Los papeles de Panamá no dejan de ofrecernos nuevas sorpresas
y de ayer a hoy, hay que añadir dos nuevos nombres de relevancia al largo
listado que vamos conociendo a diario y que incluye a gente de toda índole,
ideología y profesión, que sólo tiene en común el hecho de poseer cierta
fortuna.
La amiga especial del rey Juan Carlos, como suelen llamar los
medios a esta mujer, a la que en otro tiempo se hubiera aplicado seguramente,
un calificativo más explícito, se encuentra también entre los que poseen o poseyeron
empresas opacas en paraísos fiscales y genera, junto a la Infanta Pilar, una
cierta sospecha en torno a una familia real, que no pasa precisamente, por uno
de sus mejores momentos.
La sorpresa se convierte en mucho mayor, cuando se publican
casi a la vez, los nombres de un íntimo amigo y de la actual mujer de Felipe
González en los papeles, quizá porque cuando estas noticias tocan de cerca a
quiénes elegimos en algún momento para dirigir los destinos del país, la
deslealtad se convierte en sí misma, en algo inesperado y doloroso que en
cierto modo, mueve los cimientos de la propia conciencia.
Pero la realidad que vamos conociendo, acaba por demostrar
que la posesión del dinero termina por convertirse en lo más importante para
una inmensa mayoría de los mortales y que todo lo demás, las ideas que se
defendieron, el pensamiento de toda una vida y el patriotismo de que se
presumió , al menos aparentemente, se convierten en secundarios ante el brillo
del vil metal y la tentación de rendirse a las delicias de una vida placentera,
que por supuesto, todos ansiamos, pero que no tenemos la suerte de acabar consiguiendo.
Sin conocer aún la aparición del nombre de su mujer en la
historia, Felipe González declaraba ayer que la importancia que se daba a la
noticia de que su amigo poseyera empresas
offshore, estaba directamente relacionada con el hecho de que se le
hubiera vinculado a su nombre.
Pero es que su nombre no es el mío, ni el de cualquier
ciudadano anónimo, cuyas acciones haya que mirar con lupa, por representar y haber representado los intereses de esta Nación, siendo su
Presidente y precisamente porque él lo fue, durante más de veinte años, resulta
imprescindible que mantenga la más exquisita limpieza, porque lo quiera o no, es y será, un referente
de lo que fue y es en este momento España y que por tanto, nos compete a todos.
Tratar de escapar con evasivas o con argumentos absolutamente
rebatibles de una realidad, cuando las cosas se ponen en contra, no parece la
actitud más adecuada, para un hombre de la inteligencia de González y no basta
para acallar el clamor popular que ya lleva tiempo hablando de su
derechización, de gesto y de palabra.
Ahora cabe, si uno quiere ser verdaderamente distinto de los
que habitualmente critica, ofrecer explicaciones detalladas de la clase de
negocios que posee su esposa y tratar de lidiar, lo mejor que se pueda, con el
embrollo que le sobreviene.
De otro modo, habría que creer que en nada se diferencian los
iconos del PSOE, de otros del PP, que como Soria o Cañete, siguen negando la
mayor, a pesar de las evidencias que contra ellos se vienen ofreciendo, a
través de la prensa.
El calado de los papeles de Panamá, está poniendo patas
arriba el panorama político nacional, pero sobre todo, dejando en claro a los
ciudadanos, que cuando algunos hablan de solidaridad, de cumplir con las
obligaciones tributarias y de adoración a una Patria intocable e indisoluble,
lo hacen refiriéndose a la realidad de los demás, pero nunca a la propia, que
discurre por otros derroteros bien
distintos y mucho mejores, que los del resto de la ciudadanía.
Si finalmente vamos a elecciones, todo esto, terminará
pasando factura sin remedio y está bien que la pase, si se quiere realmente
mejorar la salud de esta Democracia, demacrada y enferma.
Que cada cual aguante su verdad. Que la asuma, que viva con ella
y que se acostumbre a estar en un mundo en el que por suerte y gracias a las
nuevas tecnologías, casi todo se acaba sabiendo.
Que se enteren. Ya no es posible mantener absolutamente nada,
en secreto.

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