martes, 9 de mayo de 2017

Explotados por las estrellas


Tras la polémica levantada por las declaraciones de Jordi Cruz, uno de esos cocineros estrella que merecieron ganar estrellas Michelín, dando el salto después a programas de televisión emitidos en horario de máxima audiencia, en los que alcanzaron mayoritariamente mucha más popularidad que por sus propias elaboraciones culinarias, no va a quedar otro remedio que puntualizar lo enormemente favorecidos que se han visto estos empresarios de altos vuelos, en ésta y en otras profesiones, como la abogacía o el periodismo, por esa Reforma laboral que aprobara Mariano Rajoy al principio de su primera legislatura como Presidente y que establece ciertas medidas que disfrazan descaradamente un trabajo que debiera ser bien remunerado, de prácticas de aprendizaje, que permiten a los dueños de los negocios una especie de explotación encubierta de jóvenes que intentan desesperadamente iniciar su andadura en profesiones para las que fueron exhaustivamente preparados, pero cuya recompensa consiste, exclusivamente, en una especie de privilegio mal entendido, al trabajar en despachos, cocinas o bufetes de cierto renombre.
En este sentido, los inaceptables argumentos esgrimidos por Cruz, al que se le ha debido subir a la cabeza el éxito alcanzado como jurado de Master Chef y que considera que sus trabajadores en prácticas deben sentirse suficientemente recompensados por el buen trato que se les dispensa en un restaurante, que según sus propias afirmaciones, no sería rentable, de no ser por la inestimable colaboración prestada gratuitamente por estos colaboradores en concreto, habría que aclarar que cualquier persona, se dedique a la profesión que se dedique y trabaje dónde trabaje, merece, por su condición de ser humano, prioritariamente, el respeto y la consideración de sus superiores y además, el inalienable derecho de percibir un salario, acorde con el trabajo realizado, pues la rentabilidad de los negocios, no es asunto de su competencia, sino la de aquel que los montó, me imagino que tras realizar un estudio previo de viabilidad, que garantizara ciertos beneficios.
Justamente en la hostelería, se vienen dando una serie de casos sangrantes que a este Gobierno parecen importarle bien poco, pero que afectan gravemente la dignidad y las aspiraciones de futuro de nuestra juventud, que  no encuentra, de momento, otro camino para poder salir del domicilio paterno, que éste de transformarse en los primeros camareros doctorados y posesores de varios masters en diversas materias, a los que se contrata en innumerables ocasiones a prueba, sin sueldo, para sustituirlos al siguiente mes, por otros incautos deseosos de encontrar una estabilidad laboral que nunca llega, pues la promesa que les hacen los empresarios cuando les entrevistan por primera vez, se las lleva el viento.
Si a esto sumamos el caso de esta especie de becarios, que en muchos casos, hasta viven en el mismo lugar en el que prestan sus servicios y cuya jornada laboral excede casi siempre de lo razonable, cualquier explicación que puedan ofrecer estos cocineros de altos vuelos, cuyos precios por plato, escapan a las posibilidades económicas de la inmensa mayoría de los ciudadanos de este país, no sólo hiere ostensiblemente la sensibilidad de los ciudadanos, sino que resultan ser un insulto imperdonable que merece ser respondido, por lo menos, con un boicot a los Restaurantes que regentan y por supuesto, a los programas de Televisión en los que participan y en los que tratan de ofrecer una imagen de amabilidad que no se corresponde en absoluto con la actitud demostrada con los que son, lo reconozcan o no, parte de sus plantillas.
La explotación encubierta de nuestros jóvenes, que realizan en estas cocinas labores de todo tipo y que nada tienen que agradecer realmente a quiénes les mantienen en estas condiciones de trabajo, por muchas estrellas Michelin que posean, sobrepasa, con mucho, todos los límites de la honestidad profesional y humana de quiénes lo permiten y que si de verdad tienen, como ellos presumen, aspiraciones docentes, debieran abrir escuelas a las que pudieran acceder estos estudiantes en prácticas, aunque fuera solicitando una subvención al Gobierno.
Transmitir los conocimientos que uno posee sobre una materia con humildad, procurar que los que vienen detrás los adquieran y los perfeccionen, con el paso del tiempo, nunca pude ni debe implicar, el abuso descarado del trabajo realizado por los que comienzan en una profesión, que eligieron para que les sirviera como medio de vida y no como una vía de aprendizaje que no termina nunca, pues son muy pocos o ninguno, los que consiguen dar el paso a la codiciada remuneración que merece el reconocimiento de sus funciones.
Si al señor Cruz no le renta su negocio sin la extraordinaria colaboración de estos becarios, que lo cierre. No sería el primero ni el último que ha de hacerlo, en esta interminable crisis y además, ya les digo yo que podría vivir cómodamente con los emolumentos que obtiene por su colaboración en televisión española. ¿O acaso lo hace gratis, como forma de aprendizaje en un medio que no le resulta familiar o por el mero hecho de trabajar a las órdenes de verdaderos profesionales del mundo televisivo al que todavía no pertenece?



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