miércoles, 24 de mayo de 2017

Una convivencia imposible



Mandan  las normas, que Pedro  Sánchez tenga que convivir con la Gestora que lo sustituyó tras su defenestración, durante  un mes y que no pueda ejercer sus funciones como Secretario General del PSOE, hasta después de la celebración del Congreso en que se le proclame oficialmente como tal y que se presume  será bastante movido, pues las gravísimas heridas abiertas no parecen haberse cerrado, al menos por parte de los perdedores, que tratarán por todos los medios de colocar al mayor número posible de su gente en la próxima Ejecutiva Federal, para contrarrestar la imparable fuerza que parece acompañar a los de Sánchez, en estos momentos.
Esto se parece bastante a obligar a un condenado a muerte a compartir celda con su verdugo y no puede, sino generar nuevos enfrentamientos entre dos bandos perfectamente delimitados en este Partido, en lugar de propiciar la concordia que sería necesaria para salir airosos de los tiempos difíciles que se han vivido durante varios años y que  han derivado en una confirmación aplastante de Pedro Sánchez, por parte de una militancia harta de soportar la manera tiránica de gobernar, de los barones afines a Susana Díaz, que pensaban ganar esta batalla, prácticamente sin mojarse las manos, pero que la han perdido, viendo a la vez amenazado su futuro en la Formación, en un corto espacio de tiempo.
No sabemos si Pedro Sánchez está realmente dispuesto a perdonar las múltiples y variadas traiciones que recibió, de parte de sus declarados oponentes, pero parece, por lo ya anticipado en sus discursos de campaña, que en su propuesta de cambio no pueden tener cabida estos recalcitrantes personajes, que han sido, y así hay que decirlo, los  principales culpables de la paulatina derechización que ha sufrido el PSOE y por supuesto, de la abstención en la investidura de Rajoy como Presidente  y de algunos acuerdos tácitos alcanzados con él después y que han provocado la indignación de toda la izquierda parlamentaria.
Así, que tener que cohabitar a diario con los mismos que fueron artífices de su anterior caída, no debe ser plato de gusto para el equipo de Sánchez, ni para él mismo, pues al menos, ha de quedarles como recuerdo de aquello que pasó, un regusto amargo que sin duda provocará una desconfianza hacia los miembros de La Gestora,  imposible de superar y que seguramente durará en ellos para siempre.
Tampoco será fácil para Fernández y los suyos asumir la rotundidad de su fracaso, ni  ponerse a las órdenes de este Secretario General renacido de sus propias cenizas, que les ha ganado por la mano y con insultante amplitud, un terreno que creían dominar hasta el punto de haber estado tomando decisiones de suma importancia, incluso al margen del Parlamento.
Los primeros roces ya se evidenciaban ayer y se podría asegurar, sin temor a equivocarse que no serán los últimos, hasta que llegue el ansiado Congreso. Los Barones ya han iniciado algunos movimientos en sus feudos, como por ejemplo, intentar adelantar la celebración del Congreso andaluz por temor a que le salga algún competidor de importancia a Susana, proveniente del sector sanchista.
Así que a Pedro le convendría no perder de vista lo que ocurra a su alrededor e incorporarse cuanto antes a las labores propias de su cargo, poniendo sobre la mesa con contundencia, toda la autoridad que le han otorgado sus militantes y que le convierte, esta vez sí, en la cabeza visible de su partido, para evitar nuevas y nefastas injerencias.
Es verdad que resulta imprescindible mirar al futuro para tratar de recomponer este PSOE hecho añicos, que Sánchez recoge gustosamente, pero en este caso, como en otros muchos, sería un error olvidar la historia pasada, no sea que algunos alberguen la esperanza de poder repetirla.


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