El tórrido comienzo de un verano, que los expertos auguran
casi como insufrible en algunas zonas del país, a causa de un cambio climático
que muchos aún se atreven a negar, parece afectar también a la temperatura de
la vida política y promete ser seguramente muy interesante, por los cambios que
podrían producirse, si finalmente se logran cierto tipo de acuerdos entre los
Partidos considerados, a prior,i de izquierdas, que hasta ahora se han negado,
por razones diversas, la posibilidad de una necesaria unidad, que apacigüe las
ínfulas que sostienen en el poder al férreo bloque de derechas, formado por PP
y Ciudadanos.
Tras una larga etapa de aparentes desacuerdos y digo
aparentes, porque las circunstancias ambientales dificultaron en el pasado,
cualquier atisbo de entendimiento, Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, se reúnen el
próximo Martes, ya con la crisis del
PSOE resuelta, para procurar aunar criterios que por ideología debían ser
parejos, en cuestiones que afectan fundamentalmente a los derechos sociales y
laborales que se han ido perdiendo a lo largo de los años de mandato de los
populares y también, cómo no, de los gravísimos casos de corrupción que se
ciernen en torno a los conservadores y que en cualquier otro país, hubieran
provocado hace tiempo, la dimisión del Gobierno en pleno.
Intentando dejar atrás, de una vez, los hechos que dieron
lugar a la investidura de Rajoy como Presidente y evitando recurrir al manido
argumento de culpabilizar al contrario de los mil y un errores cometidos,
llegan estos dos pesos pesados de la política española a esta esperadísima
reunión, con una ilusión supuestamente crecida a causa de la inesperada
victoria de los sanchistas, sobre los dinosaurios de la vieja guardia, que
permite albergar ciertas esperanzas de que las cosas, ahora sí, pueden
funcionar, en parte también, porque la
moderación en el discurso de la Moción
de Censura que protagonizó Pablo Iglesias, hace
factible el acercamiento.
Mucho parecen temer los populares que tal cosa llegue a suceder, pues andan
sumidos en una campaña acelerada de propaganda negativa en la que ya se da como
cierta la existencia de dos Podemos, uno rojo y otro azul, en alusión al
intento de Sánchez de abandonar la línea de derechización que tanto daño ha
hecho al PSOE, pero que a los de Rajoy ha favorecido considerablemente.
No puede gustarle a nuestro señor Presidente la perspectiva
de quedarse en minoría, apoyado únicamente por sus leales socios de Ciudadanos
y mucho menos, si ya intuye que es posible una mayoría de progreso que incluya
también a sus enemigos nacionalistas y que a la vez, eche por tierra ese
recalcitrante empecinamiento en resolver el problema catalán sólo por vía judicial, que tantos dolores de cabeza,
nos está trayendo.
Tampoco a Rivera parece agradarle en absoluto esta
posibilidad en la que su Partido perdería todo protagonismo, pues ya se había
acostumbrado este líder, modelo de máxima ambición, a ser el socio
imprescindible con el que todos debían contar, si querían hacerse con el poder
y que tantas líneas le ha regalado en las páginas de la prensa, a lo largo de
estos pocos meses, potenciando una sobrevaloración de su ego.
Todo, evidentemente,
está en el aire, hasta que no se produzca el encuentro, pero la inquietud que
ha empezado ya a generarse entre los conservadores y el hecho de que hayan
surgido los primeros rumores de que
Rajoy pudiera convocar nuevas elecciones, proporciona un balón de oxígeno a la
izquierda, indicándole, con meridiana claridad, que el camino escogido es el
correcto y que es el único por el que se podría conseguir, con holgura, echar a
Rajoy del Gobierno.
Dice Margarita Robles, que una nueva Moción de Censura, no
entra en la hoja de ruta del PSOE, de momento.
Tal vez, no haga ninguna falta, porque si Rajoy se ve
obligado a ir a un nuevo proceso electoral, los sanchistas saldrían reforzados
numéricamente en el Parlamento y tal vez, hasta se podría conseguir una subida
considerable en escaños que asentara más firmemente los cimientos de los
acuerdos, pero esto es una suposición y ahora toca abordar el presente con
decisión, para que la esperanza no se escape otra vez por la puerta.

No hay comentarios:
Publicar un comentario