Ya advertimos, cuando se firmó el acuerdo PSOE –Ciudadanos,
que Pedro Sánchez quedaba maniatado para poder negociar con otras fuerzas y que
en cierto sentido, rubricaba su propia sentencia de muerte política, cayendo en
una maniobra hábilmente montada por los propios barones de su Partido, que ven
en la andaluza Susana Díaz la sucesora inmediata de una etapa, que para la
mayoría de ellos, ni siquiera tenía que haber existido.
Ya dijimos que los planteamientos de derechas de Ciudadanos,
que desde el primer momento defendió la Gran Coalición, que incluiría al PP de
Mariano Rajoy, como la única viable para la formación de un nuevo Gobierno,
irían apareciendo y no ha habido que esperar, ni siquiera a que se culminaran
las negociaciones que se iniciaron con Podemos ayer, para enterarnos de que se
han abstenido en la votación en el Congreso, sobre la paralización de la Ley
Wert, cuya derogación inmediata aparece sin embargo reflejada, en su pacto con
los socialistas.
Ya dijimos que la ambición de Rivera no podía ser más evidente
y que acabaría por reclamar puestos de responsabilidad en un futuro Gobierno,
como efectivamente ha sucedido, horas antes de que se iniciara la reunión a
tres bandas que se mantuvo en la jornada de ayer y que teniendo la sartén por
el mango, difícilmente cedería, pues su objetivo de paralizar las acciones del
PSOE y de impedir cualquier vía de negociación con cualquier Partido de la izquierda,
se consideraba cumplido.
Efectivamente. Han bastado dos horas de conversaciones para
entender que con Ciudadanos nunca será posible un cambio real y efectivo en las
políticas de recortes manejadas por el último gobierno y no solo porque los
planteamientos de Podemos estén, como todos sabemos, muy alejados de los que
preconiza la formación de Rivera, sino también porque al validar el pacto con
los socialistas, se hace visible una absurda posición de poder, por parte de
los que menos escaños aportan a este acuerdo, que será sin embargo, la que
habrá de potenciar un inmovilismo por parte del PSOE, incomprensible en quiénes
se jactan de defender, los valores de la izquierda.
Las declaraciones tras la reunión, no pudieron ser más
explícitas. O Podemos, vinieron a decir, abandona del todo la idea de conseguir
un Gobierno de Progreso, o no habrá acuerdo, pues la diferencia entre los
modelos económicos propuestos entre la Formación Morada y la Naranja, en nada
se parecen y porque en realidad, los de Ciudadanos, siendo como son, los menos
indicados para exigir, dada su posición minoritaria, en estas negociaciones,
son los únicos que no están dispuestos a ceder, ni una pizca, a la vez que reclaman
inconmensurables sacrificios, a sus dos oponentes.
Que lo que quiere Rivera, y lo dice cada vez que tiene
ocasión, es aupar de algún modo a Rajoy hasta un nuevo Gobierno, para aliarse
con él en la próxima legislatura, colocando a los socialistas en una incómoda
posición ideológica, que además no les dejaría sacar adelante ni una sola de
sus propuestas, todos lo sabemos, pero la realidad es que los votos de los
españoles se han orientado hacia una dirección bien opuesta y que más de once
millones de electores preferirían, en contra de los deseos de Susana Díaz,
Rajoy o Albert Rivera, una amplia coalición de izquierdas.
El empecinamiento de los Partidos mayoritarios y ahora
también, de este recién llegado Ciudadanos, contraviene expresamente las
preferencias de los votantes y cualquiera, con una mínima visión política, debe
ser consciente de ello.
Pablo Iglesias, no es pues, como quieren hacer aparecer, el
malo de esta tragicomedia que han montado, desde el momento en que se
conocieron los resultados electorales. Los malos son, aquellos que desoyendo la
voluntad popular, por ambición o por Dios sabe qué intereses, se niegan
sistemáticamente a intentar el cambio que todos deseamos, permaneciendo
anclados, del modo que sea, al más puro e indeseable inmovilismo.

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