viernes, 15 de abril de 2016

Antes que se olvide su nombre


Acorralado por las pruebas informativas que demuestran fehacientemente su participación en empresas offshore, ubicadas en paraísos fiscales, al Ministro Soria no le ha quedado otra salida que dimitir, probablemente obligado por las presiones insoportables de sus propios compañeros de Partido, que ya no encuentran un solo resquicio al que agarrarse para continuar con su defensa y que le abandonan, como ya ocurriera otras veces, a su suerte, ya que a partir de mañana, empezarán a olvidar su nombre.
La noticia, que fue conocida a primera hora y que constituye uno de los mayores escándalos protagonizado por un miembro relevante del PP, no parece sin embargo, ser lo suficientemente importante para que el Presidente Rajoy ofrezca explicaciones ante el Parlamento, cuestión que ya se han encargado de dejar clara la Vicepresidenta Soraya Sainz de Santamaría y Cristobal Montoro, enviados en avanzadilla a enfrentarse con la avidez informativa de los medios, tras el Consejo de Ministros celebrado hoy, ya con Soria ausente, mientras el máximo responsable de los populares permanece, como siempre, agazapado entre las sombras, incapaz de enfrentarse a una verdad, que en cualquier otro país, hubiera provocado su inmediata salida del Gobierno.
Recordemos que Soria fue nombrado directamente Ministro de Industria y Energía por el Presidente Rajoy, al que le une una fuerte amistad personal, o al menos, le unía, hasta esta misma mañana y que por tanto, la falta de información sobre los asuntos económicos del personaje que ahora se han descubierto, competería en exclusividad a quién se encargó de otorgarle su confianza a la hora de formar parte del gobierno y que, claramente, se olvidó o no quiso o no pudo, por las razones que fueren, investigar en profundidad ni el pasado ni el presente del candidato propuesto, al que ha mantenido en el cargo hasta que no ha podido más y al que, no olvidemos, no ha cesado fulminantemente tras conocerse los hechos.
Cuántos acontecimientos de esta índole más tienen que suceder para que el Gobierno en pleno presente su dimisión ante los españoles, es una pregunta que está corriendo en las calles como la pólvora, porque aunque presos de la estupefacción, los ciudadanos no pierden la oportunidad de aplicar la capacidad de análisis político que les ha enseñado la dureza de los años de crisis y es tal la crispación que sacude la columna de una Sociedad a la que se ha exigido desde los Organismos de poder, tal suerte de insoportables sacrificios, que comprobar ahora cómo aquellos que se decían abnegados patriotas que se limitaban hacer, con dolor, solo aquello que se consideraba absolutamente necesario, se encontraban al mismo tiempo ocupados en negocios oscuros para su propio enriquecimiento personal, no puede sino generar, un profundo rechazo.
Pedir perdón a todos los que durante la última legislatura han sido gravemente afectados por las medidas de recortes, económicos y sociales, habría de ser, para estos que se han estado moviendo al margen de la ley, un acto de obligado cumplimiento, porque entre los muchos actos de terror que sacuden el mundo, también está, éste de masacrar a las clases trabajadoras negándoles, con Reformas  laborales hechas a la medida de los poderosos y   con la merma sustancial de los fondos destinados a asuntos sociales, como la sanidad o la educación, la oportunidad de vivir con dignidad y sin miedo.
Saber, mientras siguen apareciendo los Papeles de Panamá, que una multitud de nuestros niños no tienen la posibilidad de hacer, ni siquiera una comida equilibrada al día, por falta de medios, créanme, empuja a replantearse seriamente, si de verdad está funcionando, de algún modo, el Sistema.
Por eso y por muchas otras cosas más, que me niego a enumerar porque todos las estamos viviendo en primera persona, resulta del todo imprescindible establecer claramente, con nombres y apellidos, quiénes han sido y son, los culpables de lo que ha ocurrido y de lo que ocurre, en estos  momentos. Todos deben pagar, uno a uno, sus errores, sus delitos, su inmoralidad, su falta de caridad para con los humildes, su desdén, su soberbia, su falsa presunción de patriotismo y fundamentalmente, el silencio en el que se escudan cuando debieran dar la cara para explicar la verdad, la misma que nos han venido ocultando, sistemáticamente, demostrando hacia nosotros, únicamente, el  más absoluto desprecio.


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