Nada hay peor para una Formación política que tener la
pretensión de aparecer, a ojos de los demás, como algo que en realidad no es,
sin admitir que por avatares, a veces interesados, de algunos de sus miembros,
se han ido pervirtiendo unos principios que una vez fueron loables y puros,
hasta llegar a un punto, en que en nada recuerdan a la doctrina que motivó su
nacimiento, ni a los pilares en que se fundamentó para alcanzar un cierto
prestigio, que por esa transformación, va desapareciendo.
Esto es, lo que precisamente le ha ocurrido al PSOE de los
últimos tiempos y el paulatino acercamiento que viene manteniendo con los
poderes que ahora rigen el mundo y que responden a todas las características de
aquel capitalismo contra el que luchaban los primeros socialistas, por
considerar que mancillaba la dignidad de los hombres, por medio de la
explotación y el hurto de sus derechos sociales, ha conseguido ir desdibujando las
características primigenias de su ideología, convirtiendo al Partido que fundara
Pablo Iglesias, allá por 1879, en una opción política descafeinada que pulula
como un sonámbulo alrededor de la derecha, perdiendo por ello toda su identidad y traicionando el
significado de sus siglas.
La lucha encarnizada que mantiene en la sesión de
investidura, ya programada mucho antes, Pedro Sánchez con Pablo Iglesias y los
halagos casi empalagosos dedicados a Albert Rivera desde la tribuna, como si la
alianza escondiera un tesoro que a los ojos de los ciudadanos es mero oropel,
coloca en una delicada situación a todas aquellas personas de bien que en
cierto momento de sus vidas, decidieron afiliarse o votar al PSOE, entendiendo
que como Partido de izquierdas, que decía ser, siempre estaría al lado de los
más desfavorecidos, arrimando el hombro a la lucha que se lleva a cabo por
procurar la igualdad, entre todos los seres humanos de la tierra.
Cómo se puede liderar el PSOE y acatar al ochenta por ciento
las propuestas de un Partido como el de Rivera, que se declara abiertamente
liberal y por tanto, a años luz de lo que podría considerarse, literalmente,
una ideología socialista, es una incógnita prácticamente imposible de resolver,
que no puede causar en los españoles, más que la lógica indignación que provoca
sentirse manipulado, a través de un discurso facilón, que en nada favorece
realmente, las aspiraciones de mejorar considerablemente, el negro panorama que
vivimos.
No puede, por mucho que Sánchez se empeñe, un Partido de
pensamiento progresista, comulgar con las propuestas que le ofrecen dos
Formaciones de trasfondo claramente continuista, que disfrazando su
disertación con cierto maquillaje de
novedad, tratan de esconder la cruda realidad de su lealtad para con los poderes europeos, temiendo más
una reacción adversa de los mercados, que la profunda rabia de unos ciudadanos,
a los que se continúa abandonando a su suerte, sin ninguna defensa.
Reclamar el apoyo de Podemos y de cualquiera que entienda
como fundamental una ruptura total con las políticas practicadas por el PP
durante los últimos cuatro años, resulta ser una aspiración, desde el primer
momento, destinada al fracaso. Eso lo sabe perfectamente el candidato
socialista, que apuntaba en otra dirección cuando se ofreció como candidato
ante el Rey, pero que enseguida se vio arrastrado por la severa intolerancia de
unos barones y un Felipe González, al que parece haber tuneado su propia vida,
hasta hacerlo irreconocible para todos aquellos que en cierta ocasión
depositaron toda su confianza en él, para auparlo hasta la Presidencia del
gobierno.
Frustrado este primer intento para Sánchez y habiendo
fracasado, como no podía ser de otra manera, después de su aproximación a la
derecha, el panorama que se abre ante la segunda Sesión, resulta ser
sencillamente desolador, por lo que parece evidente que no quedará otro
remedio, que convocar nuevas elecciones.
Los ciudadanos también hemos aprendido mucho de esta vana
experiencia. Nos ha quedado meridianamente claro en quiénes podemos confiar y
en quiénes no. Ojalá y nuestros votos
consigan poner a cada cual, en el sitio exacto que merece.

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