La
Primera Ministra Británica, Theresa May, se ha lamentado en una comparecencia
ante los medios, de la falta de dureza delas medidas que se han venido tomando
hasta ahora en Reino Unido para prevenir los atentados terroristas y de sus
palabras se ha podido inferir, que al menos mientras que esté en el gobierno,
está dispuesta a llegar hasta donde haga falta, asumiendo en primera persona
que la policía debería estará autorizada para disparar, al percatarse del más
mínimo indicio de que puedan encontrarse ante la presencia de algún terrorista.
Los
protagonistas del último atentado, que fueron abatidos, según hemos sabido hoy a
través de la prensa, podrían haber
contado sin embargo con algún tipo de apoyo logístico, ya que la policía lleva
registrando desde ayer un barrio del sur de Londres, en el que se han
practicado una decena de detenciones.
May,
que ha empezado a recibir duras críticas por parte de sus oponentes políticos y
de la población en general, a pocas fechas de la celebración de elecciones,
parece haber optado claramente por la vía policial, a pesar de que hace sólo
unos días decidió mantener el nivel de alerta que se aplicaba tras el atentado
de Manchester, en contra del criterio de algunos de sus colaboradores, que la
avisaban de la posibilidad de una acción inminente, en Londres
El
laborista Corbyn, que ha recortado distancias con May, desde los sucesos del
concierto de Manchester y que apuesta más bien, por ir a la raíz de un problema
que se está enquistando peligrosamente en Europa, no ha desaprovechado la
ocasión para lanzar propuestas alternativas que parecen convencer más a una
población, en la que el estado de pánico ha empezado a convertirse en algo
rutinario y que no está dispuesta a esperar ni un segundo más a que alguien
propicie una solución diferente que garantice su seguridad en las calles.
Del
otro lado, las atrocidades que siguen produciéndose a diario en ciudades como
Kabul, donde la semana pasada murieron violentamente noventa personas, suelen
ser bastante menospreciadas por los medios europeos, como si la extrema
violencia que se da en países que no pertenecen al viejo continente, tuviera
una importancia menor y las víctimas, que ya se cuentan por miles, no
merecieran ser recordadas, quizá porque
se las continúa considerando como meros efectos colaterales de luchas
fratricidas, que no terminan nunca.
Claramente,
los gobiernos conservadores que dominan mayoritariamente Europa y que han
dejado pasar demasiado tiempo desde que comenzara la guerra de Siria, sin
tratar por todos los medios diplomáticos a su alcance de arreglar el conflicto,
se han encontrado de bruces con que muchos jóvenes árabes, asentados en la
marginalidad de las grandes ciudades del continente, han ido sufriendo a lo
largo de estos años una radicalización casi imposible de imaginar hace sólo una
década, que les ha llevado a idealizar las promesas de convertirse en héroes de
una causa que hacen suya, al carecer absolutamente de perspectivas de un futuro
mejor, en los lugares en que son
rechazados sistemáticamente.
La
búsqueda de esas causas ocultas a la
vista de las mayorías, su transformación paulatina en pro de ofrecer auténticas
esperanzas vitales que saque de la marginación
estos jóvenes convertidos en apátridas por la dureza de sus
circunstancias personales y el intento de reavivar las posibles vías de
negociación que se abandonaron cuando se decidió la intervención armada en el
conflicto sirio, son las propuestas que sugieren los grupos más progresistas
europeos, que no pueden estar de acuerdo con las medidas adoptadas hasta ahora
y que están fracasando estrepitosamente, como todos podemos ver, cada vez que
uno de estos actos de terrorismo nos hiela por dentro.
Contra la radicalización y el fanatismo, no hay mejor
argumento que la fuerza de la razón,
claro que poco se puede razonar mientras se mantiene a los refugiados en
la terrible situación en que se encuentran, negándoles, hasta el derecho
fundamental de asilo que debiera asistirles per se, aunque pareciera que nunca
hubiera existido, a juzgar por el vergonzoso comportamiento de nuestros líderes
europeos.

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