En
vísperas de la Moción de censura que aguarda a Rajoy, mañana en el Parlamento,
las espadas de los dos principales contrincantes, Iglesias y el propio
Presidente, han de estar necesariamente en alto, por lo que auguro yo que les aguarda,
a ellos y a sus asesores, una larga noche de vigilia,
Tras
el lamentable espectáculo ocurrido en la Asamblea de Madrid, por las gravísimas acusaciones vertidas por el
Partido Popular contra los representantes de Podemos y en vista de que los
medios, en general, ha recriminado reiteradamente la actitud de los de Cristina
Cifuentes, la estrategia de que un buen ataque es más efectivo que la mejor de
las defensas, ha quedado absolutamente anulada, por lo que los populares habrán
de ingeniárselas, al menos, para recuperar la educación y el buen tono que debe
presidir cualquier debate serio que se precie.
Con
la abstención del PSOE garantizada, pues el momento que atraviesan los de
Sánchez no es el mejor para correr demasiados riesgos, la terrible soledad de
Podemos, ante el desarrollo de esta Moción, queda en parte paliada, pues al
menos no van a encontrar enfrente a una oposición en bloque votando a favor del
Gobierno y con ello, se abre una esperanza de que el líder socialista se atreva, más adelante,
a protagonizar un trance similar, con
ciertas posibilidades de éxito.
Es
esta Moción, una cuestión más ética que práctica, aunque la gravedad del
momento la justifique plenamente y por ello, se
puede entrever que Iglesias y los suyos no tendrán ningún tipo de reparo
en colocar la carne en el asador, con la
intención de convencer a los ciudadanos de que cumplen con el compromiso
adquirido en las urnas, al denunciar desde la oposición, toda esta suerte de
ilegalidades, corruptelas e irregularidades que se vienen sucediendo
rutinariamente a nuestro alrededor y a las que nadie parece dar la importancia
real que tienen, a juzgar por la falta de denuncias efectivas que se gestionan
desde el Parlamento.
Verán,
alguien debe poner a Rajoy, de una vez, entre la espada y la pared ante los
ciudadanos, enumerar uno a uno, los incontables casos de corrupción en que se
han visto implicados los suyos, referir con el mayor grado de aproximación
posible, el montante de lo que se ha hurtado a las arcas públicas y derivado a
cuentas personales o societarias, aquí o en el extranjero, afear su descarado
intento de manipulación de la justicia y sobre todo, exigirle que se devuelvan
las prestaciones de todo tipo que se han ido
sustrayendo
a la Sociedad, en forma de Reformas y recortes, no sólo económicos, sino también
de derechos fundamentales, como el de la libertad de expresión, que en cierto
modo blinda al Partido en el gobierno frente a cualquier conato de protesta.
Y
puesto que no es lícito que estas cosas sucedan en el país, sin ningún tipo de
consecuencias, el único mecanismo legal que posee la oposición para revelar sin
pautas de tiempo, esa verdad que se trata a diario de maquillar, dudando de
nuestro nivel de inteligencia, no es otro que esta Moción de Censura que nadie
se ha atrevido hasta ahora a presentar, a pesar de que todos los demás partidos
saben, igual que Podemos, que es la más justa de cuántas se han dado desde la
llegada de la Democracia, por la seriedad de los asuntos a que nos estamos
refiriendo.
Consultada
la Sociedad, el veredicto ha sido implacable y no admite discusión posible, por
su contundencia. Que Iglesias guste como presidenciable o no, es otro tema que
daría para varios artículos, pero que suya es la razón en este momento, nadie
lo pone en duda.
Muchas
veces nos hemos quejado de la distancia real que separa a políticos y
ciudadanos y de las fatales consecuencias que esto acarrea para que este país,
logre tener un buen funcionamiento.
De
nuevo, queda demostrado que ésta es la pura verdad, puesto que a casi ninguno
parece importarle que Rajoy siga gobernando, con la que está cayendo.

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