domingo, 28 de mayo de 2017

En nombre de la unidad


Mientras Pedro Sánchez  termina de asimilar su apabullante triunfo sobre Susana Díaz  y la justicia empieza a investigar las cuentas de Gallardón, en relación con el caso Lezo, la Moción de  censura de Podemos se topa de pronto con una inesperada observación de Compromís,  que ruega que se considere la posibilidad de aplazarla, hasta que existan indicios de que pueda  salir adelante, aunque fuera el PSOE, como primer Partido de la oposición el que la presentara  y  todos tuvieran que apoyar a su candidato, para que ocupase la Presidencia del Gobierno.
Pero el día 13 de junio se cerca y los de Sánchez, que ni siquiera habrán celebrado para entonces su  Congreso, temen arriesgarse a ser tachados de radicales por los muchos susanistas que aún ocupan posiciones importantes en el Partido, por lo que no se atreverán a ir más allá de abstención, si el candidato es Iglesias, ni tampoco a lanzarse al vacío presentando en este momento una moción propia, aunque todo parece augurar que estarían de acuerdo en la necesidad de que se haga, porque existen motivos para ello, del todo suficientes.
Todo esto, que pudiera tener algún sentido si se  analizaran por separado las circunstancias que se dan en las entrañas de cada una de estas Formaciones políticas, pierde sin embargo toda coherencia, cuando se consideran  uno por uno los gravísimos acontecimientos que se están produciendo en la vida política española y que tienen, como todos sabemos, al PP como principal protagonista y a su dirigente, Mariano Rajoy, intentando hacer todo lo posible, por salvar la desastrosa imagen que su Partido está ofreciendo ante los ciudadanos, sin ahorrar en medios para conseguirlo.
Empecinado en continuar con su estrategia de que el tiempo todo lo cura y menospreciando  descaradamente la Moción de censura de Podemos, a la que ni siquiera piensa responder, según fuentes cercanas a Moncloa, Rajoy cuenta tristemente desde el principio, con que el estigma de la desunión que siempre ha caracterizado a la izquierda española le favorezca en este caso también y con que su siempre leal, Soraya Sáenz de Santamaría, salga de nuevo al ruedo sin red que la proteja, para quedar a merced del durísimo discurso que de seguro pronunciara Iglesias durante sus intervenciones, pues en  ocasiones como éstas, los españoles ya estamos acostumbrados a que  su Presidente se encuentre desaparecido.
Pero no estar, no significa en absoluto que los problemas que se discutan en la Moción no existan, ni tampoco que los ciudadanos vayamos a exculpar a Rajoy de la responsabilidad que le corresponde enteramente, pues ya el hecho de no querer comparecer, supone un inaceptable menosprecio hacia los cinco millones de electores de Podemos y también de todos aquellos ciudadanos que habiendo votado a otras Fuerzas , consideran como una obligación ineludible, que el Presidente dé la cara en el Parlamento cuántas veces sean necesarias, como último responsable que es, de cuánto ocurre en este país, bajo el mandato de su gobierno.
Así que lo ideal sería que antes del día 13, los Partidos de izquierdas fueran, por una vez y para que sirviera de precedente, capaces de arbitrar unas vías de entendimiento, por el bien de la población, que consiguiesen echar a Rajoy del poder, pues jamás hubo en España mayores motivos para garantizar el triunfo de una Moción de censura, que los que se dan en estos momentos.
Al fin y al cabo, garantizar el bienestar de los ciudadanos, atender a sus más urgentes necesidades y procurar que sean respetados hasta el último de todos sus derechos y libertades, es  la labor primordial para la que los electores contraten, por medio de sus votos, a los políticos y los asuntos internos que sacuden a los Partidos, las luchas domésticas por el poder y los forcejeos de los unos contra los otros, por tratar de obtener más representación en el Parlamento,  poco o nada interesan cuando lo que está en juego es el saqueo continuado de las arcas públicas,  la presunta  manipulación descarada de la justicia o la permanencia en vigor de leyes lesivas, como la Reforma Laboral, la Wert, La mordaza, la permisividad con los desahucios o los interminables recortes en la Sanidad o la Educación públicas, que las están convirtiendo en una sombra de lo que fueron, por no hablar de la desaparición de las ayudas sociales de primera necesidad, como la dependencia, tan necesaria para cuidadores y enfermos.
Habría que pedir pues al PSOE y a su recién llegado Secretario General, a los nacionalistas catalanes y vascos,  a los movimientos que se integran en Podemos y en general, a todos aquellos que como la misma sociedad, contemplan a diario los gravísimos hechos que están sucediendo, que dejen de mirarse el ombligo y que apoyen sin condiciones la moción del día 13, como haríamos los ciudadanos si nos correspondiera a nosotros apretar el botón que pudiera hacer posible la salida de Rajoy del Gobierno.
Echar balones fuera, esgrimiendo argumentos que no vienen al caso, no puede sino demostrar que o no creían realmente en las afirmaciones que hacían sobre la conducta de Rajoy o que priman para ellos otros intereses, por encima del bienestar de los ciudadanos, lo que proporciona un retrato bastante exacto de los índices de fiabilidad  que acompañan a cada cuál, de cara a futuros comicios.
El momento es ahora y puede que si lo dejan pasar, se arrepientan durante toda la vida.


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