jueves, 1 de junio de 2017

Del todo insuficiente


 Dimite el Fiscal Moix, alegando ante su superior “motivos personales” para tomar esta decisión irrevocable, en contra de la opinión de Maza, que aún se atreve a defender delante de los medios la legalidad de la sociedad panameña que ha sido la gota que ha colmado el vaso de las presuntas irregularidades cometidas por este señor, durante su corto mandato y que apuntan a que ha estado ejerciendo una clarísima oposición  a que sus compañeros continuaran investigando casos de corrupción directamente relacionados con miembros del PP, intentando por todos los medios que fueran sobreseídos o abandonados, a pesar de que existían pruebas fehacientes   para imputar y encarcelar a un buen número de ellos, como  después ha quedado  demostrado, por ejemplo, con el asunto de Ignacio González.
Poca o ninguna importancia parecen dar a esta situación ni Maza, ni el propio Ministro, que han debido pensar que con la dimisión de Moix, se terminaban todos sus problemas, pero la gravedad que suponen estas inaceptables injerencias de los políticos en los asuntos judiciales, han de acarrear necesariamente un estricto cumplimiento de responsabilidades que nadie parece estar dispuesto a aceptar, a pesar de que por los cargos que ocupan, Maza y Catalá, corresponden a ellos, prioritariamente.
Ningún Partido de la oposición, ni siquiera Ciudadanos,  ha quedado hoy conforme con que el tema quede zanjado con la marcha del dimisionario y todos, como si se hubieran puesto, por una vez, de acuerdo, han pedido en sus comparecencias el cese inmediato del Fiscal General del Estado y del Ministro, a la mayor brevedad posible.
Evidentemente y cómo ya decíamos ayer, muy negra se tendría que poner la situación para que Rajoy accediese a tales peticiones, pero ya les adelanto que este tema  va a estar muy presente en los discursos de la Moción de censura, pues la situación que se está produciendo resulta ser del todo insostenible en cualquier Estado de derecho, como han dejado claro los fiscales en general, al denunciar reiteradamente, las presiones de que son objeto.
Que Moix se haya estado zafando del pago de los impuestos correspondientes a la mansión heredada de su padre en la sierra de Madrid, conservándola como perteneciente a la empresa off shore de Panamá, de la que posee un 25%, es sólo una pequeña parte del auténtico problema y aunque resulta vergonzoso y nada ético cuando se relaciona con un Fiscal anticorrupción, mucho más grave e inaceptable es que desde el Gobierno de la nación se intente, presuntamente, una manipulación real del sistema judicial, de la que sólo gracias a la prensa y a la valentía de unos cuántos fiscales decentes nos hemos enterado, porque de otro modo, hubiera pasado para nosotros, totalmente desapercibida.
Ahora que Rajoy tiene que declarar como testigo presencial en la sala del  caso Gurtel y que ello le obliga por ley a decir verdad, si no quiere incurrir en perjurio, el cerco que el mundo judicial está empezando a tejer en torno a las actitudes que demuestran los populares, cuando se trata de proteger a los suyos, le coloca, como último responsable de lo que ocurre en su Partido, en una diana de la que le va a ser prácticamente imposible huir, si no se deshace hábilmente del lastre que representan en estos momentos, Maza y su Ministro de Justicia.
La probabilidad de que la oposición deje pasar lo que está ocurriendo, sinceramente, es nula y la estrategia de dejar correr el tiempo para que todo se olvide, demasiado manida, por lo que con toda probabilidad habrá de ser duramente contrarrestada por los oponentes políticos del PP, que seguro de antemano, la esperan.
Porque dejar pasar la ocasión, tolerar que continúen sucediendo hechos de esta índole y no exigir que se cese los responsables con urgencia,  sugeriría ciertos tintes de complicidad y un apoyo tácito a que no exista una separación real de poderes, en este país nuestro.
Mudo, como suele ser su costumbre, el Presidente ya ni siquiera permite que se le acerquen los periodistas y les mantiene, lo hemos visto hoy, a una distancia de diez metros, negándose a responder a ninguna de sus preguntas.

Tampoco, como le ocurre con Iglesias, quiere enfrentarse a ellos y estamos seguros de que si pudiera desaparecer por arte de magia, dejando todos los  temas espinosos en manos de Soraya Sáenz de Santamaría, lo haría sin dudarlo. No se comprende cómo ella lo soporta.

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