miércoles, 13 de abril de 2016

El ocaso de los ídolos


Para los electores y simpatizantes del Partido Popular, ha de ser necesariamente una tragedia, ver a diario cómo la mayoría de sus ídolos, antes reconocidos y admirados por una buena parte de la sociedad, van cayendo uno a uno de sus pedestales, perseguidos por cometer actos ilegales o asuntos de corrupción, aún cuando se empeñen en mantener versiones absolutamente indefendibles cuando se encuentran sobre la mesa, todas las pruebas de los delitos.
En plena vorágine de los llamados papeles de Panamá y después de haber oído ayer las vagas e inaceptables explicaciones que ofreció el Ministro Soria sobre su participación en empresas offshore, hoy nos levantamos con la noticia  de que  José María Aznar, ha sido multado con setenta mil euros por Hacienda, por haber tratado de tramitar a través de una sociedad familiar, caudales que tendría que haber declarado como IRPF, por un total de más de doscientos mil euros.
La crónica, que viene de una publicación de las consideradas afines a la ideología a la que pertenece  el ex Presidente y que sitúa el momento de la sanción un poco antes de la pasada Navidad, desvela además una reunión de Montoro con Aznar, de cuyo contenido sólo ha trascendido que se produjo en un ambiente de alta tensión, en medio del cual, ambos interlocutores vertieron acusaciones mutuas, aunque ya se conocía la enemistad existente entre ellos, desde hace tiempo.
Lo que ocurre a diario en el PP, no por haberse convertido en algo casi rutinario, deja de producir estupefacción y puede dar una perfecta idea de lo que podría sucedernos, si llegamos a permitir, otra vez, que vuelvan a alzarse con el poder, en unas, todavía hipotéticas, nuevas elecciones generales.
La estrepitosa caída de personajes como Rodrigo Rato, Fabra, Rita Barbera, Bárcenas, el Ministro Soria y ahora Aznar, entre otra multitud de implicados,  no puede, sino convencernos de que algo debe suceder en las entrañas de esta Formación política, para que hayan coincidido en ella, tal cantidad de gente relacionada con asuntos de corrupción, que campaban impunemente por sus respetos por toda la geografía española, viviendo a todo tren, mientras los ciudadanos eran al mismo tiempo masacrados por las medidas de recortes que ellos mismos dictaban, con mano férrea, y que han arrastrado a miles de familias españolas, al borde de la quiebra.
Estos ídolos impolutos, enfundados en sus trajes exclusivos y aderezados con corbata de seda y zapatos de las mejores firmas de moda, que suelen abominar de los nuevos Partidos políticos, juzgando a sus integrantes por su aspecto y amenazando con que su llegada traería a España una etapa de insuperable miseria, de la que no podríamos escapar jamás, son sin embargo, y a las pruebas me remito, los auténticos responsables de una buena parte de las desgracias que nos afectan, pues si pudiera reunirse el montante total de lo que han venido defraudando, evadiendo, blanqueando, o simplemente sustrayendo de las arcas estatales, nuestra situación podría ser mucho menos triste de lo que es y no se hubiera generado el ambiente de total desconfianza en la clase política que dificulta terriblemente poder creer en la honestidad de los demás, por miedo a que con ellos,  ocurra lo mismo.
El escenario creado por el PP no puede ser más desolador y tenebroso y quizá por eso resulta absolutamente incomprensible que casi siete millones de españoles puedan seguir mostrándole fidelidad a través de las urnas, pues ya no queda nadie, de todos aquellos que admiraron como a verdaderas estrellas que brillaban en el universo político y no porque se hayan ido retirando con la intención de dedicarse cada cual a su profesión, sino porque en la mayoría de los casos han sido apartados, violentamente, por problemas con la justicia.
 Huérfanos de modelos políticos, los votantes de los populares deber haber caído en una  especie de depresión constante que acompañada por la zozobra de no saber qué sucederá al día siguiente y si aún  puede ser peor de lo que conocieron hoy, no puede sino restar esa ilusión que se  ha ido desvaneciendo al  mismo ritmo con que ha ido apareciendo la información que desvelaba cuál era la verdadera naturaleza humana de sus ídolos.
No le que al PP, más que la imagen patética de la soledad de Rajoy, empecinado en conservar la pasada gloria de que disfrutó su Partido e incapaz de comprender que los actos tienen un precio que siempre se acaba pagando y que no se puede escapar de un pasado que les va a perseguir durante toda su vida.
Si les quedara un mínimo de dignidad, disolver el Partido y retirarse, cuando todavía pueden, antes de que la podredumbre acabe por enterrar a los pocos que quedan en pie, tras el huracán que viene sacudiendo sistemáticamente el honor de los conservadores, podría ser la única salida que se entendiera como lógica en el momento que vivimos  y que sería aplaudida por los españoles como un ejemplo de que a veces funcionan los mecanismos democráticos en este país …y que aún queda algo de justicia.

 


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