La gravísima situación que están sufriendo nuestros niños,
en Institutos y Escuelas, debido a las altísimas temperaturas que
nos está trayendo este final de la primavera, mantiene en pie a padres y
docentes, exigiendo a las administraciones autonómicas una rápida solución para
paliar este problema de pobreza
energética, que afecta precisamente, a la salud de los más indefensos.
No sólo el frío hace estragos en las condiciones de vida de
las familias, como hemos podido ver los pasados inviernos, sino que en un país
como el nuestro, en el que se están notando especialmente los efectos del
cambio climático, habría que incidir en
el aumento de las temperaturas que se están produciendo, incluso antes de que
llegue el verano, convirtiendo las aulas, lugar habitual de trabajo de estos
menores, en auténticas saunas dónde resulta prácticamente imposible respirar y
en las que ya se han producido varios casos de golpes de calor, acompañados de
lipotimias.
Los efectos de la maldita crisis y la pésima gestión
económica del gobierno central y de las administraciones autonómicas, han
terminado con los recursos necesarios para hacer frente a este problema y a día
de hoy, la respuesta que se viene dando desde las Consejerías de educación, sin
que haya distinción según los Partidos que las regentan, es la posibilidad de
acortar la jornada, a criterio de los padres, cuando empieza a apretar el
calor, cosa que no es posible en todos los casos al encontrarse los
progenitores, por norma, trabajando y sin posibilidad de acercarse a los
Centros a recoger a sus hijos.
El Consejero de la comunidad de Madrid, se ha atrevido
incluso a sugerir que los niños se entretengan en hacer abanicos de papel, con
los que aventarse mientras se encuentran en las aulas, sugerencia que ha hecho
saltar todas las alarmas en la sociedad, que no entiende que mientras en todos
los organismos oficiales se encuentra instalado y funcionando el aire
acondicionado, en la Educación pública se carezca incluso de ventiladores,
como si nos hubiéramos trasladado a los años cincuenta del siglo pasado.
Arbitrar una solución permanente que corrija para siempre
este grave problema que acontece en las Escuelas, tanto en verano como en
invierno, ha de preocupar, igual que preocupa a la Sociedad, a todos los
Partidos políticos que conforman el Parlamento y encontrar a la mayor urgencia
posible el montante necesario para acondicionar decentemente las aulas de todo
el país, ha de ser necesariamente obligatorio, pues no se concibe que precisamente
todos aquellos que nos representan en las Instituciones políticas, gocen de
sustanciosas ventajas en su lugar de trabajo, mientras las mismas, se niegan,
reiteradamente, nada menos que a nuestros niños.
Asfixiados y con la maldita sensación de ser ignorados por
los encargados de adecuar los edificios destinados a la Educación pública,
mientras se continúa beneficiando notablemente a la privada y concertada,
docentes, padres y alumnos, se echan este
final de curso a la calle, reclamando con toda justicia, una cierta
igualdad con esos sesudos políticos, a
los que todos hemos confiado, a través de los votos, nuestros destinos, sin
esperar que sus reacciones al enfrentarse a problemas como el que hoy tratamos,
pueda siquiera asemejarse a las que estamos viendo en ellos.
Vergüenza me daría a mí, pasearme por los pasillos y
despachos del Congreso, de los Ministerios, de las Presidencias autonómicas y
sus Consejerías, a una temperatura media de veinticuatro grados, mientras los
menores soportan en las escuelas e institutos, cuarenta, porque los recursos
destinados a estos fines, hace tiempo que se marcharon a causa de la corrupción
o el despilfarro, dedicándose a fines personales, a campañas electorales o a
engrosar cuentas en Suiza.

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