este
impresentable Fiscal anticorrupción, que a González y Zaplana les parecía
estupendo, en las vergonzosas conversaciones que mantenían, mientras intentaban
encontrar el modo de escapar de la acción de la justicia, ni siquiera parece
haberse planteado la opción de dimitir y de seguro, como siempre ocurre con los
presuntos corruptos del PP, esperará hasta que a Rajoy no le quede otro remedio
que sustituirle por otro, si es que desea poder ofrecer una imagen de cierta
credibilidad, cuando se siente a declarar como testigo, en la sala del caso
Gurtel.
Pero que al Presidente haya que obligarle a
través de presiones, a entender lo que todo el mundo ve con meridiana claridad,
todas y cada una de las veces que suceden cosas similares a ésta, no puede,
sino aumentar la sospecha de que en el fondo conocía a la perfección lo que sucedía y sucede a su alrededor y aun así, nunca tuvo ni tiene la valentía de
actuar en consecuencia, cesando fulminantemente a esta cohorte de probados y
presuntos delincuentes, que han saqueado las arcas de su amadísima patria.
Imperturbable,
como si la situación no fuera con él y su responsabilidad como Presidente
comenzara y terminara en el único afán de complacer a Europa, el profundísimo
agujero que van cavando incontables cargos de su Partido en el erario público
español y el tener a su lado a toda una caterva de facinerosos sin escrúpulos,
a los que nada importa hacer lo que sea, con tal de enriquecerse, no sólo no
parece causarle ningún tipo de preocupación, sino que ni siquiera se plantea jamás, como sería de
recibo, pedir a la Sociedad una disculpa en toda regla que desde hace mucho tiempo
merece y tratar de resarcir el daño que sus queridos compañeros de formación
infringen a diario a los más desfavorecidos, privándoles seguramente, de las
ayudas que por derecho les corresponden.
Todos
sabemos de antemano que Moix no dimitirá y que con toda probabilidad ya estará
negociando ventajosas opciones, para su inevitable cese, pero es que la
ausencia de moral que demuestra, como otros muchos antes ya lo hicieron, es en
sí, una imperdonable falta de respeto hacia los ciudadanos, que comparten
también, todos aquellos que se empeñan en mantenerle en el cargo.
Hartos
de soportar la despótica tiranía de esta casta
corrupta, que pretende tenerlo todo ganado sólo con presentarse ante la
gente con trajes a medida y corbata, los sufridos habitantes de todo el
territorio nacional, no pueden, sino desear vehementemente que la oposición se
decida a llegar a un acuerdo y triunfe la Moción de censura, que nos libre de
este tormento que no parce tener fin.
Ojalá
que así fuera.

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