La
expectativas levantadas por el debate celebrado entre los candidatos a las
primarias del PSOE se han visto seriamente mermadas en cuanto han empezado las
intervenciones de los participantes en el evento, celebrado en Ferraz, quedando
bastante claro que a pesar de que la iniciativa estaba, supuestamente,
destinada a que Díaz, Sánchez y López, presentaran por separado las que serían
sus propias iniciativas para dirigir el Partido, la lucha real ha parecido
estar organizada en dos bloques perfectamente alineados en contra del que fuera
su Secretario General, hasta el pasado año y que se ha visto absolutamente
sobrepasado por una situación que quizá no esperaba, al menos por parte del
vasco.
Reclamando
una imposible unidad, hasta el presente día, Susana Díaz, revestida de la soberbia
que le da el hecho de ser apoyada por la inmensa mayoría de los pesos pesados
de la Formación que pretende dirigir, no ha tenido ningún problema en bañar su
discurso en una aparente solemnidad, despreciando hábilmente las posturas
defendidas por Sánchez desde que fuera apeado violentamente de su cargo,
llegando a tildarle de ser el único problema con que se enfrenta en la
actualidad el PSOE y por supuesto, de la
desunión que se viene manifestando desde que la Gestora se hiciera cargo de la
dirección del Partido, llegando incluso, a reconocer tácitamente, su
participación personal en aquellos hechos de infausto recuerdo.
Convencida
de su elección, metida de lleno en su papel de salvadora y sin tener hacia
López, más que buenas palabras de aliento, centrar su intervención en tratar de
convencer a sus militantes de que el futuro del socialismo sólo será posible,
si se pone en sus manos, Díaz no ha ahorrado esfuerzos en poner como ejemplo,
una y otra vez, sus supuestos logros, a cargo de la Junta de Andalucía, ni en
pavonearse de haber triunfado en todas las elecciones a las que se ha
presentado, aunque en las últimas haya necesitado el apoyo de Ciudadanos para
hacerse con el poder, después de tres intentos.
A Sánchez, que ha desaprovechado la ocasión que se le brindaba, en fallidos
intentos de demostrar la más que evidente derechización del Partido, le ha
faltado cohesión en los argumentos y sobre todo, la contundencia necesaria para
enfrentarse con sobradas razones, a la que es sin duda, no sólo su principal
enemiga a título personal, sino también de la propia ideología que debe
caracterizar al socialismo, si pretende conservar una identidad que se ha ido
desdibujando en los últimos tiempos, hasta confundirse en el panorama político
español, con la propia derecha.
Con
breves referencias a la abstención,
aunque sin atreverse a culpar directamente a su adversaria de haber sido la
artífice principal de haber otorgado con ella el poder a Rajoy, un Pedro
Sánchez absolutamente acorralado por sus dos oponentes y visiblemente nervioso
por la situación que se estaba produciendo, ni ha dado la talla, ni ha sabido
redirigir el debate hacia su terreno, conformándose sólo con hacer guiños a una
militancia, seguramente hoy defraudada por la actuación del que consideran su
líder.
Curiosamente,
ha sido Paxi López el indiscutible ganador del debate, probablemente, porque su
brega en el País Vasco en tiempos de dificultad extrema le ha proporcionado los
mecanismos necesarios para desenvolverse con soltura en todo tipo de
situaciones y aunque se ha notado mucha más animadversión por su parte hacía
Sánchez que hacia Susana Díaz, ha sido el único en comprometerse a llevar a
cabo ciertas medidas muy interesantes,
en el orden interno del Partido, como la supresión de avales para poder ser candidato a las primarias o que la
militancia pueda presentar una moción de censura, si la gestión del Secretario
General elegido no le satisface, poniendo sólo en sus manos, la posibilidad de
apearle del cargo, sin que el Comité Federal intervenga.
Centrado
únicamente en tratar reconducir la desunión actual, la contundencia de sus
argumentos y el aplomo con que los ha expuesto, ante la mirada atónita de sus oponentes, podría
suponer para López un inesperado apoyo de la militancia con el que nadie a
priori contaba y que puede dar una de esas sorpresas que ya se produjeron en
elecciones anteriores en este Partido, pues mucha de su gente debe estar harta
de tanto enfrentamiento.
Habrá que esperar al fin de semana para conocer los
resultados definitivos de este crudísima guerra y gane quien gane, ya les digo
yo, que no le será fácil poner en pie cualquier tipo de proyecto.
Lo
importante, es que la gente pueda elegir con total libertad y eso, parece estar
asegurado, si el voto es secreto.

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