martes, 20 de junio de 2017

Asfixiados


La gravísima situación que están sufriendo nuestros niños, en  Institutos y  Escuelas, debido a las altísimas temperaturas que nos está trayendo este final de la primavera, mantiene en pie a padres y docentes, exigiendo a las administraciones autonómicas una rápida solución para paliar  este problema de pobreza energética, que afecta precisamente, a la salud de los más indefensos.
No sólo el frío hace estragos en las condiciones de vida de las familias, como hemos podido ver los pasados inviernos, sino que en un país como el nuestro, en el que se están notando especialmente los efectos del cambio climático, habría que incidir  en el aumento de las temperaturas que se están produciendo, incluso antes de que llegue el verano, convirtiendo las aulas, lugar habitual de trabajo de estos menores, en auténticas saunas dónde resulta prácticamente imposible respirar y en las que ya se han producido varios casos de golpes de calor, acompañados de lipotimias.
Los efectos de la maldita crisis y la pésima gestión económica del gobierno central y de las administraciones autonómicas, han terminado con los recursos necesarios para hacer frente a este problema y a día de hoy, la respuesta que se viene dando desde las Consejerías de educación, sin que haya distinción según los Partidos que las regentan, es la posibilidad de acortar la jornada, a criterio de los padres, cuando empieza a apretar el calor, cosa que no es posible en todos los casos al encontrarse los progenitores, por norma, trabajando y sin posibilidad de acercarse a los Centros a recoger a sus hijos.
El Consejero de la comunidad de Madrid, se ha atrevido incluso a sugerir que los niños se entretengan en hacer abanicos de papel, con los que aventarse mientras se encuentran en las aulas, sugerencia que ha hecho saltar todas las alarmas en la sociedad, que no entiende que mientras en todos los organismos oficiales se encuentra instalado y funcionando el aire acondicionado, en la Educación pública se carezca incluso de ventiladores, como  si nos hubiéramos trasladado a  los años cincuenta del siglo pasado.
Arbitrar una solución permanente que corrija para siempre este grave problema que acontece en las Escuelas, tanto en verano como en invierno, ha de preocupar, igual que preocupa a la Sociedad, a todos los Partidos políticos que conforman el Parlamento y encontrar a la mayor urgencia posible el montante necesario para acondicionar decentemente las aulas de todo el país, ha de ser necesariamente obligatorio, pues no se concibe que precisamente todos aquellos que nos representan en las Instituciones políticas, gocen de sustanciosas ventajas en su lugar de trabajo, mientras las mismas, se niegan, reiteradamente, nada menos que a nuestros niños.
Asfixiados y con la maldita sensación de ser ignorados por los encargados de adecuar los edificios destinados a la Educación pública, mientras se continúa beneficiando notablemente a la privada y concertada, docentes, padres y alumnos, se echan este  final de curso a la calle, reclamando con toda justicia, una cierta igualdad con esos  sesudos políticos, a los que todos hemos confiado, a través de los votos, nuestros destinos, sin esperar que sus reacciones al enfrentarse a problemas como el que hoy tratamos, pueda siquiera asemejarse a las que estamos viendo en ellos.
Vergüenza me daría a mí, pasearme por los pasillos y despachos del Congreso, de los Ministerios, de las Presidencias autonómicas y sus Consejerías, a una temperatura media de veinticuatro grados, mientras los menores soportan en las escuelas e institutos, cuarenta, porque los recursos destinados a estos fines, hace tiempo que se marcharon a causa de la corrupción o el despilfarro, dedicándose a fines personales, a campañas electorales o a engrosar cuentas en Suiza.


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