Mientras termina la Celebración del Congreso del PSOE, que
consagra a Pedro Sánchez como líder indiscutible del mismo y que pronunciará su
discurso final con notables ausencias, como las de Felipe González, Zapatero y
por supuesto, Susana Díaz, la ola de calor sigue haciendo estragos en el país,
preludiando un verano que se augura, en todos los sentidos, muy ardiente.
La nueva ejecutiva del PSOE, en la que Sánchez ya ha
intentado colocar a gente de su absoluta confianza, para no caer en los mismos
errores del pasado, empieza a pronunciarse con timidez, sobre temas que a los antiguos barones provocarían un ataque de pánico y
parece tener claro que su sitio en el
panorama político español ha de estar necesariamente a la izquierda, dejando atrás
unos cuantos años en los que una descarada maniobra de derechización, había ido
desgarrando poco a poco, los principios del socialismo.
Avergonzados aún, por la abstención en la investidura de
Rajoy y envalentonados por la lección que las bases han ofrecido a sus
dirigentes, a través de sus votos, los Sanchistas inician un camino de
regeneración basado en una libertad de expresión y decisión, imposible hace
sólo unos meses, en el seno de su propio Partido y con la firme convicción de
que ahora es posible llegar a los acuerdos que entonces resultaron inviables,
por la oposición denodada de Susana Díaz y sus amigos de la vieja guardia, que
imponían un acercamiento al PP, del todo incomprensible.
El mero hecho de reconocer que España es un Estado multinacional ya supone un avance en
el comienzo de las negociaciones con Podemos y es un guiño tácito que se hace
al nacionalismo catalán, en pos de un entendimiento futuro, si finalmente se
lograra desalojar a Rajoy del poder y Sánchez intentase de nuevo, llegar a ser
Presidente del gobierno.
Una militancia enardecida, que ha visto con sus propios ojos
cómo se puede transformar la historia, si se propicia una unidad real, frente
al poder establecido, parece decidida a renovar los irrespirables aires que se
concentraban en los despachos del PSOE, dejando atrás el miedo y la
desesperación que provocaban las presiones continuas a que se sometía a la
gente y a recuperar la esencia de su ideología, capitaneados por un líder por
el que casi nadie apostaba ni un céntimo.
La rosa, ha revivido surgiendo de un puño que vuelve a
alzarse en alto en los mítines y asambleas, sin tener que avergonzarse por ello
y la izquierda española, se congratula de poder acoger nuevamente a quiénes
parecían haber decidido abandonar su histórico lugar ideológico, para acercar
posturas con la derecha.
Mañana, el futuro de este PSOE y de
su líder que han hecho del descaro y la rebeldía, un símbolo, en los últimos
tiempos, emprende un nuevo camino que para los ciudadanos pone un punto de
esperanza en que las cosas puedan cambiar por fin y que todos podamos
librarnos, limpiamente, de la oscura maldición del gobierno de la derecha.

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