Con los ecos de la Moción
de censura resonando aún en los medios de comunicación y los comentarios
de todos los participantes en ella dirigidos
directamente a captar la atención de la ciudadanía, sale Francisco
Granados de la cárcel, en la que ha permanecido durante treinta y dos meses, como preso preventivo,
por el caso Púnica, abriendo un nuevo frente dirigido a otros antiguos responsables de la
Comunidad de Madrid, como Esperanza Aguirre, Ignacio González y también, la
propia Cristina Cifuentes.
Presumiendo de inocencia y concediendo desde el primer
momento entrevistas por doquier, se lamenta Granados de haber sido injustamente
imputado por la justicia, incidiendo en que los hechos han ocurrido así,
porque, a su parecer, fue elegido para
dar importancia a un asunto de poca monta, que en realidad no la tiene,
fundamentalmente por el cargo que hasta entonces ocupaba en el PP y no por las
incontables pruebas que contra él se han ido encontrando, incluido el millón
del altillo, durante estos últimos tiempos.
Sin ningún deterioro físico y con ese punto chulesco que
siempre le caracterizó, intacto, al menos aparentemente, Granados, que por
cierto no ha sido juzgado aún, ha dado la impresión de estar enviando un mensaje
directo a los que fueran sus antiguos
compañeros, quizá en base de lo que sabe y aún no se ha decidido a decir, pero
que se podría tomar como una llamada de atención, digna de ser tenida en
cuenta.
Casi al mismo tiempo, Mariano Rajoy se reunía con sus
principales asesores, para analizar el resultado de la Moción de censura, que
no debe haberle parecido tan magnífico como presumen los suyos, a juzgar por la
urgencia y Pedro Sánchez, hablaba ya con Pablo Iglesias, inaugurando quizá una
nueva etapa en su relación, que puede que se consolide tras la celebración del
Congreso socialista.
De momento, parece que ha ofrecido el cargo de Presidenta del
Partido a Cristina Narbona, y un puesto en su nueva ejecutiva a Patxi López y,
sorpréndanse, a Fernández Vara, que ahora nos hemos enterado que se apresuró a
felicitarle por su victoria, la misma noche en que ganó las elecciones,
intentando protagonizar un intento de integración de sus oponentes, aunque
mucho dudamos que pueda ofrecer absolutamente nada a Susana Díaz, a la que seguramente debe
considerar como principal instigadora del golpe que le derrocó el pasado
Octubre.
Muy interesante me ha parecido el cometido encargado a
López, como responsable de los asuntos
territoriales, a nivel nacional, pues el vasco ha de tener necesariamente una
sensibilidad especial al conocer perfectamente la realidad de Euskadi, que
puede resultar muy valiosa en la gestión del conflicto catalán, de cara a un
futuro no muy lejano.
También Narbona puede
aportar un talante distinto desde la Presidencia del Partido, pues aunque por
edad pertenece a la vieja escuela, siempre fue considerada como una mujer
rompedora y cabal, sobre todo en asuntos relativos a cuestiones ecológicas, por
las que lleva luchando desde hace tiempo.
Parece pues, que se abre un tiempo nuevo en el ámbito de la política nacional, que pone un
punto de ilusión renovada en una
población, hastiada del tedioso discurso de un PP, demasiado preocupado por
zafarse como va pudiendo de los casos de corrupción que diariamente le van
acorralando y muy poco de arreglar, de
verdad, los auténticos problemas que preocupan a la Sociedad y que son cada vez
más acuciantes.
Satisfechos los de Podemos, por haber conseguido de nuevo
revolucionar el cotarro político y seguros de que habrá, en breve, motivos
suficientes para volver a hacerlo, no pueden ocultar el gozo que produce el
haber cumplido con su deber y el hecho de haber perdido la Moción, de la manera
en que ha ocurrido, puede ser interpretado como que la elección del camino ha
sido buena y que deben continuar en esa línea.
No voy a pararme en el comentario machista de Hernando, sobre
Irene Montero. Este señor, no merece ni
un solo minuto de nuestro tiempo y ya se
califica él solo, cada vez que abre la boca, como todos sabemos.
Soplan vientos de alegría, que alejan la calma oscura en la
que estábamos viviendo. A ver si desplegamos las velas y conseguimos, por fin,
llegar a buen puerto.

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