jueves, 15 de junio de 2017

Vientos de alegría


Con los ecos de la Moción  de censura resonando aún en los medios de comunicación y los comentarios de todos los participantes en ella dirigidos   directamente a captar la atención de la ciudadanía, sale Francisco Granados de la cárcel, en la que ha permanecido durante  treinta y dos meses, como preso preventivo, por el caso Púnica, abriendo un nuevo frente  dirigido a otros antiguos responsables de la Comunidad de Madrid, como Esperanza Aguirre, Ignacio González y también, la propia Cristina Cifuentes.
Presumiendo de inocencia y concediendo desde el primer momento entrevistas por doquier, se lamenta Granados de haber sido injustamente imputado por la justicia, incidiendo en que los hechos han ocurrido así, porque, a su parecer, fue elegido  para dar importancia a un asunto de poca monta, que en realidad no la tiene, fundamentalmente por el cargo que hasta entonces ocupaba en el PP y no por las incontables pruebas que contra él se han ido encontrando, incluido el millón del altillo, durante estos últimos tiempos.
Sin ningún deterioro físico y con ese punto chulesco que siempre le caracterizó, intacto, al menos aparentemente, Granados, que por cierto no ha sido juzgado aún, ha dado la impresión de estar enviando un mensaje  directo a los que fueran sus antiguos compañeros, quizá en base de lo que sabe y aún no se ha decidido a decir, pero que se podría tomar como una llamada de atención, digna de ser tenida en cuenta.
Casi al mismo tiempo, Mariano Rajoy se reunía con sus principales asesores, para analizar el resultado de la Moción de censura, que no debe haberle parecido tan magnífico como presumen los suyos, a juzgar por la urgencia y Pedro Sánchez, hablaba ya con Pablo Iglesias, inaugurando quizá una nueva etapa en su relación, que puede que se consolide tras la celebración del Congreso socialista.
De momento, parece que ha ofrecido el cargo de Presidenta del Partido a Cristina Narbona, y un puesto en su nueva ejecutiva a Patxi López y, sorpréndanse, a Fernández Vara, que ahora nos hemos enterado que se apresuró a felicitarle por su victoria, la misma noche en que ganó las elecciones, intentando protagonizar un intento de integración de sus oponentes, aunque mucho dudamos que pueda ofrecer absolutamente nada a  Susana Díaz, a la que seguramente debe considerar como principal instigadora del golpe que le derrocó el pasado Octubre.
Muy interesante me ha parecido el cometido encargado a López,  como responsable de los asuntos territoriales, a nivel nacional, pues el vasco ha de tener necesariamente una sensibilidad especial al conocer perfectamente la realidad de Euskadi, que puede resultar muy valiosa en la gestión del conflicto catalán, de cara a un futuro no muy lejano.
También Narbona  puede aportar un talante distinto desde la Presidencia del Partido, pues aunque por edad pertenece a la vieja escuela, siempre fue considerada como una mujer rompedora y cabal, sobre todo en asuntos relativos a cuestiones ecológicas, por las que lleva luchando desde hace tiempo.
Parece pues, que se abre un tiempo nuevo en el  ámbito de la política nacional, que pone un punto de ilusión renovada  en una población, hastiada del tedioso discurso de un PP, demasiado preocupado por zafarse como va pudiendo de los casos de corrupción que diariamente le van acorralando y muy poco  de arreglar, de verdad, los auténticos problemas que preocupan a la Sociedad y que son cada vez más acuciantes.
Satisfechos los de Podemos, por haber conseguido de nuevo revolucionar el cotarro político y seguros de que habrá, en breve, motivos suficientes para volver a hacerlo, no pueden ocultar el gozo que produce el haber cumplido con su deber y el hecho de haber perdido la Moción, de la manera en que ha ocurrido, puede ser interpretado como que la elección del camino ha sido buena y que deben continuar en esa línea.
No voy a pararme en el comentario machista de Hernando, sobre Irene Montero.  Este señor, no merece ni un solo minuto de nuestro tiempo y ya se  califica él solo, cada vez que abre la boca, como todos sabemos.
Soplan vientos de alegría, que alejan la calma oscura en la que estábamos viviendo. A ver si desplegamos las velas y conseguimos, por fin, llegar a buen puerto.


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