Contundente, Pablo Iglesias en su intervención en La Sexta
Noche y dispuesto a llevar adelante, aunque sea en soledad, una Moción de
Censura absolutamente coherente, a la vista de la deriva que han tomado los
acontecimientos y que en cualquier otra democracia europea, ni siquiera habría
sido necesaria, pues lo que está ocurriendo en el PP sería causa suficiente para que hubiera
dimitido el gobierno al completo.
En cambio aquí, el
Presidente se dedica a hacer bromas de mal gusto delante de la prensa
extranjera, menospreciando una medida que por su excepcionalidad, sólo ha lugar
en momentos cuya gravedad lo requiere y que en este caso, pone en duda no sólo que lo esté haciendo
bien, sino la honorabilidad de su Partido y la suya propia, como cabeza visible
del mismo.
Todos sabemos, que esta Moción no tiene la menor posibilidad
de salir adelante, fundamentalmente porque el triunvirato que ha formado Rajoy
con Rivera y el Presidente de la Gestora socialista, no parece dispuesto a conceder
a Podemos una sola posibilidad de sacar adelante alguna propuesta, tal vez,
porque a los mansos les causa pavor cualquier iniciativa de los valientes y
también, porque se vive bastante mejor acomodado en un estado de placidez, que
luchando por los derechos de la población y salvaguardando la seguridad de las
arcas públicas, hasta ahora saqueadas sin miramiento, por una cohorte
innumerable de corruptos irredentos.
Pero aún teniendo la seguridad de que la Moción se perderá,
consentir que el devenir de los sucesos actuales y futuros transcurra sin que
nadie haga nada por parar en seco a estos rufianes de corbata y gomina, que
campan a sus anchas, avasallando a los
ciudadanos e intentando manejar los hilos que mueven el mundo de la justicia,
supondría, en sí mismo, una grave traición contra una sociedad a la que hace ya
tiempo cierta clase de politicastros sin conciencia, perdió el respeto y de la
que se burlan impunemente menospreciando su nivel de inteligencia, con acciones
absolutamente deplorables que deben ser castigadas y erradicadas, urgentemente.
Puede que al Presidente le parezca jocoso que Iglesias se
atreva a enfrentársele, aún teniendo la seguridad de perder la partida, pero la
broma, comenzará a desmoronarse en cuanto el podemita ocupe la tribuna del
Parlamento para lanzar un discurso que será visto en todos los rincones del
mundo, enumerando todos y cada uno de los despropósitos que esa legión de gente
“honorable”, que ha estado formando parte de las filas del PP, prácticamente
hasta ayer, ha venido realizando en la trastienda de las Instituciones que nos
pertenecen a todos, ante los mismos ojos de Rajoy y otros muchos líderes de
renombre, a los que parece haber afectado una epidemia de ceguera y sordera,
para la que no encuentran ningún tipo de tratamiento.
Seguro del apoyo de Ciudadanos, que está demostrando con toda
claridad la pasta de que están hechos sus mandatarios y su disposición a
permanecer al lado del PP, ocurra lo que ocurra y de un PSOE cada vez más
alejado de las líneas que siempre representaron al Socialismo, Rajoy pasea, con
total desfachatez, su cinismo, allá por dónde va, convencido de que será capaz
de terminar la legislatura, por mucho que le estén perjudicando la corrupción
de los suyos y los intentos de amordazar a la justicia para que paguen, con
contundencia, por sus delitos.
Sin embargo, después de la Moción de Censura, ya nada podrá
ser igual, principalmente, porque a los electores va a quedarles muy claro
quiénes se han convertido en consentidores de esta evasión permanente de los
capitales públicos hacia los bolsillos de personas muy concretas y por el
contrario, quiénes han sido los únicos que se han atrevido a decir basta y a
intentar poner freno a este despropósito en el que se está convirtiendo la
política en nuestro país, capitaneada por un Mariano Rajoy, que no merece estar
ni un minuto más, como Presidente de Gobierno.
Y nada importa, si a los socialistas de Susana Díaz les
parece bien o mal que se presente la
Moción o si a los seguidores de Rivera
les conviene indudablemente que Rajoy continúe en el Gobierno.
Cuando Iglesias termine su discurso y los ciudadanos volvamos
a oír las mismas y manidas explicaciones que se nos vienen ofreciendo desde las
filas del PP y que se contradicen absolutamente, a la vista de las pruebas
fehacientes que se han conocido estos días a través de los medios, lo único
interesante a destacar, será la opinión que los electores se hayan formado de
los intervinientes en este debate, que promete ser el más duro, de cuántos se
han conocido en la historia de nuestra Democracia, pues la gravedad de la
situación, así lo requiere.
Destapar al PP, las estrategias calcadas que han seguido muchos de sus líderes a lo
largo y ancho de todo el País, avergonzar delante de millones de espectadores a
quién opta por aparecer como un ingenuo delante de su pueblo y demostrar que no
sólo no ha sido capaz de frenar a su rebaño de ovejas negras, sino que les ha
estado animando con mensajes de aliento, ya resulta ser de por sí, suficientemente trascendental, para que la
Moción valga la pena.
Más de un Partido haría bien en pensar de qué lado le
conviene estar, en este preciso momento.

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