lunes, 11 de abril de 2016

In crescendo


Mientras los papeles de Panamá continúan aportando una valiosísima información sobre fraude fiscal y nos sorprenden a diario con la aparición de nuevos nombres, entre los que se encuentran hoy el del Ministro Soria y su hermano y también el de Miguel Blesa, Mario Conde, su hija y su yerno son detenidos esta mañana, acusados de intentar blanquear entre diez y quince millones de euros que al parecer ocultaban en una cuenta en Suiza y que se puede suponer que proceden del fraude que  llevara a la cárcel en la década de los noventa, al que durante mucho tiempo fue considerado como uno de los mayores talentos en el campo de la Economía, en España.
Esta interminable maraña, que sigue creciendo ante nuestros ojos sin que se adivine su fin, si se tiene en cuenta que evadir capital parece haberse convertido en el deporte preferido por las clases pudientes, no solo pone en entredicho el buen  funcionamiento de los sistemas de fiscalización actuales, demostrando que cometer un delito de esta índole goza en la mayoría de los casos de total impunidad, sino que sería imposible, a priori, contar con los medios necesarios para perseguir y atrapar a tal cantidad de delincuentes, por lo que quizá habría que replantearse una nueva y bien diferente organización de las Entidades encargadas del tema , sobre todo si como se presume, no hay voluntad de erradicar la existencia de los Paraísos fiscales.
La aparición del Ministro Soria en los papeles, va a complicar, y mucho, las pocas esperanzas que le quedan a Mariano Rajoy, para poder alcanzar un acuerdo de gobierno con PSOE y Ciudadanos, aunque en este país nuestro, es difícil que se produzcan dimisiones o ceses inmediatos, como sí ha ocurrido hace unos días en Islandia o Ucrania, más acostumbrados a respetar lo que democráticamente exige la ciudadanía que les rodea, sobre todo cuando se trata de responder por la comisión de un delito de estas características.
Pero las reacciones del PP, que milagrosamente ha conseguido sortear toda una suerte de vicisitudes adversas, sin que nunca se haya cesado por ellas a nadie, suelen estar siempre relacionadas con una incomprensible tibieza y tener que asumir responsabilidades políticas de los actos cometidos por sus cargos, no entra dentro de sus previsiones en ningún caso y  mucho nos tememos que también éste, acabará por diluirse en el tiempo, sin que se tome la decisión del cese inmediato del Ministro, como sería de rigor, si la lógica funcionara por encima de las querencias.
Claro que un escándalo de estas características dificulta terriblemente ofrecer una explicación plausible, pues el nombre de Soria y su hermano, aparecen claramente reflejados en los papeles publicados, por lo que puede que al Presidente en funciones no le quede otra opción que deshacerse de lo que ahora representa un lastre, tanto si por fin llega a constituirse un Gobierno, como si hubiera que repetir elecciones y por tanto, contar de nuevo con la confianza de un electorado, cada vez más defraudado por el conocimiento de estos sucesos.
Las reacciones de los demás grupos políticos no se han hecho esperar y mientras la policía registraba el domicilio de Conde, todos se han apresurado a exigir a Rajoy el cese de  un Ministro que durante su permanencia en el cargo, no ha sido nunca para los españoles, un ejemplo de transparencia informativa y que además, es el responsable último de las fuertes subidas que han experimentado los recibos de la luz y el gas, en estos últimos años.
A esta hora, sólo sabemos que Soria niega lo evidente y que trata de escudarse en la excusa de que cuando participó en esta sociedad en las Bahamas, no ocupaba ningún cargo político, cosa que poco importa, si se probara finalmente el delito que se le presume, pues cualquier español, independientemente de su profesión, está obligado, por ley, a pagar religiosamente sus impuestos.
La trepidante actualidad informativa, hace que no se pueda prever con anterioridad lo que sucederá en el minuto siguiente y algo nos hace pensar que así seguirá siendo, hasta que la publicación de estos papeles termine y podamos saber finalmente, de cuántos implicados estamos hablando. Tenemos la impresión de que no se han terminado, ni mucho menos, las sorpresas.






   

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