Magnífico Iñigo Errejón, en su participación en La Sexta
noche, contestando a todas las preguntas que le fueron formuladas por los
periodistas y que en algunos casos, rozaron esa especie de acoso a que se viene
sometiendo a los líderes de Podemos, prácticamente desde su aparición, sin que
se le notara en ningún momento alterado, ni en el fondo ni en las formas.
Ha crecido y mucho, en muy poco tiempo, este político con
cara de niño que sorprende continuamente por su capacidad de razonar y que a
pesar de haber sufrido, todos los sabemos, presiones de su propio entorno, no
parece haber perdido las fuerzas ni la ilusión por conseguir un proyecto de
futuro para este País, en un entorno que de momento, se presenta incierto y
turbulento, debido al fracaso de todas las negociaciones emprendidas, desde que
se conocieran los resultados del 20 de Diciembre.
Errejón se diferencia de Iglesias, fundamentalmente, en el
tono con el que expone sus argumentos y también en esa seriedad que contrasta
con la imagen de líder populista que ofrece el número uno de Podemos, porque
eleva los tintes del discurso bastante más allá de lo que los detractores de su
partido podrían considerar como una simple arenga, cosa que le confiere un
empaque personal que podría perfectamente competir con el de cualquier
mandatario mundialmente reconocido y que da a los suyos la oportunidad de ser
tomados realmente en serio, por todos aquellos que reniegan de sus auténticas
intenciones de Gobierno.
Alejado de aspavientos y de insultos malsonantes hacia sus
oponentes y sin caer en esa moderación que le achacan aquellos que se
consideran a sí mismos más progresistas que él, basta oírle pronunciar unas
cuantas frases para comprender que probablemente, cuando esos mismos se cansen
y desaparezcan, Errejón permanecerá anclado a una vocación que como él mismo
manifiesta, requiere de renuncias personales y sacrificios, si se desea
alcanzar determinadas metas, por las que merece la pena olvidar todos los
escollos del camino.
Sereno ante la adversidad y abierto a recibir y aceptar opiniones manifiestamente
contrarias a su propio pensamiento, la imagen ofrecida en la entrevista, no
dejó lugar a dudas sobre su compromiso actual con el proyecto de Podemos,
aunque pudo advertirse en él, la sensación de no haber quemado el último
cartucho en el tema del posible acuerdo con el PSOE, aunque siempre respetando el mandato que sus bases
han expresado por votación, la semana pasada y que excluye explícitamente a
Ciudadanos, del pacto de progreso.
Incluso enfrentado a la pertinaz insistencia de Eduardo Inda,
supo mantener la templanza que le caracteriza, deshaciendo uno a uno los
argumentos de quién como todos sabemos, se empeña a diario en una cruzada personal
contra los líderes de Podemos, pero al que anoche no quedó otro remedio que
admitir algunos de los razonamientos de su interlocutor y callar ante la contundencia
de las pruebas que dejaban en evidencia la volatilidad de unas afirmaciones
demasiado perversas.
La impresión, al ver la entrevista, fue la de tener delante a
un hombre de Estado, absolutamente preparado para asumir las responsabilidades
que le sobrevengan y fundamentalmente, con esa madera únicamente propia de los
ganadores, que les infiere su propio carisma.
Sin saber aún cuál será la deriva que tomen los
acontecimientos venideros, la seguridad de que Iñigo Errejón se quedará entre
nosotros durante mucho tiempo, se hizo anoche evidente y no duden de que dará
que hablar, y mucho, en el futuro que se nos viene encima, sobre todo si se le
deja volar, pues es evidente que aún tiene mucho que ofrecer y la inteligencia
necesaria, para hacer factible su proyecto.

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