No ha hecho falta más que fijarse en los rostros de Pedro
Sánchez y Pablo Iglesias, un poco antes
de que comenzase su encuentro, para comprender que se daban una serie de
circunstancias que lo diferenciaban notablemente del que se produjo hace unos
meses e incluso para atreverse a predecir que los resultados de esta reunión
que se celebraba hoy en el Congreso, podrían encaminar a la izquierda española
a una etapa nueva de unidad, que no parece gustar nada a la coalición de
derechas.
El lenguaje de los gestos que hemos percibido y que mostraba
a un Pedro Sánchez distendido, ahora que han quedado atrás las continúas
amenazas que recibiera en el pasado, por parte de sus propios compañeros, dejaba
entrever una especie de secreta satisfacción, que se hizo mucho más evidente
mientras posaba estrechando la mano del que iba a ser su interlocutor y cuya
sonrisa reflejaba también, el convencimiento personal de que parecía haber
llegado el ansiado momento de llegar a un acuerdo.
Ya nos hubiera gustado asistir a la reunión y haber podido
escuchar, de primera mano, las cosas que allí se han discutido, pero por las
declaraciones posteriores que ambos líderes han brindado a la prensa, se
entiende que la pasada acritud con que se trataron en aquel primer intento de
alcanzar un acuerdo, ha quedado enterrada en el ayer y que pronto podría
empezar una colaboración que ofrezca resultados bien distintos a los que Rajoy
y Rivera habían previsto, para el transcurso de esta legislatura.
Libre de la presión de los Barones y habiendo derrotado
ampliamente al sector de Susana Díaz, el lastre que ataba a Pedro Sánchez a la
derechización sufrida por el PSOE, ha desaparecido por completo y sólo queda
por salvar el escollo de las preferencias demostradas por los actuales
diputados socialistas, que sin embargo están obligados por sus estatutos, a
obedecer las líneas propuestas por sus dirigentes.
El nuevo Comité Federal y muy especialmente la recién elegida
Presidenta, Cristina Narbona, son, para tranquilidad de Sánchez, absolutamente partidarios de un
retorno a la izquierda y quizá por eso y también porque Iglesias viene
últimamente haciendo esfuerzos inconmensurables por moderar su lenguaje y su
gestualidad, el acuerdo, parece ser un hecho.
Esto al menos, debe haber pensado Rivera, tras oír las
declaraciones posteriores al encuentro y visiblemente contrariado, se ha
atrevido a poner directamente en duda la necesidad de escuchar a Sánchez,
recurriendo al manido argumento de que volver a incurrir en los mismos errores
del pasado, podría volver a llevarnos a un callejón sin salida, aunque obviando
el pequeño detalle de cuánto le molestaba haber perdido esta vez, todo el
protagonismo.
En el fondo, lo que quiere decir el líder de Ciudadanos es
que a su Formación le parecería una aberración el hecho de llegar a acuerdos
con Podemos, cosa que a priori, por cierto, parece muy natural, pues la
ideología demostrada por Rivera y los suyos dista mucho de parecerse en nada al
pensamiento de la izquierda y también porque sus intereses políticos discurren
por otros derroteros, mucho más cercanos a las propuestas del liberalismo
global, que a los supuestos ofertados por los Partidos de progreso.
Dudo mucho que su
encuentro con Sánchez pueda aportar
ningún tipo de novedad a lo tratado en la de hoy con Iglesias y que no
va a quedar otra opción que tantear a los nacionalistas catalanes y vascos si
se quiere conseguir apear a Rajoy del poder, en un breve espacio de tiempo.
Y nada tiene de malo intentarlo, porque explorar nuevas vías
de negociación y procurar al mismo tiempo desbloquear de una vez, el diálogo
con los independentistas que mientras ha gobernado Rajoy ha resultado ser
prácticamente nulo y sobre todo, brusco e inapropiado, no puede, sino aportar
ventajas a quiénes se atrevan a abordar el problema sin prejuicios iníciales y
también a un sector político cansado de ser continuamente denostado por el
gobierno de Rajoy, que no ha sido capaz de avanzar ni un ápice, en la
resolución del conflicto.
Así que sería deseable que los nacionalistas tuvieran a bien
aceptar como una proposición de paz, esta gestualidad que se ha evidenciado en
el encuentro de Sánchez e Iglesias, empezando a procurar que funcionen estas
ofertas tácitas que pueden leerse entre líneas, comprendiendo a la vez, que nada será posible mientras Mariano Rajoy
y sus socios continúen gobernando, por razones evidentes, que ellos, mejor que
nadie conocen, en estos momentos.
Por el contrario, Iglesias y Sánchez deben plantearse que un
nuevo fracaso en sus negociaciones acabaría de un plumazo con la esperanza que
han puesto la mayoría de los ciudadanos en sus manos, ofreciéndoles una segunda
oportunidad de oro, que raras veces se brinda y que nada puede haber, más
importante, que cumplir con la obligación de oponerse contundentemente al
transcurso que han tomado los acontecimientos en este país, que aunque siendo
multinacional, que dirían los socialistas, se siente en su totalidad, indignado
con las líneas seguidas por los populares, durante sus años de mandato.
Sólo nos queda, la ilusión de que pueda ser posible que
termine esta negra etapa de nuestra historia y poder mirar al futuro, con la
esperanza de vivirlo sin miedo, ni asperezas.

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