Mientras los papeles de Panamá continúan aportando una
valiosísima información sobre fraude fiscal y nos sorprenden a diario con la aparición de nuevos nombres, entre los que se encuentran hoy el del Ministro
Soria y su hermano y también el de Miguel Blesa, Mario Conde, su hija y su
yerno son detenidos esta mañana, acusados de intentar blanquear entre diez y
quince millones de euros que al parecer ocultaban en una cuenta en Suiza y que
se puede suponer que proceden del fraude que
llevara a la cárcel en la década de los noventa, al que durante mucho
tiempo fue considerado como uno de los mayores talentos en el campo de la Economía,
en España.
Esta interminable maraña, que sigue creciendo ante nuestros
ojos sin que se adivine su fin, si se tiene en cuenta que evadir capital parece
haberse convertido en el deporte preferido por las clases pudientes, no solo pone
en entredicho el buen funcionamiento de
los sistemas de fiscalización actuales, demostrando que cometer un delito de
esta índole goza en la mayoría de los casos de total impunidad, sino que sería
imposible, a priori, contar con los medios necesarios para perseguir y atrapar
a tal cantidad de delincuentes, por lo que quizá habría que replantearse una
nueva y bien diferente organización de las Entidades encargadas del tema ,
sobre todo si como se presume, no hay voluntad de erradicar la existencia de
los Paraísos fiscales.
La aparición del Ministro Soria en los papeles, va a
complicar, y mucho, las pocas esperanzas que le quedan a Mariano Rajoy, para
poder alcanzar un acuerdo de gobierno con PSOE y Ciudadanos, aunque en este
país nuestro, es difícil que se produzcan dimisiones o ceses inmediatos, como
sí ha ocurrido hace unos días en Islandia o Ucrania, más acostumbrados a
respetar lo que democráticamente exige la ciudadanía que les rodea, sobre todo
cuando se trata de responder por la comisión de un delito de estas
características.
Pero las reacciones del PP, que milagrosamente ha conseguido
sortear toda una suerte de vicisitudes adversas, sin que nunca se haya cesado
por ellas a nadie, suelen estar siempre relacionadas con una incomprensible
tibieza y tener que asumir responsabilidades políticas de los actos cometidos
por sus cargos, no entra dentro de sus previsiones en ningún caso y mucho nos tememos que también éste, acabará
por diluirse en el tiempo, sin que se tome la decisión del cese inmediato del
Ministro, como sería de rigor, si la lógica funcionara por encima de las
querencias.
Claro que un escándalo de estas características dificulta
terriblemente ofrecer una explicación plausible, pues el nombre de Soria y su
hermano, aparecen claramente reflejados en los papeles publicados, por lo que
puede que al Presidente en funciones no le quede otra opción que deshacerse de
lo que ahora representa un lastre, tanto si por fin llega a constituirse un
Gobierno, como si hubiera que repetir elecciones y por tanto, contar de nuevo
con la confianza de un electorado, cada vez más defraudado por el conocimiento
de estos sucesos.
Las reacciones de los demás grupos políticos no se han hecho
esperar y mientras la policía registraba el domicilio de Conde, todos se han
apresurado a exigir a Rajoy el cese de un
Ministro que durante su permanencia en el cargo, no ha sido nunca para los
españoles, un ejemplo de transparencia informativa y que además, es el
responsable último de las fuertes subidas que han experimentado los recibos de
la luz y el gas, en estos últimos años.
A esta hora, sólo sabemos que Soria niega lo evidente y que
trata de escudarse en la excusa de que cuando participó en esta sociedad en las
Bahamas, no ocupaba ningún cargo político, cosa que poco importa, si se probara
finalmente el delito que se le presume, pues cualquier español,
independientemente de su profesión, está obligado, por ley, a pagar religiosamente
sus impuestos.
La trepidante actualidad informativa, hace que no se pueda
prever con anterioridad lo que sucederá en el minuto siguiente y algo nos hace
pensar que así seguirá siendo, hasta que la publicación de estos papeles
termine y podamos saber finalmente, de cuántos implicados estamos hablando.
Tenemos la impresión de que no se han terminado, ni mucho menos, las sorpresas.

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