martes, 27 de junio de 2017

El lenguaje de los gestos


No ha hecho falta más que fijarse en los rostros de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias,  un poco antes de que comenzase su encuentro, para comprender que se daban una serie de circunstancias que lo diferenciaban notablemente del que se produjo hace unos meses e incluso para atreverse a predecir que los resultados de esta reunión que se celebraba hoy en el Congreso, podrían encaminar a la izquierda española a una etapa nueva de unidad, que no parece gustar nada a la coalición de derechas.
El lenguaje de los gestos que hemos percibido y que mostraba a un Pedro Sánchez distendido, ahora que han quedado atrás las continúas amenazas que recibiera en el pasado, por parte de sus propios compañeros, dejaba entrever una especie de secreta satisfacción, que se hizo mucho más evidente mientras posaba estrechando la mano del que iba a ser su interlocutor y cuya sonrisa reflejaba también, el convencimiento personal de que parecía haber llegado el ansiado momento de llegar a un acuerdo.
Ya nos hubiera gustado asistir a la reunión y haber podido escuchar, de primera mano, las cosas que allí se han discutido, pero por las declaraciones posteriores que ambos líderes han brindado a la prensa, se entiende que la pasada acritud con que se trataron en aquel primer intento de alcanzar un acuerdo, ha quedado enterrada en el ayer y que pronto podría empezar una colaboración que ofrezca resultados bien distintos a los que Rajoy y Rivera habían previsto, para el transcurso de esta legislatura.
Libre de la presión de los Barones y habiendo derrotado ampliamente al sector de Susana Díaz, el lastre que ataba a Pedro Sánchez a la derechización sufrida por el PSOE, ha desaparecido por completo y sólo queda por salvar el escollo de las preferencias demostradas por los actuales diputados socialistas, que sin embargo están obligados por sus estatutos, a obedecer las líneas propuestas por sus dirigentes.
El nuevo Comité Federal y muy especialmente la recién elegida Presidenta, Cristina Narbona, son, para tranquilidad  de Sánchez, absolutamente partidarios de un retorno a la izquierda y quizá por eso y también porque Iglesias viene últimamente haciendo esfuerzos inconmensurables por moderar su lenguaje y su gestualidad, el acuerdo, parece ser un hecho.
Esto al menos, debe haber pensado Rivera, tras oír las declaraciones posteriores al encuentro y visiblemente contrariado, se ha atrevido a poner directamente en duda la necesidad de escuchar a Sánchez, recurriendo al manido argumento de que volver a incurrir en los mismos errores del pasado, podría volver a llevarnos a un callejón sin salida, aunque obviando el pequeño detalle de cuánto le molestaba haber perdido esta vez, todo el protagonismo.
En el fondo, lo que quiere decir el líder de Ciudadanos es que a su Formación le parecería una aberración el hecho de llegar a acuerdos con Podemos, cosa que a priori, por cierto, parece muy natural, pues la ideología demostrada por Rivera y los suyos dista mucho de parecerse en nada al pensamiento de la izquierda y también porque sus intereses políticos discurren por otros derroteros, mucho más cercanos a las propuestas del liberalismo global, que a los supuestos ofertados por los Partidos de progreso.
 Dudo mucho que su encuentro con Sánchez pueda aportar  ningún tipo de novedad a lo tratado en la de hoy con Iglesias y que no va a quedar otra opción que tantear a los nacionalistas catalanes y vascos si se quiere conseguir apear a Rajoy del poder, en un breve espacio de tiempo.
Y nada tiene de malo intentarlo, porque explorar nuevas vías de negociación y procurar al mismo tiempo desbloquear de una vez, el diálogo con los independentistas que mientras ha gobernado Rajoy ha resultado ser prácticamente nulo y sobre todo, brusco e inapropiado, no puede, sino aportar ventajas a quiénes se atrevan a abordar el problema sin prejuicios iníciales y también a un sector político cansado de ser continuamente denostado por el gobierno de Rajoy, que no ha sido capaz de avanzar ni un ápice, en la resolución del conflicto.
Así que sería deseable que los nacionalistas tuvieran a bien aceptar como una proposición de paz, esta gestualidad que se ha evidenciado en el encuentro de Sánchez e Iglesias, empezando a procurar que funcionen estas ofertas tácitas que pueden leerse entre líneas, comprendiendo a la vez,  que nada será posible mientras Mariano Rajoy y sus socios continúen gobernando, por razones evidentes, que ellos, mejor que nadie conocen, en estos momentos.
Por el contrario, Iglesias y Sánchez deben plantearse que un nuevo fracaso en sus negociaciones acabaría de un plumazo con la esperanza que han puesto la mayoría de los ciudadanos en sus manos, ofreciéndoles una segunda oportunidad de oro, que raras veces se brinda y que nada puede haber, más importante, que cumplir con la obligación de oponerse contundentemente al transcurso que han tomado los acontecimientos en este país, que aunque siendo multinacional, que dirían los socialistas, se siente en su totalidad, indignado con las líneas seguidas por los populares, durante sus años de mandato.

Sólo nos queda, la ilusión de que pueda ser posible que termine esta negra etapa de nuestra historia y poder mirar al futuro, con la esperanza de vivirlo sin miedo, ni asperezas.

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