lunes, 8 de mayo de 2017

La incógnita Macron


Votan los franceses desencantados por la actuación de los Partidos tradicionales, decidiéndose por el mal menor, pues entre las opciones que quedaron para esta segunda vuelta en las elecciones, o se abría la puerta a una nueva entrada del fascismo en Europa, encabezado por Marine Le Penn, o se corría el riesgo de apostar por esta incógnita que representa Macron y que hoy por hoy, no es más que un riesgo imposible de calcular, pues nadie sabe cuáles son las intenciones que trae el que será el nuevo Presidente de la República francesa, del que no se conoce nada más que el hecho de haber protagonizado una carrera fulminante en un solo año, aunque se puede calcular fácilmente, que simboliza la continuación de las políticas de recortes europeas.
Haciendo un  símil con lo que ocurre en nuestro país, se diría que Macron podría ser considerado como el Albert Rivera francés y que su triunfo se debe únicamente a dos causas fundamentales que no pueden obviarse en el momento de crisis que atravesamos y que son, en primer lugar, la clarísima decadencia de la Socialdemocracia en nuestro Continente y en segundo lugar, el pavor que representa para la sociedad en general que personajes como La Penn, puedan hacerse con el poder, sirviendo de ejemplo a otras naciones en un futuro cercano, consiguiendo destruir la Comunidad e instalando entre nosotros regímenes de derecha radical, muy lejanos del pensamiento de las mayorías.
El hecho de que todos los grandes lideres europeos hayan recomendado encarecidamente el voto a Macron, ya denota que cuentan de antemano con su sumisión y su apoyo en las líneas marcadas para este futuro ciertamente desesperanzador que se nos viene encima y la pérdida paulatina de credibilidad que han sufrido los Partidos tradicionalmente votados en los países de alrededor, hace que al menos de momento, parezca imposible que puedan instalarse entre nosotros gobiernos de progreso, sobre todo después de la decepción que han supuesto dirigentes como Hollande, que en su momento creó una esperanza de que las cosas pudieran cambiar, derivando después, como ha pasado con el PSOE español, hacia una inaceptable ideología de derechas que ha terminado por dar al traste con sus más elementales principios ideológicos.
Es por eso, que no somos capaces de alegrarnos del triunfo de Macron, aunque sí del fracaso de Le Penn, a la que considerábamos como un verdadero peligro, quizá porque las circunstancias en que se han celebrado estas votaciones y el camino que ha ido tomando la indignación de las clases trabajadoras en el país vecino, no permite hacer predicciones de lo que pueda suceder de ahora en adelante, con este recién llegado Presidente, que crea de por sí una desconfianza basada en sus propias reticencias para confesar cuál es su verdadera ideología, como debiera ser imprescindible, en cualquier político que se precie.
Con esta duda y con la pugna encarnizada que mantienen los candidatos a las primarias de un PSOE, hecho añicos ante la vista de la sociedad y sin ningún pudor en demostrarlo descaradamente, abrimos una semana en la que la corrupción sigue atenazando más y más al PP, convirtiendo en insostenible su permanencia en el poder y en la que Podemos ha empezado a consultar a sus adscritos sobre si son o no partidarios de presentar la Moción  de Censura, que se da casi por segura, aunque sea en soledad, por los niveles de hartazgo que provocan nuestros gobernantes en la gente.
El ambiente, que empieza a calentarse y no sólo en este país plagado de contradicciones en el que vivimos, no puede resultar más interesante de relatar, para quién trata de mirar, con objetividad, las cosas que nos están sucediendo.
Al menos, hemos respirado con el fracaso de Le Penn. Alguna alegría teníamos que tener, aunque fuera pequeñita.


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