Fracasa
la Moción de Censura presentada por
Podemos, pero aunque todos esperábamos
ya este resultado y se conocía de
antemano la intención de voto de los diferentes Partidos en el Congreso, se
podría decir que estos dos días de intenso debate, han servido fundamentalmente a los ciudadanos para clarificar en qué parte
del arco político se encuentra cada cual y a qué dan mayor importancia nuestros supuestos
representantes en el Parlamento.
Buscaba
yo, sin demasiado éxito, lo admito, una manera de describir lo que ha sucedido
finalmente, en el momento de la votación y un camino por el que descubrir por
qué todos los que podrían haber sido
apoyos a las teorías que postulaba Pablo Iglesias, se han decantado por la
abstención, provocando con ello que Mariano Rajoy continúe siendo el Presidente
del Gobierno.
Este
retrato hiper realista, que queda grabado en las cabezas de los ciudadanos, ayudándoles a razonar si
mereció la pena el voto que regalaron a determinadas Fuerzas en las últimas
elecciones, esconde además, un sinfín de pequeños matices que merecen ser
analizados minuciosamente por los ojos del espectador y que podrían cambiar, en
un futuro no muy lejano, la percepción que todos hemos tenido sobre el modo de
manejar la política que hasta ahora venía impuesto a la fuerza , por los
Partidos de la vieja escuela, pero que
ha sufrido, a raíz de la llegada y posterior consolidación de Podemos, un
fuerte revés que no parece que pueda tener marcha atrás y que abre nuevas vías
a una imprescindible negociación entre los partidarios del progreso, sobre todo,
por la acuciante necesidad de erradicar los innumerables casos de corrupción
que están sacudiendo el país y que tienen como protagonistas principales, a
rancios políticos conservadores, que han perdido la credibilidad y el respeto,
de cara a próximos comicios.
Hoy
no ha sido posible echar a Rajoy, por muchos y variados motivos, pero
principalmente porque esta Moción de censura ha pillado a trasmano a un Pedro
Sánchez, apenas recuperado de su inimaginable éxito y al que aún queda el mal
trago de tener que pasar por un Congreso de ratificación en el que no le
quedará otro remedio que volver a cruzarse con los barones y la baronesa que
propiciaron su defenestración y a los que va a tener que convencer de que el
radicalismo que le atribuyeron no es tal, sino que sólo es una recuperación de
su propia ideología, por lo que haber votado a favor de Podemos, bien podría
ser considerado por la vieja guardia como una confirmación de las teorías que
esgrimieron cuando le arrebataron el poder y que complicaría nuevamente la
situación en que se encuentra el socialismo, en estos momentos.
Pero en las palabras y los gestos de su
representante en la tribuna se ha podido leer con claridad que lo hacían porque
no les quedaba otro remedio e incluso que se daban las circunstancias óptimas,
aunque no se ha dicho explícitamente, para iniciar en breve un acercamiento con
los de Iglesias, en pos de conseguir finalmente una unidad de criterio, que
pueda desterrar por fin, a la derecha del poder, aunque para ello haya que
contar con los votos nacionalistas, de los que tanto abominaban, los
partidarios del viejo PSOE,
No
servirían los mismos argumentos en el caso del PNV, sobre todo después de haber
ayudado a Rajoy en la aprobación de los presupuestos, pero precisamente esa
actitud camaleónica, bien podría ser aprovechada, en el supuesto de que se
convoque una nueva Moción, sobre todo, si se promete a los vascos algo que
pueda ser de su interés, como el acercamiento de presos u otra buena inyección
económica que ayude en sus planes a estos negociadores expertos.
Lo
importante, es que los síes y las abstenciones que han resultado de la votación
sobrepasan los 170 noes que ha obtenido
Mariano Rajoy, gracias a la colaboración incondicional de su socio Rivera y que
por tanto, le ha debido quedar muy claro que una mayoría parlamentaria reprueba
su gestión, vigilando estrechamente sus movimientos y sin tener ninguna
voluntad de colaborar en ninguno de los futuros proyectos que pretenda llevar a
cabo su gobierno.
Su
victoria, no puede ser más inquietante y las arenas movedizas que se deslizan
bajo sus pies y el de sus aliados naranja, pueden, si los casos de corrupción
continúan aumentando, el problema catalán no se resuelve y la manipulación de
la justicia termina por hacerse evidente, terminar por hundirles en un breve
plazo de tiempo, otorgando la razón a las tesis de un Pablo Iglesias que sólo no puede considerarse perdedor, sino
que sale muy reforzado como figura política presente, a pesar de que por todos
los medios se ha intentado desesperadamente menospreciarle ante los españoles.
Liderar
la Moción de censura, sabiendo de antemano que se iba a perder, no ha debido
ser nada fácil, pero la valentía de defenderla, prácticamente en soledad y el
hecho de poner a los ciudadanos al corriente, punto por punto, de todo lo que
ocurre a su alrededor y a su costa, supone ya en sí, una grandiosa victoria para
quién se atrevió y la votación de esta mañana, demuestra con claridad
meridiana, quién está totalmente en contra de esa corrupción, quiénes en cierto
modo la toleran, mirando de momento hacia otro lado y quiénes son, en gran
medida, cómplices de ella, sustentando y me refiero a Ciudadanos, a un gobierno
que por sus acciones, resulta ser del todo insostenible.

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