Sólo unos días después de haber sido proclamado Secretario General
de su Partido, Pedro Sánchez se pone en contacto telefónico, primero con el
líder de Podemos y después con Albert Rivera, con la intención de arbitrar una
reunión en la que poder intentar un acuerdo que permita empujar a Mariano Rajoy
de la Presidencia del gobierno, acuerdo que tiene difícil, dada la conocida
distancia ideológica existente entre sus dos interlocutores, que ya han
manifestado por separado, su negativa a volver a reunirse, tras el fracaso
cosechado anteriormente y el posterior apoyo de Ciudadanos a la investidura de
Rajoy.
La profunda brecha que se abrió entre Iglesias y Rivera y que
ha ido aumentando de tamaño, cada vez que el Partido naranja ha refrendado con
sus votos algunas de las propuestas del PP, pilla a un Pedro Sánchez,
recuperado tras el batacazo sufrido en Octubre pasado, en medio de una tormenta
de opiniones y acciones absolutamente contradictorias y queda claro que será
él, como líder del principal Partido de la oposición, el que tendrá que decidir a quién le interesa
acercarse, ahora que ha conseguido librarse de las presiones ejercidas por los
barones y de ciertos sectores de influencia, pero teniendo en cuenta que la decisión
que se atreva a tomar, podría inclinar la balanza en un sentido u otro
radicalmente diferente y que de ello, dependerá el futuro de los españoles.
Mucho ha luchado Sánchez, o al menos eso ha manifestado en
reiteradas y retransmitidas ocasiones, por devolver a su Partido al entorno de
la izquierda política y todos, también
su militancia, habíamos creído entender en su mensaje, que entre sus
prioridades se encontraba, desalojar, a la mayor brevedad posible al PP de
Moncloa, procurando un acercamiento rápido y eficaz, con las Fuerzas
parlamentarias que compartiendo una gran parte de su pensamiento y abominando
de la nefasta realidad a la que nos están llevando los innumerables casos de
corrupción que hemos conocido, estuvieran dispuestas a alinearse a su lado,
para que tuviera otra oportunidad de ser proclamado Presidente.
Así que el empeño en
atraer a Rivera, que ha demostrado por activa y por pasiva su fidelidad a los
populares, incluso en determinados asuntos que resultaban en sí mismos,
vergonzosos, parece, por lo menos, desesperanzador y sólo se entiende, si se
parte de la base de que para Sánchez sería bastante comprometedor, tener que
contar numéricamente, con los nacionalistas.
Todos, la verdad, nos ilusionamos y mucho, cuando le oímos
mencionar la plurinacionalidad del país,
con total naturalidad, en la tribuna de su Congreso y también cuando vimos que
entre los votos a favor de la Moción de Censura presentada por Podemos y las
abstenciones de PSOE, vascos y catalanes, se superaban los obtenidos por el PP
y sus socios naranja, porque se abría una posibilidad real de apear del poder a
Rajoy, pero la mayoría de los diputados socialistas en el Congreso, a día de hoy, apoyaron abiertamente
a Susana Díaz y por tanto, Sánchez
continúa teniendo al enemigo en su propia casa, por lo que quizá no quiera
arriesgar el terreno ganado, provocando un nuevo enfrentamiento entre los partidarios de defender a muerte la
unidad territorial de España y los que estarían dispuestos a conceder la
celebración del Referendum catalán,
entre los que quizá se encuentre él mismo.
Pero en política,
tratar de nadar y guardar la ropa puede traer a veces inesperadas
consecuencias y hay momentos, en los que no queda otro remedio que empezar a
tomar partido, corriendo el riesgo de perder, pero dejando claras las
posiciones que uno defiende, pues por encima de las opiniones de los políticos,
ha de estar el bienestar de los ciudadanos, a los que no complacen nada estas
veleidades absurdas de ir cambiando de ideas, según soplen los vientos.
Nos guste o no, los nacionalistas catalanes y vascos
forman parte del Parlamento y sobre todo
de la realidad del país y sería un error olvidar la importancia que han tenido
y aún tienen y que no va a desaparecer por arte de magia, aunque los Partidos
mayoritarios se nieguen a aceptar su presencia o sólo estén dispuestos a
admitirla, cuando sus votos facilitan la aprobación de determinadas leyes, como
le ha ocurrido al PP, con el asunto de los presupuestos.
De manera, que habrá que empezar por escuchar lo que piden,
negociar, propiciar acercamientos que borren el infausto recuerdo de estos
últimos años, en que han sido constantemente demonizados por el Partido en el
gobierno y propiciar un restablecimiento de relaciones, que arbitre nuevas vías
de negociación, porque como todos sabemos, hablando se entiende la gente.
Así que el renacido Pedro Sánchez, haría muy bien en explorar
este abrupto camino que en principio le enemistaría con los miembros más
recalcitrantes de su Partido, pero que le permitiría a la vez, operar, sin
tener que contar para nada con la dudosa aprobación de Rivera y los suyos, para
iniciar una vuelta real a la lucha por el poder, dejando atrás errores que ya
en una ocasión le costaron perder la posibilidad de ser el Presidente de la
nación y de los que después, dijo, se arrepintió, aunque no lo confesara
abiertamente.
Sería bueno para todos, conceder a Rivera el papel para el
que sin duda está destinado su Partido y que no es otro, que el de sustituir al
PP, como principal fuerza de la derecha, pues el desgaste producido en los de
Rajoy por los casos de corrupción y otros asuntos de sobra conocidos por todos,
posibilitan absolutamente esta maniobra de sucesión, como ha ocurrido, por
ejemplo en Francia, con Macron, en un brevísimo espacio de tiempo.
Sánchez debe aprender esta lección y evitar incurrir en los
gravísimos fallos que han llevado a los Partidos socialistas europeos, al borde
del abismo.
Para ello, aquí y ahora, es imprescindible mantener los
principios ideológicos que se abandonaron en el pasado más reciente, redefinirse
como líder perteneciente a la izquierda y asociarse con Formaciones cuyo
pensamiento guarde cierta afinidad con el propio, sin permitir, en modo alguno,
otras injerencias.
Triunfar sin arriesgar, es hoy por hoy, del todo imposible.

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