A sólo unos días de la celebración de la Moción de
Censura planteada por Podemos y con el Partido Popular poniendo obstáculos a la
Comisión de investigación sobre su financiación ilegal en el Congreso, nos trae
la tarde un nuevo sobresalto, esta vez desde Notre Dame, en Paris, dónde un
hombre armado con un martillo ha intentado agredir a un policía, siendo
detenido después, pero habiendo causado un momento de pánico.
Todo apunta a que la llegada del verano y las
vacaciones, que suelen atraer a un gran número de turistas a las grandes
ciudades europeas pudiera convertirse en una época propicia para actuar, desde
el punto de vista de los terroristas y que esta suposición será seguramente
motivo suficiente para que muchos de los viajeros renuncien a sus planes de
ocio, haciendo mella en un sector de enorme importancia que mueve millones en
los países de la Comunidad, sobre todo porque no hay visos de que el problema
vaya a solucionarse en breve, como todos estamos viendo.
Que el miedo nos complique la vida de este modo y que
continúen sucediendo a nuestro alrededor acciones del enorme calado de las que
estamos viviendo, supone en sí, un triunfo tácito para las aspiraciones de los
islamistas y por ello, quizá sería bueno intentar sobreponerse al dolor y optar
por continuar con la vida, tal como lo tuviéremos previsto.
Ayer mismo, hablábamos de que existen otras opciones
para combatir esta plaga de nuestro siglo y no quisiera yo ahondar hoy más en
el tema, por no ofrecer ningún tipo de publicidad a nadie que predique la
violencia, por lo esta tarde de Junio, prefiero volver a casa, para centrarme
en la importancia real que va a tener para los ciudadanos esa Moción de
Censura, tan denostada por la clase política, en la que por fin podremos oír
enumerados uno a uno, desde la tribuna del Congreso, todos los casos de
corrupción e irregularidades cometidas por miembros del PP, se atreva o no el
Presidente a responder personalmente y a pesar de la hora impuesta por la
Presidenta Ana Pastor para el comienzo
del acto, las nueve de la mañana, en la que una buena parte de la gente estará
trabajando, aunque ya se encargarán los medios de comunicación y sobre todo la
red, de que lo que allí se diga, pueda llegar a todo el mundo.
Aterrorizados por todo lo que se les viene encima, Comisión de investigación,
Moción de Censura y declaración presencial de Rajoy en la sala del caso Gurtel,
los populares no han tardado nada en recurrir a la archiconocida teoría de la
conspiración que utilizan cada vez que se encuentran en un grave aprieto y
Rafael Hernando, retomando ante los medios las mismas palabras que ya hemos
oído en tantas ocasiones sobre asuntos que después han resultado ser del todo
ciertos, nos ha parecido esta mañana, francamente esperpéntico.
Sin poder escapar ilesos de la terrible realidad que
les asfixia, los conservadores se refugian en el Senado, como único bastión que
les queda, del que fuera su poder pasado, sin entender que la opinión de esta
Cámara, que para una gran mayoría de los ciudadanos debiera haber desaparecido
hace ya tiempo, no tiene ningún valor y que el centro político del país está en
esos escaños que ocupan los diputados en el Congreso, dónde ya ni gozan de
mayoría absoluta, ni de buena reputación, como seguramente quedará demostrado
ampliamente, después del día 13.
Puede que estén gobernando el país e incluso que si la
Moción fracasa, como se prevé, lo sigan haciendo, pero no les quedará otro
remedio que aprender la lección de que están siendo estrechamente vigilados en
todas las acciones que cometen y sobre
todo, que ya nada volverá a ser lo mismo ni para Rajoy, ni para los
suyos, pues con toda probabilidad, la reacción de la sociedad dará un empujón
definitivo a Iglesias, que quedará en la memoria general como el único que se
atrevió a desafiar con valentía y con todos los medios legales a su alcance, la
tiránica manera de gobernar del PP, sin censuras ni medias verdades que
maquillen la gravedad del momento.
Muy pendientes estaremos también de las reacciones los
otros Partidos políticos. Cuando uno se enfrenta a la verdad y la niega o trata
de ignorarla, escudándose en vanos argumentos que carecen todo sentido, está,
en cierto modo, traicionando deliberadamente a todos los que confiaron en él y
en este caso particular, dejando pasar la oportunidad de cambiar todo aquello
que afecta de manera tan negativa al funcionamiento de las instituciones y al
bienestar general de la ciudadanía.
Por eso, no es importante ganar o perder la moción,
como algunos se piensan, ni tampoco si Iglesias se atreve o no a postularse
como Presidente.
Este es un momento en el que el retrato de cada uno de
los Partidos que forma que nuestro
Parlamento, va a quedar perfectamente
definido ante la Sociedad y llegará el día en que pase factura a todos y
cada uno de ellos, pues la gente, cuya inteligencia suele menospreciarse con
tanta alegría, ni olvida, ni perdona.

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