Acorralado por las pruebas informativas que demuestran
fehacientemente su participación en empresas offshore, ubicadas en paraísos
fiscales, al Ministro Soria no le ha quedado otra salida que dimitir,
probablemente obligado por las presiones insoportables de sus propios
compañeros de Partido, que ya no encuentran un solo resquicio al que agarrarse
para continuar con su defensa y que le abandonan, como ya ocurriera otras
veces, a su suerte, ya que a partir de mañana, empezarán a olvidar su nombre.
La noticia, que fue conocida a primera hora y que constituye
uno de los mayores escándalos protagonizado por un miembro relevante del PP, no
parece sin embargo, ser lo suficientemente importante para que el Presidente Rajoy
ofrezca explicaciones ante el Parlamento, cuestión que ya se han encargado de
dejar clara la Vicepresidenta Soraya Sainz de Santamaría y Cristobal Montoro,
enviados en avanzadilla a enfrentarse con la avidez informativa de los medios,
tras el Consejo de Ministros celebrado hoy, ya con Soria ausente, mientras el
máximo responsable de los populares permanece, como siempre, agazapado entre
las sombras, incapaz de enfrentarse a una verdad, que en cualquier otro país,
hubiera provocado su inmediata salida del Gobierno.
Recordemos que Soria fue nombrado directamente Ministro de
Industria y Energía por el Presidente Rajoy, al que le une una fuerte amistad
personal, o al menos, le unía, hasta esta misma mañana y que por tanto, la
falta de información sobre los asuntos económicos del personaje que ahora se
han descubierto, competería en exclusividad a quién se encargó de otorgarle su
confianza a la hora de formar parte del gobierno y que, claramente, se olvidó o
no quiso o no pudo, por las razones que fueren, investigar en profundidad ni el
pasado ni el presente del candidato propuesto, al que ha mantenido en el cargo
hasta que no ha podido más y al que, no olvidemos, no ha cesado fulminantemente
tras conocerse los hechos.
Cuántos acontecimientos de esta índole más tienen que suceder
para que el Gobierno en pleno presente su dimisión ante los españoles, es una
pregunta que está corriendo en las calles como la pólvora, porque aunque presos
de la estupefacción, los ciudadanos no pierden la oportunidad de aplicar la
capacidad de análisis político que les ha enseñado la dureza de los años de
crisis y es tal la crispación que sacude la columna de una Sociedad a la que se
ha exigido desde los Organismos de poder, tal suerte de insoportables sacrificios,
que comprobar ahora cómo aquellos que se decían abnegados patriotas que se
limitaban hacer, con dolor, solo aquello que se consideraba absolutamente
necesario, se encontraban al mismo tiempo ocupados en negocios oscuros para su
propio enriquecimiento personal, no puede sino generar, un profundo rechazo.
Pedir perdón a todos los que durante la última legislatura
han sido gravemente afectados por las medidas de recortes, económicos y
sociales, habría de ser, para estos que se han estado moviendo al margen de la
ley, un acto de obligado cumplimiento, porque entre los muchos actos de terror
que sacuden el mundo, también está, éste de masacrar a las clases trabajadoras
negándoles, con Reformas laborales
hechas a la medida de los poderosos y con la merma sustancial de los fondos
destinados a asuntos sociales, como la sanidad o la educación, la oportunidad
de vivir con dignidad y sin miedo.
Saber, mientras siguen apareciendo los Papeles de Panamá, que
una multitud de nuestros niños no tienen la posibilidad de hacer, ni siquiera
una comida equilibrada al día, por falta de medios, créanme, empuja a
replantearse seriamente, si de verdad está funcionando, de algún modo, el
Sistema.
Por eso y por muchas otras cosas más, que me niego a enumerar
porque todos las estamos viviendo en primera persona, resulta del todo
imprescindible establecer claramente, con nombres y apellidos, quiénes han sido
y son, los culpables de lo que ha ocurrido y de lo que ocurre, en estos momentos. Todos deben pagar, uno a uno, sus errores,
sus delitos, su inmoralidad, su falta de caridad para con los humildes, su
desdén, su soberbia, su falsa presunción de patriotismo y fundamentalmente, el
silencio en el que se escudan cuando debieran dar la cara para explicar la
verdad, la misma que nos han venido ocultando, sistemáticamente, demostrando
hacia nosotros, únicamente, el más
absoluto desprecio.

No hay comentarios:
Publicar un comentario