martes, 19 de abril de 2016

Carambola


Hace ya mucho que sobre los directivos de Manos limpias y Ausbank pululaba la sombra de la sospecha, pues no quedaba clara la financiación de este Sindicato, tradicionalmente vinculado a la extrema derecha,  cuya intervención como acusación particular en multitud de casos de corrupción o de temas políticos, se había convertido en una constante, en los últimos tiempos.
Así que cuando hemos sabido hace un par de días que estas personas eran detenidas, acusadas de haber estado extorsionando a entidades bancarias y particulares, a cambio de retirar la acusación en determinados procesos, no podemos decir que nos haya extrañado el calado de la noticia, aunque estas detenciones pudieran implicar que la acusacion, en el caso de la Infanta Cristina, sea retirada inmediatamente, sobre todo  si se tiene en cuenta la actitud reiterada que ha venido manteniendo el Fiscal Horrach, en el transcurso del juicio.
Precisamente, el abogado de la hermana del Rey se ha pronunciado sobre este asunto, sosteniendo que hubo un intento de manos limpias por extorsionar a su bufete, proponiendo que retirarían la acusación que mantienen contra Cristina de Borbón, a cambio de la nada despreciable cantidad, de tres millones de euros.
Bien. No podemos, sino alegrarnos de que estos casos de corrupción se esclarezcan y como no podría ser de otra manera, que se detenga a los culpables de los delitos, a la mayor rapidez, para que sean juzgados y paguen por ellos, pero no se puede olvidar que la presencia de la abogada de Manos limpias en el proceso Noos, ha resultado ser fundamental para que se mantuviera la acusación a la Infanta y que sólo por su empecinamiento en seguir adelante, la hermana del Rey está ahora sentada en el banquillo.
Lo que podría ocurrir a partir de este momento, el giro que podría dar este caso si la justicia obliga a retirarse a la acusación particular, por su relación con estos últimos sucesos, es aún una incógnita que sin duda no tardaremos en resolver, pero que podría propiciar que Cristina de Borbón saliera impune de este enrevesado caso de corrupción, retirándose todas las acusaciones, que constan contra ella.
Habiendo seguido de cerca y con enorme interés toda la instrucción de este caso y habiendo conocido la enorme cantidad de vicisitudes que lo han rodeado, las desavenencias entre el Juez Castro y el Fiscal Horrach y los intentos porque se aplicara la doctrina Botin, que finalmente fracasaron, como todos sabemos, que la detención de los líderes de manos limpias exonere a la Infanta de toda culpa, supondría, a todas luces, que el esclarecimiento de los hechos que se juzgan no fuera completado jamás, dejando el cabo suelto de la verdadera labor ejercida por la Infanta, en esta vergonzosa trama de corrupción, urdida por su marido y sus socios.
De nada habrían servido los inconmensurables esfuerzos de un juez, que viendo claras las pruebas que se presentaban contra este miembro de la familia real, hubo de soportar incontables presiones, simplemente por el hecho de reclamar una justicia igual para todos y cuya profesionalidad ha llegado a ser puesta en duda por los múltiples defensores a ultranza  que le han salido a la monarquía, desde todos los Organismos del Estado y hasta desde el propio Gobierno.
Si como reclama la abogada que ejerce la acusación particular contra la infanta, su implicación con Manos limpias no va más allá de la relación que existe entre abogado y cliente y estando el proceso como está, en plena celebración, debiera permitírsele continuar con su labor hasta el final, para tranquilidad de todos los ciudadanos.
Claro que seguramente, no será así, pues el empeño en librar a la Infanta de posibles manchas judiciales, ha sido desde el principio, un fin a conseguir, a la mayor celeridad, por demasiada gente.
No queda, sino reclamar de quién corresponda, un sentido estricto de cumplimiento del deber, sobre todo si se tiene en cuenta la enorme importancia que tiene este caso, para poder demostrar que en cuestiones de tribunales, todos los ciudadanos debemos ser exactamente iguales, independientemente de nuestra condición o apellidos.
Quizá la costumbre de estar demasiado acostumbrados a perder, nos hace pensar que cuando puede suceder lo peor, acaba sucediendo. Ojalá  y este caso sea la excepción que confirme la regla.






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