martes, 2 de mayo de 2017

Ofensa imperdonable


Se hace público que el Gobierno está empezando a contactar con los familiares de todas las víctimas de ETA, con la intención de conocer sus necesidades, para poder prestarles un apoyo institucional, que les ayude a soportar la terrible carga que conlleva, la pérdida de sus seres queridos.
Esta iniciativa, que en principio parece loable, aunque llega mucho tiempo después de que se haya producido el cese de la violencia, constituye sin embargo, una ofensa imperdonable para los allegados a las víctimas de otro tipo de terrorismo, como es el caso de las del 11M, a las que se vuelve a considerar , una vez más, parte de una historia que el Partido Popular nunca quiso aceptar, abandonándoles a su suerte, aunque la carga  emocional que soportan  sea idéntica a la que sufren los afectados por la violencia etarra y su desesperación aún mayor, pues jamás se han visto arropados por los gobiernos presididos por Mariano Rajoy, quizá porque su caso se encuentra estrechamente ligada a la decisión de Áznar, de entrar en la Guerra de Irak, junto a los que aparecen en la foto de Las Azores.
El agravio que se comete con estos familiares a los que nunca se ha podido utilizar políticamente de la misma manera que a los de las víctimas de ETA y que se atrevieron, por boca de Pilar Manjón, a afear hasta las últimas consecuencias, la conducta de cierto número de Diputados en el Parlamento, puede dar una idea aproximada del interés que despiertan los dramas que sufren en nuestros gobernantes actuales, que no parecen dispuestos a prestarles ningún tipo de socorro, quizá con la intención de que su triste historia se olvide a la mayor celeridad, pues en cierta medida, ese recuerdo daña gravemente sus intereses.
Si las familias de las víctimas de ETA están de acuerdo  o no con que los acontecimientos se dispongan de esta manera, seguramente nunca lo sabremos, pero suponemos que al ser, en una gran cantidad de casos, mucho más afines a la ideología que defiende el PP, preferirán incluso no mezclarse con estos afectados de los ataques a los trenes en Madrid, aunque a la mayoría de los ciudadanos, esas víctimas nos toquen tan de cerca.
Parece mentira que después de tantos años después de aquella tragedia, el PP continúe guardando un rencor irreconciliable a todos los que aceptaron como cierta la autoría de los hechos y siga defendiendo una inaceptable teoría de conspiración, actuando, precisamente, en menoscabo de los que perdieron a sus seres queridos allí, o sufrieron en carne propia los efectos de las explosiones, sin haber podido recuperarse aún, de la experiencia.
Ya sabemos que reconocer errores y aceptarlos como propios no es en absoluto una virtud, en el caso de los populares, pero emplear los medios de las Instituciones en favorecer un agravio comparativo que lesiona gravemente los sentimientos de los afectados del  11 M, roza los límites de un cinismo atronador y demuestra fehacientemente que estas víctimas siempre fueron y siguen siendo consideradas como de segunda fila, en las prioridades de este Gobierno.
El dolor, que resulta ser universal y que iguala a las personas que lo sufren, haciéndolas solidarias en la tragedia, no puede, ni debe instrumentalizarse políticamente, convirtiéndolo en una vía fácil para ganar adeptos o dicho de otra forma, votantes que ayuden a conseguir el poder, a cambio de una compasión totalmente ficticia.
Exigir que se atienda de igual modo a todos los allegados a las víctimas en general, sin distinguir sobre los autores que provocaron las tragedias, ha de ser, para la oposición, si es que existe en este país, una obligación inexorable, que alguien tendrá que afrontar alguna vez, en el Parlamento.



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