La oposición al completo votó ayer tarde en el Congreso la
reprobación del Ministro de Justicia, Rafael Catalá, del Fiscal General del
Estado, José Manuel Maza y del Fiscal Anticorrupción, Manuel Moix, por
considerar que han intentad por todos los medios entorpecer la investigación
del caso Lezo, en el que Ignacio González y otras muchas personas, acaban de
ser imputados, hace apenas unos días.
A pesar de ser éste un
hecho sin precedentes, en el que se evidencia el desacuerdo de una mayoría de
parlamentarios con las políticas llevadas a cabo, en el campo de la Justicia,
por el PP, la medida, que a priori podría parecer importante, debido a la
gravedad de los hechos en que se basa, no tendrá consecuencia alguna y a no ser
que el Presidente Rajoy decida cesar a los reprobados, todos y cada uno de
ellos podrá continuar en el cargo que actualmente ocupa y ejerciendo las mismas
funciones y de la misma manera que lo han venido haciendo, quedando su reprobación
reducida a una especie de anécdota, que demuestra las enormes lagunas que
existen en nuestras leyes, en relación a casos como éste.
Ninguno de los tres parece haberse dado por aludido, tras la
tensa sesión de ayer y ya han aclarado que no piensan presentar su dimisión,
aunque su comportamiento pueda ser calificado como vergonzoso y parezca más propio de una
República bananera, que de un país democrático que se precie.
Al mismo tiempo que se producía la reprobación, Cristina
Cifuentes, Presidenta de la Comunidad de Madrid, comparecía ante los medios
para tratar de desligarse de la recomendación de la UCO de que sea imputada por
cohecho y malversación y su discurso recordaba, supongo que muy a su pesar, a
los que solía emitir Esperanza Aguirre, cuando los casos de corrupción en los
que se veían implicados sus más estrechos colaboradores, la iban cercando más y
más, haciendo prácticamente imposible que continuara ejerciendo como política.
Por la mañana, el vice consejero de Cifuentes, Miguel Ángel Ruíz, dimitía al
ser imputado en el caso Púnica, augurando tiempos difíciles para el equipo de
los populares y para la propia Presidenta.
Entretanto, las conversaciones de Ignacio González, que se
han convertido en una fuente inagotable de información, daban fe de que
Esperanza Aguirre conocía desde siempre la financiación ilegal de sus Campañas
electorales y que al menos dos de ellas, las ganó con la ayuda económica
ofrecida por empresarios, a cambio de ciertas concesiones.
Habiendo pasado el mal trago de las reprobaciones, Mariano
Rajoy continúa en su línea de imperturbable sosiego, como si todo lo que está
ocurriendo a su alrededor y que afecta directamente a pesos muy pesados de su
Partido, nada tuviera que ver con su gestión y que incluso fuera natural que
los Gobiernos intervinieran descaradamente en la marcha de los asuntos de la
Justicia, convirtiendo en muchos casos a los fiscales, en auténticos abogados
defensores de malhechores, sobre todo cuando se les acusa de corrupción y
militan en las filas conservadoras.
Así que esta es la
triste perspectiva que nos aguarda, si como parece, nadie está dispuesto a
secundar la Moción de Censura que piensa presentar Podemos y habrá que ir
haciéndose a la idea de que no nos quedará más remedio que soportar a los populares
en el poder, hasta que finalice la legislatura, pues la cobardía de esta
oposición casi al completo, les conduce como borregos, detrás del camino que
marca Rajoy, haga lo que haga y ocurra lo que ocurra a su alrededor,
forzosamente.
Maniatados por la animadversión de los otros Partidos en el
Parlamento, a Podemos no le queda otra que tratar de defender, al menos, su
honorabilidad, para poder demostrar, aunque sólo sea de palabra, su total
desacuerdo con las políticas aplicadas por el PP y también con la incomprensible
pasividad que permite a Rajoy continuar en el puesto que ocupa y que retrata
con luz y taquígrafos, el pensamiento real de PSOE, Ciudadanos y nacionalistas,
aportando a los ciudadanos, una información impagable, de cara a próximos
comicios.
Queda pues demostrado, que ni las Comisiones de
investigación, ni las comparecencias, ni las reprobaciones siquiera, sirven
absolutamente para nada, cuando el poder decisorio se encuentra ligado a la
voluntad del Presidente.
La total indefensión que padece esta sociedad, no puede ser más
evidente y si no sucede un milagro, Rajoy cumplirá escrupulosamente sus cuatro
años en Moncloa. A ver la herencia que nos deja.

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