jueves, 8 de junio de 2017

La incógnita Echeverría


Mientras se celebran las elecciones en el Reino Unido y Corbyn y May se baten en un duro duelo por imponerse el uno sobre el otro, las incógnitas que rodean a la muerte del español Ignacio Echeverría, que trató de defender a una mujer del ataque de los terroristas, permanecen abiertas, convirtiendo su identificación en un calvario para sus familiares,  que en España empieza a recordar a lo ocurrido con las víctimas del Yak 42, cuando las cosas empezaron a torcerse por la negativa de las autoridades a que los allegados pudieran ver los cadáveres que llegaron en ataúdes perfectamente sellados y que se entregaron, como supimos después, de un modo absolutamente arbitrario, produciendo el escándalo que todos, por desgracia, conocemos.
También en Londres, se ha negado durante varios días a la familia, conocer el paradero de Ignacio, alegando que los protocolos ingleses son en todos los casos así, llegando incluso a vetarle la entrada a los hospitales en los que se trataba de curar a los heridos, por si podían identificar   entre ellos a este muchacho, antes de conocerse que había muerto.
Por lo increíble que resulta que en una ciudad como Lóndres y siendo ocho los muertos, que nadie haya podido averiguar con más presteza la identidad del joven español, resulta bastante insólito lo que se ha tardado en asumir su fallecimiento y no es de extrañar que la gente haya empezado a preguntarse si se no se está ocultando información, fundamentalmente porque en este país ya se tiene la experiencia de que estando tan próximo un proceso electoral, ciertas noticias pueden afectar gravemente a los resultados que se obtengan y que cierta clase política sería capaz de cualquier cosa, con tal de que eso no ocurriera.
Verdad es que la familia ha aparecido esta mañana ante los medios, visiblemente emocionada porque quince minutos después iban a poder estar, al fin, ante el cadáver de su hijo y hermano y que el aura de  héroe anónimo que se ha tejido sobre la figura del español, en cierto modo, podría paliar la terrible noticia de su trágica muerte.
Pero no se puede olvidar que también a las víctimas del yak 42 se les rindió un improvisado homenaje a su llegada a suelo español y que sólo la sospecha de los familiares sobre el funcionamiento de los protocolos establecidos, hizo, después de muchos años de lucha, que pudiera llegarse a la verdad, por lo que quizá habría que aprender sinceramente de su experiencia y reclamar una segunda autopsia de Echeverría, en cuanto el cuerpo se encuentre en España.
La narración de lo que ha ocurrido con este joven español, no ha quedado en absoluto establecida y los medios han alertado de que esta mañana se había producido una fuerte discusión entre los familiares y el juez, que no parecía dispuesto a dar vía libre al traslado del cadáver, al menos hasta el sábado, a pesar de que las labores forenses han debido concluir y su condición de víctima impone acortar a sus seres queridos, el periodo de inmenso dolor que deben estar viviendo.
Puede que de verdad no ocurra nada  y esta víctima inocente del terror sea únicamente uno más de los que se dejaron la vida en las calles de Londres, a manos de un fanatismo incomprensible, pero el derecho de su familia y de los ciudadanos a conocer exactamente lo que ocurrió, resulta ser inalienable y por lo tanto, exigible a quiénes corresponda, sean españoles o ingleses.
Recopilando, la lentitud en la identificación, la negativa a la entrada de la familia en los hospitales y el inaceptable retraso en entregar el cuerpo, constituyen motivos suficientes para que el gobierno español exija a los británicos una explicación.

Y pasadas experiencias, nos dicen que debieran hacerlo.

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