No
sabía yo que las estrategias de venta utilizadas en los mercadillos de barrio,
con sus ofertas escritas sobre un papel
de estraza y sujetas por medio de una
pinza de plástico, a los hierros que forman los entramados de los tenderetes,
se hubiera convertido en objeto de
estudio para los mayores accionistas de la Banca española y menos aún, que
estas técnicas pudieran llegar a ser aplicadas, literalmente, por los sesudos
economistas que deben formar los equipos de asesores que gestionan los
intereses de los principales banqueros, pudiendo proporcionarles toda una
estructura que hasta ahora era propiedad de alguno de sus oponentes, al mismo
precio, pongamos, que unas bragas.
Pero
he aquí que esta mañana nos hemos levantado con una noticia que corrobora tal
afirmación y que no es otra que la adquisición por parte del Santander, del
Banco Popular, que ha sido vendido por el significativo precio de un euro,
después de varios días en los que ya se evidenciaba su caída en desgracia,
aunque esta vez, dicen los expertos, que su rescate no nos va a costar nada a
los ciudadanos.
En
esto del mundo de la Banca, al igual que ocurre con los negocios de las
eléctricas, del gas o del agua, se da la curiosa circunstancia de que a
pesar que somos los primordiales
consumidores de lo que producen y por tanto, los principales productores de los
beneficios que obtienen, nunca nos ha quedado nada claro su funcionamiento y
sólo sabemos con certeza, hasta ahora, que cada vez que se habla a gran escala
de una operación de rescate de este tipo, nuestros intereses económicos acaban
por verse gravemente afectados, pues las promesas de políticos, banqueros,
economistas de gran prestigio o Presidentes de ciertas entidades, termina por
llevárselas el viento y nuestra contribución a su causa se va reflejando
mensualmente en las oscuras facturas que de su parte, recibimos, ya sea en
forma de ininteligibles conceptos o de curiosas comisiones.
No
es la primera vez que en este país nuestro se compran negocios ruinosos por un
precio ridículo, para evitar la vergüenza
de tener que declarar la bancarrota, aunque esta vez, se da la
circunstancia de que el traspaso de poderes se produce entre entidades
privadas, por lo que mucho nos tememos, que además de las pérdidas que sufran
los accionistas, en este caso del Popular, pueda producirse en breve un despido
masivo de trabajadores, pues no tiene el Santander una capacidad de realojo que
permita mantener intactas las plantillas de las sucursales adquiridas en todo
el territorio patrio.
Tampoco
ha quedado muy claro qué pasará con los depósitos de los clientes, a los que
algo sí que debe garantizar ese fondo creado para estos casos, pero que nunca
suele funcionar, ni cuál es, seguro que lo hay, el agujero que dejan los que se
embolsan el euro, fruto de esta venta, que más que una aperción bancaria de
calado, parece una tomadura de pelo, maquiavélicamente urdida para engañar al
personal, pues de otro modo, cualquiera de nosotros hubiera podido pujar un
poco más alto, con tal de ser, aunque fuera por un momento, dueño de todo un
señor Banco.
Pero
estas cosas, que sólo vienen sucediendo aquí desde que el PP llegara al poder
en 2011 y nos pusiera al tanto de la desastrosa herencia que nos había dejado
Zapatero, y que el mismo gobierno ha practicado en alguna ocasión,
deshaciéndose a precio de saldo de aeropuertos y autopistas o comprando Bancos considerados malos, para después
sanearlos con nuestra ayuda inestimable, suelen esconder, además de los efectos
colaterales que producen, oscuras historias de tarjetas black, pensiones
millonarias para sus ex consejeros y hasta evasiones de capitales a paraísos
fiscales que no terminan de aclararse nunca, por mucho empeño que pongan en
ello, los encargados de administrar justicia.
Por
eso, cabe preguntarse por qué razón interesa a este gobierno nuestro que
operaciones de este tipo continúen
realizándose, sin hacer ningún tipo de averiguaciones sobre lo que se cuece
en la trastienda o si se hacen, por qué se oculta a los ciudadanos las verdaderas razones por las que innumerables
entidades bancarias han fracasado tan estrepitosamente en los últimos años y
quiénes han sido, en realidad, los responsables de su hundimiento.
Habrá
pues que esperar a que la prensa indague sobre lo acontecido en el Banco
Popular y a que nos ofrezca un relato convincente de la situación, poniendo
nombres y apellidos, que seguramente ya nos resultarán familiares, a los
sufridos contribuyentes, a los que el sistema exige funcionar,
obligatoriamente, a través de los bancos.
Entretanto,
Ana Patricia Botín, exhibe ante todos el artículo conseguido en estas curiosas
rebajas y aumenta con ello, su imperio y su influencia en ese poder en la
sombra del que nadie quiere hablar, pero que para nuestra desgracia, maneja
nuestras vidas y la de nuestros descendientes.
Un
banco, por un euro. Estén atentos, por si surgen nuevas ofertas.

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