Corre el tiempo sin que los políticos de este País logren un
acuerdo que permita la formación de un nuevo Gobierno y comienza la cuenta
atrás para la que parece una inevitable celebración de Elecciones, tras
fracasar todos los intentos de acercamiento de los unos con los otros y del
ansia de culpabilizar al contrario, de todo lo ocurrido desde Diciembre.
Rajoy reprocha a Sánchez, desde su inescrutable atalaya de
soledad, su inoperancia y Sánchez culpa a Iglesias, escudado en su absurdo
acuerdo con Ciudadanos, que no apoye un tripartito imposible, mientras Rivera
continúa empeñado, a pesar de lo que ha llovido, en consolidar una coalición
con PSOE y PP, que consiga frenar la imparable ascensión de un Iglesias, que no
logra entender porqué se niegan los socialistas, a un pacto entre la izquierda.
Resulta fácil achacar al partido morado su falta de empatía
con Ciudadanos, que ha sido quién mejor ha jugado esta partida, para llevar a
Sánchez exactamente hasta dónde quería, aún sabiendo que la suma numérica de
esta coalición rubricada entre dos partidos de muy distinto pensamiento, ni
daba, ni dará para poder ser investido, pero olvidando que los matices de los
programas presentados durante las respectivas campañas electorales, contienen abismales
e insalvables diferencias que harían prácticamente imposible gobernar, por
mucho que ahora se pusieran de acuerdo.
Socialistas y Ciudadanos, parecen olvidar la capital
importancia que debe tener para cada cual su ideología y todos sus esfuerzos
van, como estamos viendo, encaminados a conseguir una rendición sin condiciones
de Podemos, exigiendo a Iglesias que renuncie, no solo a los cargos que le
corresponderían por la fuerza de los votos obtenidos, sino también, a todas
aquellas propuestas que signifiquen un abandono de las líneas marcadas por el
IBEX, que tanto daño hacen a las familias y que para cualquiera que se
identifique con la izquierda, son verdaderamente inaceptables.
Hasta hace bien poco, a los electores les era mucho más fácil
decidir a la hora de emitir sus votos, pues el pensamiento al que pertenecían
los candidatos marcaban claramente las diferencias.
Ahora, se trata cada vez más, de presentar a todos los Partidos
enmarcados en una especie de
batiburrillo global, en el que sus propuestas se parecen tanto entre ellas,
que hay que hacer un auténtico esfuerzo para entender en qué extremo del
arco político, se encuentra cada uno.
Pero muy a nuestro pesar, a día de hoy, no hemos avanzado
tanto como para haber eliminado los abismos que nos separan, ni han
desaparecido, como muchos pretenden hacernos creer, las clases sociales, ni a
todos nos satisface el modelo de sociedad en que vivimos, como para querer
preservarlo de posibles cambios que, entre otras cosas, pudieran potenciar una
mayor igualdad entre ricos y pobres.
Y precisamente porque los pobres superamos en mucho a los
pocos privilegiados que, sin embargo, se han convertido en los amos del mundo,
se impone al menos, ser dueños absolutos de nuestro pensamiento y luchar
denodadamente por mantenerlo fresco ante los demás, sin hacer concesiones que
pudieran abochornarnos después, vencidos por los cantos de sirena de quiénes
sólo pretenden forzar nuestro silencio.
Para que quede claro, Podemos no puede ni debe aceptar el acuerdo
de PSOE y Ciudadanos, entregando a Sánchez y Rivera, todo el fruto de sus
esfuerzos y menos aún, consentir agachando la cabeza, que el espíritu de aquel
15M, en que todos quisimos cambiar las reglas de este juego y que nos ha traído
hasta aquí, quede difuminado bajo el mando de quién está dispuesto a obedecer
mansamente y sin alzar la voz, todas las exigencias de los mismos que han
propiciado el enorme retroceso que ha sufrido nuestra sociedad, en los últimos
tiempos.
Así que debe primar la ideología, por encima de todas las
cosas y no se debe olvidar, que han sido las ideas las que han ido cambiando el
mundo, a lo largo de la historia y siempre, sin excepción, defendidas con
valentía, por todos los hombres y mujeres que nos precedieron, construyendo
caminos, que hasta que ellos llegaron, se consideraron utópicos.
Por ello, no se debe temer a las urnas, ni a utilizarlas, las
veces que sea necesario, para ganar o para perder, pues precisamente cuando se
pierde es cuando hay que dar la lección a los demás de saber aceptarlo con
elegancia y no con esa histeria que suele caracterizar en este País nuestro, a
todos aquellos que habiendo estado en el poder, se ven obligados a tener que
dejarlo, porque así lo decide el pueblo.

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