domingo, 4 de junio de 2017

Noche de tinieblas


 Mientras se celebraba el partido entre el Real Madrid y la Juventus, en Cardiff, una furgoneta ocupada por tres individuos  irrumpía a toda velocidad en el Puente de Londres, atropellando a una veintena de personas  que paseaban a esa hora de la noche por el centro de la Ciudad, para apearse después e ir apuñalando a los transeúntes que encontraban en su camino hacia el Boroug  Market,  dónde también sembraron el pánico entre la gente que tomaba algo mientras veía el partido.
Un poco más tarde, en Turín, una amenaza falsa de bomba provocaba una estampida que se saldó con cuatrocientos heridos, convirtiendo en una pesadilla la que podría haber sido una noche tranquila de fútbol.
Los terroristas, que consiguieron escapar, portaban además unos chalecos aparentemente cargados de explosivos que parece ser que eran falsos, pero cuya visión multiplicó por mil el pánico que sembraron en la gente que se cruzaron con ellos y que temieron que en cualquier momento los detonaran, haciendo que todo saltara por los aires.
El atentado, que en sus formas recordaba a los perpetrados en Niza y en el mercado navideño de Berlín, no tiene visos sin embargo, de haber sido minuciosamente preparado y parece tratarse, más bien, de una acción improvisada por gente radicalizada a través de la red, que se atreve a poner en práctica una acción de estas características, en un momento en que  consideran que puede salir bien, aun sin contar  apenas con medios.
Los siete muertos y los 48 heridos de Londres,  podrían haberse cuadriplicado si los explosivos hubieran sido reales, por lo que la precipitación y la inexperiencia de los autores, en este caso, ha evitado una tragedia aún mayor, aunque este factor no sirva de consuelo, a los familiares de los fallecidos y heridos.
Una nueva noche de tinieblas, que viene a demostrar nuevamente y con toda su dureza, la vulnerabilidad de Europa y también que los sistemas de prevención contra atentados no están funcionando en absoluto, por lo que  habría que plantearse con urgencia una nueva estrategia que garantizara la seguridad de los ciudadanos, sobre todo en lugares de ocio, que parecen ser los preferidos por estos guerrilleros urbanos, fanatizados por las promesas de una vida mejor, aunque sea después de su propia muerte.
El crecimiento reiterado del racismo en Europa y el trato que se dispensa a los árabes actualmente en el mundo, no sólo no ayudan a su integración, sino que abren una profunda brecha entre los habitantes de oriente y occidente, retrotrayéndonos a los siglos en los que se disputaban las cruzadas, como si el mundo no hubiera sido capaz de avanzar, ni un ápice, en el terreno de estos sentimientos.
La pobreza, el hambre, la desesperación y el rechazo evidente, convierten al mundo árabe en un polvorín a punto de estallar, sin que hasta el momento hayamos querido encontrar un modo de acercamiento, que cure las heridas que permanecen abiertas, desde hace varios siglos.
Cada nuevo atentado, ha de abrir necesariamente en nosotros un periodo de reflexión, porque aunque son del todo imperdonables este tipo de acciones, saber qué lleva a determinadas personas a cometerlos, ha de ser una prioridad, si se quiere erradicar de verdad, el conflicto  entre civilizaciones.

Puede que todo tenga que ver con la reciprocidad del respeto.

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