lunes, 7 de marzo de 2016

Por orden del Rey


Contra pronóstico, Felipe VI decide aconsejar un periodo de reflexión a las diferentes fuerzas políticas, sin convocar una nueva ronda de consultas para elegir otro candidato a la Investidura, después de que Pedro Sánchez fracasara estrepitosamente en dos ocasiones, tras su pacto con Ciudadanos.
Escamotea esta decisión a Rajoy su intención de presentarse de manera triunfal como salvador de la patria y hasta frustra considerablemente su discurso en contra del acuerdo alcanzado, una vez que él mismo rechazara la proposición real, por falta de unos apoyos que no parece haber conseguido tampoco, a pesar de que ha pasado algún tiempo.
Francamente decepcionado con la posición adoptada por Rivera, que no demostró ningún pudor en criticar durísimamente las políticas del PP, durante las dos sesiones de Investidura, las posibilidades para alcanzar acuerdos futuros se convierten para el PP, en prácticamente inalcanzables y sólo si los socialistas accedieran finalmente a consentir en que Mariano Rajoy accediera de nuevo a la Presidencia, podrían lograr  una victoria amarga, que enseguida les pasaría factura, durante los próximos cuatro años de gobierno.
Esta extraña alianza, que parece momentáneamente imposible, si el PSOE quiere conservar la poca credibilidad que le ha quedado, después de pactar con Rivera, de producirse, contaría con toda probabilidad con el aplauso del líder de ciudadanos, deseoso de conseguir una coalición de la derecha, aunque para ello tuviera que convivir a regañadientes con los socialistas y hacer que sus electores olvidaran, a la mayor brevedad posible, todo el pasado de corrupción que acompaña al Partido de Rajoy y que tanto ha criticado, a lo largo de tanto tiempo.
Por otro lado, las Formaciones de izquierda se niegan a tirar la  toalla sin intentar nuevas negociaciones, contando incluso con los socialistas alrededor de la mesa y proponen ya desde hoy a Pedro Sánchez, que rectifique su postura de los pasados días, procurando abrir otra vía más acorde con lo que dicta la lógica de su pensamiento, aunque a la vieja guardia de su partido no le guste nada esta posibilidad y tenga que librar una auténtica batalla campal con sus barones, para firmar un nuevo acuerdo.
Que la circunstancias que nos ha dejado el resultado de las elecciones no es nada fácil, nadie lo discute, pero precisamente en este tipo de trances es donde queda clara la grandeza de los políticos, pues el arte de negociar, aunque en este país nuestro se ha practicado poco o nada, por razones bien evidentes, conlleva la necesidad de respetar necesariamente las posiciones de los demás, cediendo parte de las nuestras y siempre en pos de un bien común, que últimamente se olvida, con demasiada frecuencia.
Evidentemente, la falta de costumbre en estas experiencias  de los grandes Partidos de nuestro país, impide la fluidez natural del proceso, fundamentalmente, porque se niegan desde el principio a reconocer que el panorama actual ha cambiado considerablemente, muy a su pesar y que otra realidad que se les ha venido encima, sin que hayan podido hacer nada por evitarlo.
Creyéndose aún garantes de unas mayorías, que se les han escapado por el desagüe en las últimas elecciones y que no volverán a recuperar porque los ciudadanos parecen absolutamente decididos a no cambiar su intención de voto, se mantienen enrocados en unas posiciones más propias de quiénes cuentan con un apoyo que ahora les falta, por lo que más temprano que tarde, no les quedará otro remedio que aceptar que los tiempos pasados no volverán y plegarse a lo que ahora exigen de ellos los ciudadanos, obligatoriamente.
Que la  época dorada del bipartidismo quedó atrás y España necesita con urgencia de un gobierno, es la única verdad que puede afirmarse sin error y ha de ser ese, el primer punto a tratar, se proceda del Partido que se proceda y se cuente con los votos que se cuente.
Negarse a negociar, urdir estrategias más propias de otros periodos menos conflictivos que el que vivimos, pretender mantener un estatus que se ha esfumado, afortunadamente, no es más que continuar  anclados a un espejismo a punto de desaparecer, en perjuicio de una ciudadanía que espera de sus políticos, la talla necesaria, para alcanzar acuerdos.
El espectáculo que estamos viendo estos días, deja claro que pocos de ellos  aprueban en su manera de gestionar el conflicto, pero lo peor es que por su culpa, el gobierno de Rajoy está siendo, en funciones o no, el más largo de cuántos se han conocido en nuestra Democracia y parece que va para largo, si nada lo remedia.




No hay comentarios:

Publicar un comentario