Se hace público que el Gobierno está empezando a contactar
con los familiares de todas las víctimas de ETA, con la intención de conocer
sus necesidades, para poder prestarles un apoyo institucional, que les ayude a
soportar la terrible carga que conlleva, la pérdida de sus seres queridos.
Esta iniciativa, que en principio parece loable, aunque llega
mucho tiempo después de que se haya producido el cese de la violencia,
constituye sin embargo, una ofensa imperdonable para los allegados a las
víctimas de otro tipo de terrorismo, como es el caso de las del 11M, a las que
se vuelve a considerar , una vez más, parte de una historia que el Partido Popular
nunca quiso aceptar, abandonándoles a su suerte, aunque la carga emocional que soportan sea idéntica a la que sufren los afectados
por la violencia etarra y su desesperación aún mayor, pues jamás se han visto
arropados por los gobiernos presididos por Mariano Rajoy, quizá porque su caso
se encuentra estrechamente ligada a la decisión de Áznar, de entrar en la
Guerra de Irak, junto a los que aparecen en la foto de Las Azores.
El agravio que se comete con estos familiares a los que nunca
se ha podido utilizar políticamente de la misma manera que a los de las
víctimas de ETA y que se atrevieron, por boca de Pilar Manjón, a afear hasta
las últimas consecuencias, la conducta de cierto número de Diputados en el
Parlamento, puede dar una idea aproximada del interés que despiertan los dramas
que sufren en nuestros gobernantes actuales, que no parecen dispuestos a
prestarles ningún tipo de socorro, quizá con la intención de que su triste
historia se olvide a la mayor celeridad, pues en cierta medida, ese recuerdo
daña gravemente sus intereses.
Si las familias de las víctimas de ETA están de acuerdo o no con que los acontecimientos se dispongan
de esta manera, seguramente nunca lo sabremos, pero suponemos que al ser, en
una gran cantidad de casos, mucho más afines a la ideología que defiende el PP,
preferirán incluso no mezclarse con estos afectados de los ataques a los trenes
en Madrid, aunque a la mayoría de los ciudadanos, esas víctimas nos toquen tan
de cerca.
Parece mentira que después de tantos años después de aquella
tragedia, el PP continúe guardando un rencor irreconciliable a todos los que
aceptaron como cierta la autoría de los hechos y siga defendiendo una
inaceptable teoría de conspiración, actuando, precisamente, en menoscabo de los
que perdieron a sus seres queridos allí, o sufrieron en carne propia los
efectos de las explosiones, sin haber podido recuperarse aún, de la
experiencia.
Ya sabemos que reconocer errores y aceptarlos como propios no
es en absoluto una virtud, en el caso de los populares, pero emplear los medios
de las Instituciones en favorecer un agravio comparativo que lesiona gravemente
los sentimientos de los afectados del 11
M, roza los límites de un cinismo atronador y demuestra fehacientemente que
estas víctimas siempre fueron y siguen siendo consideradas como de segunda fila,
en las prioridades de este Gobierno.
El dolor, que resulta ser universal y que iguala a las
personas que lo sufren, haciéndolas solidarias en la tragedia, no puede, ni
debe instrumentalizarse políticamente, convirtiéndolo en una vía fácil para
ganar adeptos o dicho de otra forma, votantes que ayuden a conseguir el poder,
a cambio de una compasión totalmente ficticia.
Exigir que se atienda de igual modo a todos los allegados a
las víctimas en general, sin distinguir sobre los autores que provocaron las
tragedias, ha de ser, para la oposición, si es que existe en este país, una
obligación inexorable, que alguien tendrá que afrontar alguna vez, en el
Parlamento.

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