miércoles, 2 de marzo de 2016

Intento fallido



Nada hay peor para una Formación política que tener la pretensión de aparecer, a ojos de los demás, como algo que en realidad no es, sin admitir que por avatares, a veces interesados, de algunos de sus miembros, se han ido pervirtiendo unos principios que una vez fueron loables y puros, hasta llegar a un punto, en que en nada recuerdan a la doctrina que motivó su nacimiento, ni a los pilares en que se fundamentó para alcanzar un cierto prestigio, que por esa transformación, va desapareciendo.
Esto es, lo que precisamente le ha ocurrido al PSOE de los últimos tiempos y el paulatino acercamiento que viene manteniendo con los poderes que ahora rigen el mundo y que responden a todas las características de aquel capitalismo contra el que luchaban los primeros socialistas, por considerar que mancillaba la dignidad de los hombres, por medio de la explotación y el hurto de sus derechos sociales, ha conseguido ir desdibujando las características primigenias de su ideología, convirtiendo al Partido que fundara Pablo Iglesias, allá por 1879, en una opción política descafeinada que pulula como un sonámbulo alrededor de la derecha, perdiendo por  ello toda su identidad y traicionando el significado de sus siglas.
La lucha encarnizada que mantiene en la sesión de investidura, ya programada mucho antes, Pedro Sánchez con Pablo Iglesias y los halagos casi empalagosos dedicados a Albert Rivera desde la tribuna, como si la alianza escondiera un tesoro que a los ojos de los ciudadanos es mero oropel, coloca en una delicada situación a todas aquellas personas de bien que en cierto momento de sus vidas, decidieron afiliarse o votar al PSOE, entendiendo que como Partido de izquierdas, que decía ser, siempre estaría al lado de los más desfavorecidos, arrimando el hombro a la lucha que se lleva a cabo por procurar la igualdad, entre todos los seres humanos de la tierra.
Cómo se puede liderar el PSOE y acatar al ochenta por ciento las propuestas de un Partido como el de Rivera, que se declara abiertamente liberal y por tanto, a años luz de lo que podría considerarse, literalmente, una ideología socialista, es una incógnita prácticamente imposible de resolver, que no puede causar en los españoles, más que la lógica indignación que provoca sentirse manipulado, a través de un discurso facilón, que en nada favorece realmente, las aspiraciones de mejorar considerablemente, el negro panorama que vivimos.
No puede, por mucho que Sánchez se empeñe, un Partido de pensamiento progresista, comulgar con las propuestas que le ofrecen dos Formaciones de trasfondo claramente continuista, que disfrazando su disertación  con cierto maquillaje de novedad, tratan de esconder la cruda realidad de su lealtad  para con los poderes europeos, temiendo más una reacción adversa de los mercados, que la profunda rabia de unos ciudadanos, a los que se continúa abandonando a su suerte, sin ninguna defensa.
Reclamar el apoyo de Podemos y de cualquiera que entienda como fundamental una ruptura total con las políticas practicadas por el PP durante los últimos cuatro años, resulta ser una aspiración, desde el primer momento, destinada al fracaso. Eso lo sabe perfectamente el candidato socialista, que apuntaba en otra dirección cuando se ofreció como candidato ante el Rey, pero que enseguida se vio arrastrado por la severa intolerancia de unos barones y un Felipe González, al que parece haber tuneado su propia vida, hasta hacerlo irreconocible para todos aquellos que en cierta ocasión depositaron toda su confianza en él, para auparlo hasta la Presidencia del gobierno.
Frustrado este primer intento para Sánchez y habiendo fracasado, como no podía ser de otra manera, después de su aproximación a la derecha, el panorama que se abre ante la segunda Sesión, resulta ser sencillamente desolador, por lo que parece evidente que no quedará otro remedio, que convocar  nuevas elecciones.
Los ciudadanos también hemos aprendido mucho de esta vana experiencia. Nos ha quedado meridianamente claro en quiénes podemos confiar y en quiénes no. Ojalá  y nuestros votos consigan poner a cada cual, en el sitio exacto que merece.






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