Con actitud desafiante y un punto de chulería snob, que no ha
cuadrado con las primeras imágenes que de él tuvimos después de su detención,
Luis Bárcenas se ha enfrentado esta mañana a la Comisión de investigación sobre
la financiación ilegal del PP, adoptando
esa postura que algunos suelen elegir cuando se les hace una encuesta y bien
por no querer que se conozca su opinión sobre lo que se les pregunta o por mera
ignorancia, no se deciden por ninguna opción, quedando en un absurdo limbo que
suele aparecer en el grupo de los que no saben, no contestan.
Hablando con quién ha querido hablar y faltando a todas las
reglas de la educación, cuando a él se dirigía alguien a quién no quería
responder, Bárcenas ha cambiado absolutamente la estrategia seguida cuando
creía que se encontraba sólo, lejos del amparo del Partido Popular, por lo que
todo el mundo intuye que ha llegado a un acuerdo tácito por el cual se compra
de algún modo su silencio, volviendo al
redil que abandonó momentáneamente tras su expulsión de la Formación
conservadora, cuando amenazaba con tirar de una manta, que nunca llegó a
levantarse.
Pero el silencio de Bárcenas, por mucho que haya costado
conseguirlo, no borra las oscuras acciones que han venido ocurriendo en la sede
de Génova durante muchos, muchos años, ni destruye los famosos papeles que
aparecieron en toda la prensa nacional, en los que todos pudimos leer las
iníciales de los principales pesos
pesados del PP, incluido Rajoy, como perceptores de cantidades de dinero negro,
procedente de una caja B que guardaba las “donaciones” aportadas por
empresarios, a los que luego se concedían jugosos contratos relacionados con
las Instituciones públicas.
Dice Bárcenas, que él nunca se benefició personalmente de
tales emolumentos, aunque resulta ser de dominio público la existencia de esa
cuenta en Suiza en la que se encontraron
cincuenta millones de euros a su
nombre y que si no eran suyos, a alguien deben pertenecer, aunque quizá nunca
sepamos su nombre, ni por qué utilizaba a Luís Bárcenas como testaferro.
Atacado por los Partidos de la oposición, en mayor o menor
grado y manteniendo el tipo con cierta soberbia, el intercambio de opiniones
con el representante del PP, nos ha parecido, cuanto menos, curioso y en cierta
medida, ha delatado abiertamente un cambio radical en las relaciones entre
Bárcenas y el que fuera su antiguo Partido, por lo que parece evidente que a
partir de ahora, la actitud del ex tesorero va a ser la de devolver al PP el
buen nombre que él mismo puso en entredicho con sus afirmaciones pasadas y
sobre todo, que ya no hay esperanza en que aparezcan nuevas informaciones que
seguramente quedarán ocultas en cualquier recóndito lugar, para siempre.
Así que me temo que si no es por la perspicacia de los jueces
y su empeño en conocer la verdad, el PP seguirá disfrutando de esa impunidad
que le ha acompañado durante tanto tiempos, dejando a los ciudadanos la
espantosa sensación de que los políticos pueden delinquir todo lo que quieran a
través de la corrupción, sin que ninguno pague por ello.
De modo que de esta Comisión de investigación, uno no tiene
más remedio que quedarse con las impresiones personales que pueden sacarse, a
través de las actitudes que demuestran los personajes que intervienen en ella,
continuar haciendo cábalas sobre lo que verdaderamente ha ocurrido, en
perjuicio nuestro y no olvidar
nunca que de los delitos cometidos por
estos individuos, solos o en compañía de otros, ha dependido en gran manera, el
mal funcionamiento de unas Instituciones públicas, a las que se han esquilmado
los recursos con los que contaban para beneficio de la totalidad de los
ciudadanos.
Quizá por eso, es cada vez más urgente habilitar acuerdos que
posibiliten desalojar al PP del gobierno. La podredumbre que se intuye a su
alrededor y la desvergüenza de presentarse ante la sociedad como si nada
hubiera ocurrido, dan lugar a una situación excepcional y sobre todo, a que los
ciudadanos se vean obligados a convivir con un tipo de delincuencia que quizá
debiera ser considerada como traición, pues de sus consecuencias se deriva la
pobreza que soportamos los españoles.

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