Mientras Pedro Sánchez
termina de asimilar su apabullante triunfo sobre Susana Díaz y la justicia empieza a investigar las
cuentas de Gallardón, en relación con el caso Lezo, la Moción de censura de Podemos se topa de pronto con una
inesperada observación de Compromís, que
ruega que se considere la posibilidad de aplazarla, hasta que existan indicios
de que pueda salir adelante, aunque fuera
el PSOE, como primer Partido de la oposición el que la presentara y todos
tuvieran que apoyar a su candidato, para que ocupase la Presidencia del
Gobierno.
Pero el día 13 de junio se cerca y los de Sánchez, que
ni siquiera habrán celebrado para entonces su
Congreso, temen arriesgarse a ser tachados de radicales por los muchos
susanistas que aún ocupan posiciones importantes en el Partido, por lo que no
se atreverán a ir más allá de abstención, si el candidato es Iglesias, ni
tampoco a lanzarse al vacío presentando en este momento una moción propia,
aunque todo parece augurar que estarían de acuerdo en la necesidad de que se
haga, porque existen motivos para ello, del todo suficientes.
Todo esto, que pudiera tener algún sentido si se analizaran por separado las circunstancias que
se dan en las entrañas de cada una de estas Formaciones políticas, pierde sin
embargo toda coherencia, cuando se consideran
uno por uno los gravísimos acontecimientos que se están produciendo en
la vida política española y que tienen, como todos sabemos, al PP como principal
protagonista y a su dirigente, Mariano Rajoy, intentando hacer todo lo posible,
por salvar la desastrosa imagen que su Partido está ofreciendo ante los
ciudadanos, sin ahorrar en medios para conseguirlo.
Empecinado en continuar con su estrategia de que el
tiempo todo lo cura y menospreciando descaradamente
la Moción de censura de Podemos, a la que ni siquiera piensa responder, según
fuentes cercanas a Moncloa, Rajoy cuenta tristemente desde el principio, con
que el estigma de la desunión que siempre ha caracterizado a la izquierda
española le favorezca en este caso también y con que su siempre leal, Soraya
Sáenz de Santamaría, salga de nuevo al ruedo sin red que la proteja, para
quedar a merced del durísimo discurso que de seguro pronunciara Iglesias
durante sus intervenciones, pues en
ocasiones como éstas, los españoles ya estamos acostumbrados a que su Presidente se encuentre desaparecido.
Pero no estar, no significa en absoluto que los
problemas que se discutan en la Moción no existan, ni tampoco que los
ciudadanos vayamos a exculpar a Rajoy de la responsabilidad que le corresponde
enteramente, pues ya el hecho de no querer comparecer, supone un inaceptable
menosprecio hacia los cinco millones de electores de Podemos y también de todos
aquellos ciudadanos que habiendo votado a otras Fuerzas , consideran como una
obligación ineludible, que el Presidente dé la cara en el Parlamento cuántas
veces sean necesarias, como último responsable que es, de cuánto ocurre en este
país, bajo el mandato de su gobierno.
Así que lo ideal sería que antes del día 13, los
Partidos de izquierdas fueran, por una vez y para que sirviera de precedente,
capaces de arbitrar unas vías de entendimiento, por el bien de la población,
que consiguiesen echar a Rajoy del poder, pues jamás hubo en España mayores
motivos para garantizar el triunfo de una Moción de censura, que los que se dan
en estos momentos.
Al fin y al cabo, garantizar el bienestar de los
ciudadanos, atender a sus más urgentes necesidades y procurar que sean respetados
hasta el último de todos sus derechos y libertades, es la labor primordial para la que los electores
contraten, por medio de sus votos, a los políticos y los asuntos internos que
sacuden a los Partidos, las luchas domésticas por el poder y los forcejeos de
los unos contra los otros, por tratar de obtener más representación en el
Parlamento, poco o nada interesan cuando
lo que está en juego es el saqueo continuado de las arcas públicas, la presunta
manipulación descarada de la justicia o la permanencia en vigor de leyes
lesivas, como la Reforma Laboral, la Wert, La mordaza, la permisividad con los
desahucios o los interminables recortes en la Sanidad o la Educación públicas,
que las están convirtiendo en una sombra de lo que fueron, por no hablar de la
desaparición de las ayudas sociales de primera necesidad, como la dependencia,
tan necesaria para cuidadores y enfermos.
Habría que pedir pues al PSOE y a su recién llegado
Secretario General, a los nacionalistas catalanes y vascos, a los movimientos que se integran en Podemos
y en general, a todos aquellos que como la misma sociedad, contemplan a diario
los gravísimos hechos que están sucediendo, que dejen de mirarse el ombligo y
que apoyen sin condiciones la moción del día 13, como haríamos los ciudadanos
si nos correspondiera a nosotros apretar el botón que pudiera hacer posible la
salida de Rajoy del Gobierno.
Echar balones fuera, esgrimiendo argumentos que no
vienen al caso, no puede sino demostrar que o no creían realmente en las
afirmaciones que hacían sobre la conducta de Rajoy o que priman para ellos
otros intereses, por encima del bienestar de los ciudadanos, lo que proporciona
un retrato bastante exacto de los índices de fiabilidad que acompañan a cada cuál, de cara a futuros
comicios.
El momento es ahora y puede que si lo dejan pasar, se
arrepientan durante toda la vida.

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