jueves, 31 de marzo de 2016

La última palabra


No ha tardado nada el Partido de Albert Rivera en manifestar su rechazo a un posible acuerdo entre socialistas y  Podemos, ni en volver a proponer la Gran Coalición que han defendido desde el principio y que incluye al PP, mucho más cercano en sus posiciones ideológicas, a las líneas de su propio pensamiento.
La sorpresa que diera ayer Pablo Iglesias, dispuesto a renunciar a cualquier labor de gobierno y a participar en las negociaciones a tres bandas que  le proponía Pedro Sánchez, deseoso de contar con 199 diputados que respalden su proyecto, ha puesto a Ciudadanos en un compromiso con el que no contaban, desde que aceptaran la sociedad son los socialistas, hace unos días y que les adjudica, directamente, si se niegan a abstenerse en una nueva Sesión de investidura, el papel de malo, en esta película de terror en que se ha convertido la dura misión de alcanzar finalmente un acuerdo.
La negativa rotunda a mezclarse con Podemos, puede dar una idea de cuáles son las verdaderas fuentes de que bebe el Partido de Albert Rivera, muy próximo en sus planteamientos a la ideología del PP y puede suponer una huida en desbandada de muchas de las personas que se afiliaron entusiasmadas a esta Formación, creyendo que su primordial objetivo sería el de propiciar un cambio en la orientación del Gobierno y que ahora ven a diario, cómo sus correligionarios apuestan una y otra vez, porque sea Rajoy quien repita mandato, para continuar con sus medidas de recortes, que tanto daño han hecho a los ciudadanos españoles.
Pasó el espejismo del clamoroso ascenso a los cielos, previo a la celebración de elecciones y la cruda realidad que se debe tener presente ahora, es que sería más lógico reclamar la abstención del Partido que cuenta con sólo cuarenta diputados, que la del que teniendo setenta, quedó refrendado como tercera fuerza política, por el voto soberano de los electores.
Naturalmente, este planteamiento aterra a quien preferiría un mayor protagonismo en primera línea política y no solo porque las futuras medidas que pudieran aplicar en coalición PSOE y Podemos, estén más cerca de un planteamiento de izquierdas, sino porque pertenecer a un tripartito, siendo el socio con menos poder, dificulta tremendamente sacar adelante cualquier alternativa y también porque en esta situación, Rivera se convertiría en un mero convidado de piedra, que tendría que acatar, democráticamente, las decisiones de sus socios.
El pastel, por fin, se ha destapado del todo y ahora toca a unos y a otros jugar su bazas con inteligencia, aunque a la vez, mirando de reojo las jugadas de los participantes en la partida, procurando adivinar cuáles serán sus próximos movimientos, cosa que cuando se refiere a Podemos, resulta bastante improbable.
Si Rivera se niega a aceptar el acuerdo de los 199 y continúa insistiendo en la Gran Coalición, PP, PSOE, Ciudadanos, puede que vayamos a nuevas elecciones, pero nadie puede garantizarle que obtenga un mayor número de votos en ellas, como tampoco resulta fácil prever lo que ocurrirá a los otros Partidos, que para su desgracia, también cuentan en este proceso.
Puede que finalmente Pedro Sánchez no consiga su sueño de ser Presidente y hasta que si se celebran nuevas elecciones, sea la abstención la que se imponga, cansados como estamos los españoles, de la ineptitud de nuestros políticos para lograr acuerdos, pero está claro que para Rajoy, con el aluvión de casos de corrupción que están apareciendo, reclamar el voto de los ciudadanos, incluso de los que siempre le votaron, se va a convertir en una empinada cuesta que costará un enorme esfuerzo subir, por lo que las expectativas de Rivera, su idea de un gobierno a dos, con los populares, parece que será del todo imposible.


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