domingo, 10 de abril de 2016

Justificar lo inaceptable


Lo que estamos viviendo estos días, el intento de apartar a un Partido al que votaron en las pasadas elecciones más de cinco millones de personas, por parte de los considerados tradicionales, y el montaje de esta especie de comedia de enredo cuyo galanes, Sánchez y Rivera y su cohorte de seguidores incondicionales, interpretan de forma magistral, ante un patio de butacas abarrotado de unos espectadores, que en este caso somos nosotros, no deja de ser una manera más de poner en tela de juicio la inteligencia de los ciudadanos y raya en lo grotesco, no solo porque se puede adivinar, casi desde el principio que ni  Socialistas, ni  Ciudadanos tenían la menor intención de alcanzar un pacto con Podemos, sino porque se intuye, detrás de su supuesta buena voluntad, el propósito malintencionado de que toda la culpa del fracaso de las negociaciones, recaiga en la Formación de Pablo Iglesias, desde el principio elegida para interpretar este papel, quizá por el miedo que supondría su posible participación en un nuevo Gobierno.
Uno empieza a pensar que todo está milimétricamente estudiado y que todos los que defienden con ahínco la supervivencia de los Partidos tradicionales, traman tácitamente que el final de las conversaciones terminen con la firma del acurdo de la llamada “Gran coalición”, fundamentalmente porque sería el único modo de aplazar sine díe el cambio reclamado por una gran parte de la sociedad, pero que no convence a ninguno de los que tendrían necesariamente que renunciar a un amplio número de los privilegios de que han venido disfrutando, en la comodidad del reparto de poder que facilitaba periódicamente un bipartidismo, que ahora se ve amenazado por la inesperada irrupción en el panorama político español, de una fuerza de progreso que cuestiona, con toda la razón, los cimientos en que se asienta un sistema cada vez más corrupto, regentado por unos políticos demasiado preocupados por la marcha de la macro economía y demasiado poco, por el bienestar de los ciudadanos.
Adjudicar a Podemos el sambenito de la culpabilidad, como si con su negativa a sumarse a lo pactado por PSOE y Ciudadanos, no estuviera dejando otra salida que aceptar la propuesta de Rajoy, que por cierto dejaría al Partido de Iglesias condenado a una oposición fallida, durante los próximos cuatro años, es, o al menos eso deben pensar los principales protagonistas de esta historia, la mejor justificación, de cara a los ciudadanos, de que todos, menos Podemos, están dispuestos a hacer lo mejor para España.
Sin embargo, los electores aún conservamos la capacidad de pensar por nosotros mismos  y quizá porque en estos últimos tiempos que nos hemos visto obligados a vivir, hemos aprendido a bucear denodadamente en los entresijos de todo lo que ocurre a nuestro alrededor y a desconfiar por sistema,  de una clase política demasiado proclive a disfrazar la realidad, en beneficio de sus intereses, ya no nos dejamos llevar con facilidad por las primeras impresiones, ni  engañar por espejismos de impecable apariencia, que revelan después, cuando pasa el efecto de la alucinación, la  cruda verdad con la que habremos de enfrentarnos a solas, abandonados a nuestra propia suerte.
No hay ni habrá pues, justificación para esa alianza a tres que seguramente terminará por firmarse uno de estos días y en la que participarán supuestos enemigos irreconciliables, como PP y PSOE, bajo la batuta conciliadora de Albert Rivera y fundamentalmente no la habrá, porque los ciudadanos hemos demostrado con creces nuestra repulsa generalizada contra los múltiples intentos de manipular la verdad que han protagonizado los políticos en los últimos tiempos y que han puesto en tela de juicio cualquier atisbo de credibilidad que pudiera quedar a estos estrategas del siglo XXI, a los que resulta demasiado fácil descubrir y muy difícil perdonar,  sobre todo cuando las cosas no mejoran, para una sociedad cansada de ser la única en tener que asumir, toda suerte de sacrificios.
Hablando claro, el único culpable de que no haya sido posible un pacto de izquierdas, es este PSOE deteriorado, apeado de los cimientos de su propia ideología, que hace tiempo que se rindió  a la comodidad que ofrece el poder, abandonando por aclamación de sus líderes los fundamentos del socialismo y renunciando a toda posibilidad de reconciliación  con el pensamiento  que propició su fundación y que quedó enterrado bajo la gruesa capa de mansedumbre que ahora arrastra, como una losa, su casta privilegiada de dirigentes y la sola idea de que pudiera triunfar, y de qué forma, un movimiento encaminado a transformar auténticamente el Sistema, propiciando seriamente  la igualdad entre los habitantes de este país o restableciendo los derechos sociales que se nos han ido arrebatando, sin conmiseración, hasta dejarnos inermes, debe representar para ellos, la viva imagen del terror, pues sus ideas ya no son, ni serán jamás las que una vez fueron, ni representan, ni volverán jamás a representar, a nada que recuerde a la izquierda.
No hablemos pues de culpabilidad, sino de malas prácticas de la política, pero lo peor de todo, es que si finalmente nos gobierna  la Gran Coalición, la voluntad de la mayoría de los ciudadanos será, inaceptablemente, secuestrada y otra vez, seremos nosotros, los que paguemos las consecuencias.
La muerte política del PSOE, en minoría entre Ciudadanos y PP, estará, además, garantizada durante los próximos cuatro años, así que habría que preguntar a Susana Díaz y los suyos, si de verdad les merece la pena.



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