jueves, 21 de abril de 2016

La importancia de la ideología


Corre el tiempo sin que los políticos de este País logren un acuerdo que permita la formación de un nuevo Gobierno y comienza la cuenta atrás para la que parece una inevitable celebración de Elecciones, tras fracasar todos los intentos de acercamiento de los unos con los otros y del ansia de culpabilizar al contrario, de todo lo ocurrido desde Diciembre.
Rajoy reprocha a Sánchez, desde su inescrutable atalaya de soledad, su inoperancia y Sánchez culpa a Iglesias, escudado en su absurdo acuerdo con Ciudadanos, que no apoye un tripartito imposible, mientras Rivera continúa empeñado, a pesar de lo que ha llovido, en consolidar una coalición con PSOE y PP, que consiga frenar la imparable ascensión de un Iglesias, que no logra entender porqué se niegan los socialistas, a un pacto entre la izquierda.
Resulta fácil achacar al partido morado su falta de empatía con Ciudadanos, que ha sido quién mejor ha jugado esta partida, para llevar a Sánchez exactamente hasta dónde quería, aún sabiendo que la suma numérica de esta coalición rubricada entre dos partidos de muy distinto pensamiento, ni daba, ni dará para poder ser investido, pero olvidando que los matices de los programas presentados durante las respectivas campañas electorales, contienen abismales e insalvables diferencias que harían prácticamente imposible gobernar, por mucho que ahora se pusieran de acuerdo.
Socialistas y Ciudadanos, parecen olvidar la capital importancia que debe tener para cada cual su ideología y todos sus esfuerzos van, como estamos viendo, encaminados a conseguir una rendición sin condiciones de Podemos, exigiendo a Iglesias que renuncie, no solo a los cargos que le corresponderían por la fuerza de los votos obtenidos, sino también, a todas aquellas propuestas que signifiquen un abandono de las líneas marcadas por el IBEX, que tanto daño hacen a las familias y que para cualquiera que se identifique con la izquierda, son verdaderamente inaceptables.
Hasta hace bien poco, a los electores les era mucho más fácil decidir a la hora de emitir sus votos, pues el pensamiento al que pertenecían los candidatos marcaban claramente las diferencias.
Ahora, se trata cada vez más, de presentar a todos los Partidos  enmarcados en una especie de batiburrillo global, en el que sus propuestas se parecen tanto entre  ellas,  que hay que hacer un auténtico esfuerzo para entender en qué extremo del arco político, se encuentra cada uno.
Pero muy a nuestro pesar, a día de hoy, no hemos avanzado tanto como para haber eliminado los abismos que nos separan, ni han desaparecido, como muchos pretenden hacernos creer, las clases sociales, ni a todos nos satisface el modelo de sociedad en que vivimos, como para querer preservarlo de posibles cambios que, entre otras cosas, pudieran potenciar una mayor igualdad entre ricos y pobres.
Y precisamente porque los pobres superamos en mucho a los pocos privilegiados que, sin embargo, se han convertido en los amos del mundo, se impone al menos, ser dueños absolutos de nuestro pensamiento y luchar denodadamente por mantenerlo fresco ante los demás, sin hacer concesiones que pudieran abochornarnos después, vencidos por los cantos de sirena de quiénes sólo pretenden forzar nuestro silencio.
Para que quede claro, Podemos no puede ni debe aceptar el acuerdo de PSOE y Ciudadanos, entregando a Sánchez y Rivera, todo el fruto de sus esfuerzos y menos aún, consentir agachando la cabeza, que el espíritu de aquel 15M, en que todos quisimos cambiar las reglas de este juego y que nos ha traído hasta aquí, quede difuminado bajo el mando de quién está dispuesto a obedecer mansamente y sin alzar la voz, todas las exigencias de los mismos que han propiciado el enorme retroceso que ha sufrido nuestra sociedad, en los últimos tiempos.
Así que debe primar la ideología, por encima de todas las cosas y no se debe olvidar, que han sido las ideas las que han ido cambiando el mundo, a lo largo de la historia y siempre, sin excepción, defendidas con valentía, por todos los hombres y mujeres que nos precedieron, construyendo caminos, que hasta que ellos llegaron, se consideraron utópicos.
Por ello, no se debe temer a las urnas, ni a utilizarlas, las veces que sea necesario, para ganar o para perder, pues precisamente cuando se pierde es cuando hay que dar la lección a los demás de saber aceptarlo con elegancia y no con esa histeria que suele caracterizar en este País nuestro, a todos aquellos que habiendo estado en el poder, se ven obligados a tener que dejarlo, porque así lo decide el pueblo.


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