lunes, 12 de junio de 2017

Noche de vigilia


 En vísperas de la Moción de censura que aguarda a Rajoy, mañana en el Parlamento, las espadas de los dos principales contrincantes, Iglesias y el propio Presidente, han de estar necesariamente en alto, por lo que auguro yo que les aguarda, a ellos y a sus asesores, una larga noche de vigilia,
Tras el lamentable espectáculo ocurrido en la Asamblea de Madrid, por las  gravísimas acusaciones vertidas por el Partido Popular contra los representantes de Podemos y en vista de que los medios, en general, ha recriminado reiteradamente la actitud de los de Cristina Cifuentes, la estrategia de que un buen ataque es más efectivo que la mejor de las defensas, ha quedado absolutamente anulada, por lo que los populares habrán de ingeniárselas, al menos, para recuperar la educación y el buen tono que debe presidir cualquier debate serio que se precie.
Con la abstención del PSOE garantizada, pues el momento que atraviesan los de Sánchez no es el mejor para correr demasiados riesgos, la terrible soledad de Podemos, ante el desarrollo de esta Moción, queda en parte paliada, pues al menos no van a encontrar enfrente a una oposición en bloque votando a favor del Gobierno y con ello, se abre una esperanza de que  el líder socialista se atreva, más adelante, a protagonizar un   trance similar, con ciertas posibilidades de éxito.
Es esta Moción, una cuestión más ética que práctica, aunque la gravedad del momento la justifique plenamente y por ello, se  puede entrever que Iglesias y los suyos no tendrán ningún tipo de reparo en colocar  la carne en el asador, con la intención de convencer a los ciudadanos de que cumplen con el compromiso adquirido en las urnas, al denunciar desde la oposición, toda esta suerte de ilegalidades, corruptelas e irregularidades que se vienen sucediendo rutinariamente a nuestro alrededor y a las que nadie parece dar la importancia real que tienen, a juzgar por la falta de denuncias efectivas que se gestionan desde el Parlamento.
Verán, alguien debe poner a Rajoy, de una vez, entre la espada y la pared ante los ciudadanos, enumerar uno a uno, los incontables casos de corrupción en que se han visto implicados los suyos, referir con el mayor grado de aproximación posible, el montante de lo que se ha hurtado a las arcas públicas y derivado a cuentas personales o societarias, aquí o en el extranjero, afear su descarado intento de manipulación de la justicia y sobre todo, exigirle que se devuelvan las prestaciones de todo tipo que se han ido
sustrayendo a la Sociedad, en forma de Reformas y recortes, no sólo económicos, sino también de derechos fundamentales, como el de la libertad de expresión, que en cierto modo blinda al Partido en el gobierno frente a cualquier conato de protesta.
Y puesto que no es lícito que estas cosas sucedan en el país, sin ningún tipo de consecuencias, el único mecanismo legal que posee la oposición para revelar sin pautas de tiempo, esa verdad que se trata a diario de maquillar, dudando de nuestro nivel de inteligencia, no es otro que esta Moción de Censura que nadie se ha atrevido hasta ahora a presentar, a pesar de que todos los demás partidos saben, igual que Podemos, que es la más justa de cuántas se han dado desde la llegada de la Democracia, por la seriedad de los asuntos a que nos estamos refiriendo.
Consultada la Sociedad, el veredicto ha sido implacable y no admite discusión posible, por su contundencia. Que Iglesias guste como presidenciable o no, es otro tema que daría para varios artículos, pero que suya es la razón en este momento, nadie lo pone en duda.
Muchas veces nos hemos quejado de la distancia real que separa a políticos y ciudadanos y de las fatales consecuencias que esto acarrea para que este país, logre tener un buen funcionamiento.
De nuevo, queda demostrado que ésta es la pura verdad, puesto que a casi ninguno parece importarle que Rajoy siga gobernando, con la que está cayendo.


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