Hace ya mucho que sobre los directivos de Manos limpias y
Ausbank pululaba la sombra de la sospecha, pues no quedaba clara la
financiación de este Sindicato, tradicionalmente vinculado a la extrema
derecha, cuya intervención como
acusación particular en multitud de casos de corrupción o de temas políticos,
se había convertido en una constante, en los últimos tiempos.
Así que cuando hemos sabido hace un par de días que estas
personas eran detenidas, acusadas de haber estado extorsionando a entidades
bancarias y particulares, a cambio de retirar la acusación en determinados
procesos, no podemos decir que nos haya extrañado el calado de la noticia,
aunque estas detenciones pudieran implicar que la acusacion, en el caso de la
Infanta Cristina, sea retirada inmediatamente, sobre todo si se tiene en cuenta la actitud reiterada
que ha venido manteniendo el Fiscal Horrach, en el transcurso del juicio.
Precisamente, el abogado de la hermana del Rey se ha
pronunciado sobre este asunto, sosteniendo que hubo un intento de manos limpias
por extorsionar a su bufete, proponiendo que retirarían la acusación que
mantienen contra Cristina de Borbón, a cambio de la nada despreciable cantidad,
de tres millones de euros.
Bien. No podemos, sino alegrarnos de que estos casos de
corrupción se esclarezcan y como no podría ser de otra manera, que se detenga a
los culpables de los delitos, a la mayor rapidez, para que sean juzgados y
paguen por ellos, pero no se puede olvidar que la presencia de la abogada de
Manos limpias en el proceso Noos, ha resultado ser fundamental para que se
mantuviera la acusación a la Infanta y que sólo por su empecinamiento en seguir
adelante, la hermana del Rey está ahora sentada en el banquillo.
Lo que podría ocurrir a partir de este momento, el giro que
podría dar este caso si la justicia obliga a retirarse a la acusación
particular, por su relación con estos últimos sucesos, es aún una incógnita que
sin duda no tardaremos en resolver, pero que podría propiciar que Cristina de
Borbón saliera impune de este enrevesado caso de corrupción, retirándose todas
las acusaciones, que constan contra ella.
Habiendo seguido de cerca y con enorme interés toda la
instrucción de este caso y habiendo conocido la enorme cantidad de vicisitudes
que lo han rodeado, las desavenencias entre el Juez Castro y el Fiscal Horrach
y los intentos porque se aplicara la doctrina Botin, que finalmente fracasaron,
como todos sabemos, que la detención de los líderes de manos limpias exonere a
la Infanta de toda culpa, supondría, a todas luces, que el esclarecimiento de
los hechos que se juzgan no fuera completado jamás, dejando el cabo suelto de
la verdadera labor ejercida por la Infanta, en esta vergonzosa trama de
corrupción, urdida por su marido y sus socios.
De nada habrían servido los inconmensurables esfuerzos de un
juez, que viendo claras las pruebas que se presentaban contra este miembro de
la familia real, hubo de soportar incontables presiones, simplemente por el
hecho de reclamar una justicia igual para todos y cuya profesionalidad ha
llegado a ser puesta en duda por los múltiples defensores a ultranza que le han salido a la monarquía, desde todos
los Organismos del Estado y hasta desde el propio Gobierno.
Si como reclama la abogada que ejerce la acusación particular
contra la infanta, su implicación con Manos limpias no va más allá de la relación
que existe entre abogado y cliente y estando el proceso como está, en plena
celebración, debiera permitírsele continuar con su labor hasta el final, para
tranquilidad de todos los ciudadanos.
Claro que seguramente, no será así, pues el empeño en librar a
la Infanta de posibles manchas judiciales, ha sido desde el principio, un fin a
conseguir, a la mayor celeridad, por demasiada gente.
No queda, sino reclamar de quién corresponda, un sentido
estricto de cumplimiento del deber, sobre todo si se tiene en cuenta la enorme
importancia que tiene este caso, para poder demostrar que en cuestiones de
tribunales, todos los ciudadanos debemos ser exactamente iguales,
independientemente de nuestra condición o apellidos.
Quizá la costumbre de estar demasiado acostumbrados a perder,
nos hace pensar que cuando puede suceder lo peor, acaba sucediendo. Ojalá y este caso sea la excepción que confirme la
regla.

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