Por fin, los candidatos a la Secretaría General del PSOE presentan los avales de que disponen y parece
que en el momento de la verdad, ni son tan grandes las diferencias de que
presumían los partidarios de Susana Díaz, frente a los que muestra Pedro Sánchez
y sólo Paxi López, queda lejos de aproximarse
en cifras a sus oponentes, quedando el último en esta carrera
esperpéntica, por alzarse con el poder en el Partido.
Sólo cinco mil votos separan a la Presidenta andaluza del
defenestrado Sánchez, sesenta y tres mil y cincuenta y siete mil,
respectivamente y de todos es sabido que cuando se trata de conseguir apoyos,
los militantes reciben toda clase de presiones, mientras que el voto, en el
proceso de primarias resulta ser secreto y por tanto, cualquiera de los dos
podría proclamarse como flamante vencedor, dentro de dos semanas.
El error de los susanistas, ha sido pensar que la candidata
andaluza gozaba a nivel estatal, de la
misma popularidad de la que disfruta en su tierra y no contar con la
indignación que producen en cierta militancia, los pactos tácitos que la
gestora viene firmando con el PP y que en cierto modo, traicionan gravemente la
ideología que dicen defender, alejándoles definitivamente de ciertos sectores
de su propio Partido, que se sienten mucho más cerca de la izquierda.
La soberbia demostrada por la lideresa andaluza, siempre
delante de un público entregado, puesto a sus pies por los leales barones que
la acompañaron en el golpe de estado que se atrevió a dar en Ferraz, no hace
demasiado tiempo, no puede, sino acabar pasándole la factura que merecen todos
los orgullosos desmedidos que se consideran a sí mismos los únicos capaces de
salvar el honor de la patria y de solucionar las adversidades que surgieran,
sin considerar en ningún momento la premisa de que en política, nadie es
imprescindible y que a veces basta un instante para precipitarse al vacío desde
el lugar más alto, sin que ocurra en los países, absolutamente nada por ello.
La negativa de la Gestora a secundar la Moción de Censura de
Podemos, no le va a servir tampoco de ayuda a Díaz, que haría muy bien en
olvidar de una vez que Teresa Rodriguez se negó a prestarle su apoyo para la
investidura y empezar a pensar si realmente quiere cambiar lo que está sucediendo
aquí y ahora , bajo el mandato de un Mariano Rajoy, al que su propuesta de
abstención colocó, exactamente, en el lugar que ocupa.
·Entretanto, Sánchez aguarda la oportunidad de hacer saltar
la sorpresa, derrotando a los mismos que le apartaron de mala manera de su
cargo, hace sólo unos meses y también, de quitarse de encima, si triunfa, el
miedo a las presiones dirigidas hacia su persona desde los despachos de los
barones, a los que seguramente iría retirando de su entorno, del modo que
considerase oportuno.
La celebración de estas Primarias, que sobrepasa con mucho el
interés que representaría un hecho absolutamente habitual en cualquier Partido
político, se convierte sin embargo en ciertamente trascendental, pues en ellas
se juega el PSOE mucho más que la elección de un nuevo Secretario General.
Fundamentalmente se expone a un catastrófico cambio de ideología.
Todo podría cambiar radicalmente si finalmente Sánchez
consiguiera destronar a quién viene siendo considerada la Reina de su Partido,
pues el giro a la izquierda que ha venido prometiendo el madrileño en todos los
actos de su accidentada campaña, podría sin duda propiciar un acuerdo, esta vez
sin intermediarios, con Iglesias y cumplir el sueño de apartar del poder a Mariano Rajoy, con el que
Pedro nunca comulgó, evidentemente.
A la espera de lo que pueda ocurrir, los militantes
socialistas tienen por delante el que será el periodo de reflexión más
importante de sus vidas. De ellos va a depender, no sólo la regeneración de su
Partido, sino seguramente el futuro de todo un país, tan desencantado como el
nuestro.
Lo único que nos gustaría, es que pudieran decidir
libremente.

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