lunes, 25 de abril de 2016

En busca de la honradez


Si como todo indica, se vuelven a convocar elecciones y los ciudadanos nos vemos obligados a elegir nuevamente representantes en el Parlamento, debiera primar la intención de conseguir encontrar, entre esta espesa maraña de corrupción que nos envuelve, una serie de políticos honrados que careciendo de un pasado que les relacione con algún posible delito fiscal, nos ofrezcan cierta seguridad de que manejarán los fondos del Estado, sin el ánimo de enriquecerse a través de ellos, sino emplearlos exactamente en aquellos fines a los que debieran ir destinados y que supongan una serie de mejoras tangibles, para el conjunto de la ciudadanía.
Esta tarea, que en principio debiera ser fácil, puesto que habría que suponer que todos aquellos que se presentan como candidatos habrían de estar plena mente comprometidos con defender la más absoluta transparencia, no va a resultar para nosotros, a la vista de los acontecimientos que hemos conocido en los últimos tiempos, precisamente un camino de rosas y sin embargo, es la pieza que puede inclinar la balanza a favor de un determinado Partido, pues es urgente una regeneración total de una clase política, definitivamente denigrada por el comportamiento generalizado de un incalculable número de sus miembros, que cuando no aparecen en los papeles de Panamá, son, reiteradamente imputados por los jueces en asuntos de prevaricación, blanqueo de capitales o evasión de impuestos, como si estos hechos delictivos fueran inherentes a los cargos que ocupan y ser político conllevara obtener necesariamente un enriquecimiento personal, casi siempre procedente de los impuestos que pagamos religiosamente, el resto de los españoles.
Esto de la corrupción, que viene de atrás, aunque nunca se hayan destapado tantos casos como en estos momentos, ni se haya imputado a tantos altos cargos, fundamentalmente procedentes de los grandes Partidos, que han gobernado en alternancia desde la misma llegada de la democracia, ha de terminar de manera tajante, y sin perdón para ninguno de los personajes descubiertos, pues la situación actual del País no sería tal, si de facto se hubiera podido contar con los fondos que desviados hacia otros menesteres por personas muy concretas y cuya cuantía hubiera podido evitar muchas de las cosas terribles que nos han ocurrido, por falta de liquidez, en los años de crisis.
El problema es que la confianza está totalmente perdida de modo casi irrecuperable y que los ciudadanos ni siquiera se atreven realmente, cuando van a votar, a apostar con firmeza por casi ninguna de las opciones que se les presentan como probables, sobre todo cuando comprueban con desolación que suelen incluirse  en las listas algunos imputados o personajes sobre los que recaen sospechas directas, sin que sus Partidos hagan nada por apartarlos de las labores políticas, como sería de rigor, si verdaderamente fuera su voluntad, derrotar a este tipo de delincuentes.
A juzgar por la gravedad de los casos conocidos y haciendo un examen minucioso de conciencia, sólo se podría otorgar el voto y por tanto una cierta confianza, a los que proceden de las Nuevas Formaciones que acaban de aterrizar en el marco político, como Ciudadanos o Podemos, aunque algunos ya han empezado a decir, maliciosamente, que su limpieza tiene que ver con el hecho de que no les ha dado tiempo a ponerse en contacto con los capitales, pero que con el tiempo acabarán por contaminarse también, en la misma medida que sus predecesores.
Pero de cara al reto electoral, concluirán conmigo, si no quieren ser cómplices de estos ladrones de guante blanco ubicados en los Partidos tradicionales, de forma casi permanente, que las opciones quedan tan mermadas, que no queda otro remedio que arriesgar, votando por aquellos que a día de hoy, permanecen impolutos en el fondo y en las formas y que además, prometen para los asuntos relacionados con la corrupción, contundencia.
Porque sean o no en el futuro un ejemplo de honradez, al menos no son responsables de los agujero que han dejado en las Instituciones sus antecesores en los cargos, ni posesores de grandes fortunas con las que negociar en sociedades offshore, ni a su nombre ni al de sus allegados, pues de momento no cuentan, más que con el montante correspondiente a sus sueldos.
Naturalmente, no seré yo quien condicione la libertad de voto de los ciudadanos, ni quien abomine de aquellos que no coincidan con un determinado pensamiento, pero los hechos, las acciones de una auténtica multitud de estos personajes que han venido haciendo de la política una profesión con la que aumentar considerablemente y sin pudor alguno, la cuantía de sus bienes personales, no puede por menos que hacernos reflexionar sobre a quiénes estamos eligiendo para que lleven los asuntos de esta Nación, a la que todos pertenecemos, pensemos como pensemos y creamos en lo que creamos.
Es éste, el momento de meditar muy bien si estaríamos dispuestos a permitir, tolerar y potenciar un continuismo de estas políticas, que han convertido en rutinaria la impunidad para los delincuentes fiscales, o si nuestro deseo es que se cercenen de raíz y sin vuelta atrás, todas estas prácticas imperdonables que han sumido a la clase política en general, en un pozo negro del que le va a resultar muy difícil salir, para recuperar al menos, el prestigio que ahora le falta.
Mirar con lupa, escudriñar en las listas que se nos presenten, analizar los nombres que en ellas aparecen, uno por uno y verificar su honradez, antes de depositar el voto en la urna, ha de ser una obligación inaplazable, que todos deberíamos cumplir, para después tener el derecho de protestar con razón, si las cosas se tuercen, porque al menos, no habremos colaborado en hacer posible que entre nuestros futuros parlamentarios, se sienten presuntos delincuentes.


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