Mientras
se celebran las elecciones en el Reino Unido y Corbyn y May se baten en un duro
duelo por imponerse el uno sobre el otro, las incógnitas que rodean a la muerte
del español Ignacio Echeverría, que trató de defender a una mujer del ataque de
los terroristas, permanecen abiertas, convirtiendo su identificación en un calvario
para sus familiares, que en España
empieza a recordar a lo ocurrido con las víctimas del Yak 42, cuando las cosas
empezaron a torcerse por la negativa de las autoridades a que los allegados
pudieran ver los cadáveres que llegaron en ataúdes perfectamente sellados y que
se entregaron, como supimos después, de un modo absolutamente arbitrario,
produciendo el escándalo que todos, por desgracia, conocemos.
También
en Londres, se ha negado durante varios días a la familia, conocer el paradero
de Ignacio, alegando que los protocolos ingleses son en todos los casos así,
llegando incluso a vetarle la entrada a los hospitales en los que se trataba de
curar a los heridos, por si podían identificar
entre ellos a este muchacho, antes de conocerse que había muerto.
Por
lo increíble que resulta que en una ciudad como Lóndres y siendo ocho los
muertos, que nadie haya podido averiguar con más presteza la identidad del
joven español, resulta bastante insólito lo que se ha tardado en asumir su
fallecimiento y no es de extrañar que la gente haya empezado a preguntarse si
se no se está ocultando información, fundamentalmente porque en este país ya se
tiene la experiencia de que estando tan próximo un proceso electoral, ciertas
noticias pueden afectar gravemente a los resultados que se obtengan y que
cierta clase política sería capaz de cualquier cosa, con tal de que eso no
ocurriera.
Verdad es que la familia ha aparecido esta mañana ante
los medios, visiblemente emocionada porque quince minutos después iban a poder
estar, al fin, ante el cadáver de su hijo y hermano y que el aura de héroe anónimo que se ha tejido sobre la
figura del español, en cierto modo, podría paliar la terrible noticia de su
trágica muerte.
Pero no se puede olvidar que también a las víctimas
del yak 42 se les rindió un improvisado homenaje a su llegada a suelo español y
que sólo la sospecha de los familiares sobre el funcionamiento de los
protocolos establecidos, hizo, después de muchos años de lucha, que pudiera
llegarse a la verdad, por lo que quizá habría que aprender sinceramente de su
experiencia y reclamar una segunda autopsia de Echeverría, en cuanto el cuerpo
se encuentre en España.
La narración de lo que ha ocurrido con este joven
español, no ha quedado en absoluto establecida y los medios han alertado de que
esta mañana se había producido una fuerte discusión entre los familiares y el
juez, que no parecía dispuesto a dar vía libre al traslado del cadáver, al
menos hasta el sábado, a pesar de que las labores forenses han debido concluir
y su condición de víctima impone acortar a sus seres queridos, el periodo de
inmenso dolor que deben estar viviendo.
Puede que de verdad no ocurra nada y esta víctima inocente del terror sea
únicamente uno más de los que se dejaron la vida en las calles de Londres, a
manos de un fanatismo incomprensible, pero el derecho de su familia y de los
ciudadanos a conocer exactamente lo que ocurrió, resulta ser inalienable y por
lo tanto, exigible a quiénes corresponda, sean españoles o ingleses.
Recopilando, la lentitud en la identificación, la
negativa a la entrada de la familia en los hospitales y el inaceptable retraso
en entregar el cuerpo, constituyen motivos suficientes para que el gobierno
español exija a los británicos una explicación.
Y pasadas experiencias, nos dicen que debieran
hacerlo.

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