Cuando en 2011, una
amplia mayoría de españoles
otorgaron a Mariano Rajoy la confianza
suficiente para ser el nuevo Presidente
de Gobierno, tras la desastrosa legislatura que había protagonizado Zapatero,
la mejor excusa que pudieron encontrar después de emitir sus votos, fue la de
que la Economía siempre había marchado mejor bajo el amparo del principal
Partido de la derecha y que las cosas habían empezado a torcerse precisamente
por la indolencia de unos socialistas, que habían dejado, a decir de los
principales líderes del PP, una desastrosa herencia.
El arrepentimiento de aquellos electores no tardó en empezar
a extenderse, en cuanto los recién llegados empezaron a obedecer con fe ciega
los mandatos casi impracticables que les dictaban desde Europa y multitud de
medianas y pequeñas Empresas, que hasta entonces habían constituido el grueso
de nuestra economía, se apresuraron a echar el cierre, dejando en la calle a
cientos de miles de padres y madres de familia, con la aquiescencia de un
gobierno que aprobó por decreto, una Reforma Laboral, que de manera tácita y
torticera, apoyaba descaradamente el despido libre.
A esto, siguieron una
infinidad de medidas de recortes, en palabras textuales de nuestros
gobernantes, absolutamente necesarias para sanear la situación en que nos había
dejado la crisis y una letanía de exigencias que comenzaron a dificultar, y
mucho, la mera supervivencia de los casi seis millones de ciudadanos que no solo habían perdido sus empleos, sino que
además, veían atónitos como los mismos
Bancos que les prometieron el Edén, en los años de bonanza, no tenían
ningún problema en desahuciarlos de sus viviendas, en cuanto la dificultad para
pagar las hipotecas eternas que habían firmado, empezaba a hacerse evidente.
Después, vinieron el rescate Bancario, la degeneración
paulatina del pasado estado de bienestar, explícitamente advertida en la pérdida
repentina de multitud de prestaciones sociales, el intento de privatización,
afortunadamente fallido, de la Educación y la Sanidad públicas y universales,
las bajadas de sueldos, la temporalidad exagerada en los nuevos empleos, la
fuga de cerebros al extranjero, por motivos de evidente precariedad en la
investigación y la activación necesaria de mecanismos de solidaridad popular,
como la apertura de infinidad de comedores sociales que paliaran el hambre
infantil, que hasta entonces había sido
un concepto que resultaba inimaginable en nuestra sociedad y que ahora se
estaba convirtiendo en un problema habitual, por la imposibilidad real de las
familias, de asumir las necesidades primarias, exclusivamente, por falta de
ingresos.
El mito de los triunfos económicos de la derecha, se fue
desvaneciendo entre la bruma de las evidencias personales y la legislatura de
Rajoy, pronto se convirtió en la más contestada, a nivel popular, de cuántas
habían existido, hasta entonces, en estos cuarenta años de Democracia.
Entretanto, los populares vivían la cómoda vida que les
proporcionaba el intenso placer de una mayoría absoluta que no podía ser rebatida por la debilidad de
la oposición en el Parlamento y gobernaban de manera absolutista los destinos
de los españoles, favoreciendo a las clases privilegiadas que siempre les
acompañaron en sus años buenos, con amnistías fiscales que propiciaban en cierta
medida, el blanqueo de los capitales anteriormente evadidos a paraísos fiscales
y premiando la lealtad de ciertos empresarios afines a su ideología, con
medidas de reducción de impuestos que les permitían contratar y despedir
indiscriminadamente, al amparo de unas leyes, que abandonaban a los
trabajadores a su suerte, robándoles la dignidad de poder denunciar y ganar, la
improcedencia de los actos que contra ellos se estaban llevando a cabo,
impunemente.
Y en ese tono hubieran continuado las cosas, de no haber sido
por la presión ejercida por los ciudadanos desde las calles, que finalmente se
materializaron con el nacimiento de nuevos Partidos que ponían en tela de
juicio la propia estabilidad del Sistema
y que movidos por la indignación general y por la inconveniencia legal
de tener las manos atadas para propiciar un cambio, en medio de la legislatura,
empezaron a preguntarse por qué, mientras
los españoles nos veíamos obligados a vivir asfixiados y sin alternativa
de futuro, los principales líderes del PP, parecían mantener, todos ellos, no
sólo una insultante estabilidad económica, impropia en los tiempos presentes,
sino que además, no tenían ningún problema en hacer alarde de ello, en los
actos que convocaban a lo largo y ancho del país, ignorando al propio tiempo,
la triste realidad de los mismos conciudadanos que les habían otorgado el
poder, que permitía ahora la coexistencia de tales diferencias.
Los frutos de esas investigaciones, no tardaron en ser
evidentes y la interminable lista de nombres correspondientes a ilustres
militantes del PP que se han visto imputados en innumerables casos de
corrupción, resulta ser, al menos escalofriante, para todos los que creyeron
alguna vez en la honestidad de aquellos políticos, cuya prioridad, ahora lo sabemos,
no ha sido otra que enriquecerse a manos llenas desde que ocuparon alguna
parcela de poder, sin que para ello haya importado extorsionar, chantajear,
prevaricar, falsear documentos, esquilmar las arcas del estado o llevar hasta
los paraísos fiscales, los capitales que pagamos religiosamente los españoles
honrados, a través de nuestros impuestos.
Han financiado sus campañas electorales, como si de las
presidenciales estadounidenses se trataran, remodelado sus sedes, construido
aeropuertos, hospitales y palacios de la justicia, faraónicos y
fantasmagóricos y también adquirido
mansiones y áticos de lujo, seguros de que al amparo de su inmenso poder, sus
hechos no tendrían consecuencias.
Descrito todo esto, el hecho de que ni siquiera hayan sido
capaces de cumplir con sus objetivos de déficit
y su empeño en ocultar la veracidad de los datos a la opinión pública,
se convierte de pronto, en una prueba fehaciente de que esta derecha no sólo ha
sido, del todo incapaz de mejorar en nada esa economía que afecta directamente
a nuestra sociedad, sino que además, la ha empeorado para todos nosotros,
considerablemente.
La osadía del Ministro Montoro, acusando del incumplimiento
del déficit, al gasto generado por la
aplicación del Sovaldi, a los enfermos de Hepatitis, resulta ser, una de las
bajezas más grandes, de las muchas que hemos oído, en estos años negros del
Gobierno de Mariano Rajoy.
Poniendo en uno de los platillos de una balanza el total de esa cuenta y en otro,
la totalidad de lo robado en los innumerables casos de corrupción
protagonizados por miembros del Partido Popular, ¿hacia dónde creen que se
inclinaría?
La situación en que han dejado el país, no es más que una
consecuencia directa de su total incompetencia.

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