Tras la polémica levantada por las declaraciones de Jordi
Cruz, uno de esos cocineros estrella que merecieron ganar estrellas Michelín,
dando el salto después a programas de televisión emitidos en horario de máxima
audiencia, en los que alcanzaron mayoritariamente mucha más popularidad que por
sus propias elaboraciones culinarias, no va a quedar otro remedio que
puntualizar lo enormemente favorecidos que se han visto estos empresarios de
altos vuelos, en ésta y en otras profesiones, como la abogacía o el periodismo,
por esa Reforma laboral que aprobara Mariano Rajoy al principio de su primera
legislatura como Presidente y que establece ciertas medidas que disfrazan
descaradamente un trabajo que debiera ser bien remunerado, de prácticas de
aprendizaje, que permiten a los dueños de los negocios una especie de
explotación encubierta de jóvenes que intentan desesperadamente iniciar su
andadura en profesiones para las que fueron exhaustivamente preparados, pero
cuya recompensa consiste, exclusivamente, en una especie de privilegio mal
entendido, al trabajar en despachos, cocinas o bufetes de cierto renombre.
En este sentido, los inaceptables argumentos esgrimidos por
Cruz, al que se le ha debido subir a la cabeza el éxito alcanzado como jurado
de Master Chef y que considera que sus trabajadores en prácticas deben sentirse
suficientemente recompensados por el buen trato que se les dispensa en un
restaurante, que según sus propias afirmaciones, no sería rentable, de no ser
por la inestimable colaboración prestada gratuitamente por estos colaboradores
en concreto, habría que aclarar que cualquier persona, se dedique a la
profesión que se dedique y trabaje dónde trabaje, merece, por su condición de
ser humano, prioritariamente, el respeto y la consideración de sus superiores y
además, el inalienable derecho de percibir un salario, acorde con el trabajo
realizado, pues la rentabilidad de los negocios, no es asunto de su competencia,
sino la de aquel que los montó, me imagino que tras realizar un estudio previo
de viabilidad, que garantizara ciertos beneficios.
Justamente en la hostelería, se vienen dando una serie de
casos sangrantes que a este Gobierno parecen importarle bien poco, pero que
afectan gravemente la dignidad y las aspiraciones de futuro de nuestra
juventud, que no encuentra, de momento,
otro camino para poder salir del domicilio paterno, que éste de transformarse en
los primeros camareros doctorados y posesores de varios masters en diversas
materias, a los que se contrata en innumerables ocasiones a prueba, sin sueldo,
para sustituirlos al siguiente mes, por otros incautos deseosos de encontrar
una estabilidad laboral que nunca llega, pues la promesa que les hacen los
empresarios cuando les entrevistan por primera vez, se las lleva el viento.
Si a esto sumamos el caso de esta especie de becarios, que en
muchos casos, hasta viven en el mismo lugar en el que prestan sus servicios y
cuya jornada laboral excede casi siempre de lo razonable, cualquier explicación
que puedan ofrecer estos cocineros de altos vuelos, cuyos precios por plato,
escapan a las posibilidades económicas de la inmensa mayoría de los ciudadanos
de este país, no sólo hiere ostensiblemente la sensibilidad de los ciudadanos,
sino que resultan ser un insulto imperdonable que merece ser respondido, por lo
menos, con un boicot a los Restaurantes que regentan y por supuesto, a los
programas de Televisión en los que participan y en los que tratan de ofrecer
una imagen de amabilidad que no se corresponde en absoluto con la actitud
demostrada con los que son, lo reconozcan o no, parte de sus plantillas.
La explotación encubierta de nuestros jóvenes, que realizan
en estas cocinas labores de todo tipo y que nada tienen que agradecer realmente
a quiénes les mantienen en estas condiciones de trabajo, por muchas estrellas
Michelin que posean, sobrepasa, con mucho, todos los límites de la honestidad
profesional y humana de quiénes lo permiten y que si de verdad tienen, como ellos
presumen, aspiraciones docentes, debieran abrir escuelas a las que pudieran
acceder estos estudiantes en prácticas, aunque fuera solicitando una subvención
al Gobierno.
Transmitir los conocimientos que uno posee sobre una materia
con humildad, procurar que los que vienen detrás los adquieran y los
perfeccionen, con el paso del tiempo, nunca pude ni debe implicar, el abuso
descarado del trabajo realizado por los que comienzan en una profesión, que
eligieron para que les sirviera como medio de vida y no como una vía de
aprendizaje que no termina nunca, pues son muy pocos o ninguno, los que
consiguen dar el paso a la codiciada remuneración que merece el reconocimiento
de sus funciones.
Si al señor Cruz no le renta su negocio sin la extraordinaria
colaboración de estos becarios, que lo cierre. No sería el primero ni el último
que ha de hacerlo, en esta interminable crisis y además, ya les digo yo que
podría vivir cómodamente con los emolumentos que obtiene por su colaboración en
televisión española. ¿O acaso lo hace gratis, como forma de aprendizaje en un
medio que no le resulta familiar o por el mero hecho de trabajar a las órdenes
de verdaderos profesionales del mundo televisivo al que todavía no pertenece?

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