domingo, 6 de marzo de 2016

Un pacto sin esperanza


Tras fracasar en su segundo intento para ser investido Presidente de Gobierno, Pedro Sánchez y su Partido han perdido la oportunidad de liderar una alianza de la izquierda española y quedan ahora, atados a un acuerdo con Ciudadanos que probablemente nunca debieron firmar y que condicionará durante mucho tiempo el devenir de los socialistas, haya o no, nuevas Elecciones, colocándoles, exactamente, en el lugar que para ellos deseaba su socio Albert Rivera.
Que el PSOE no ganaba nada con este acuerdo y que nunca lograría convencer al resto de las Formaciones del arco político para que se unieran a él incondicionalmente, todos lo sabíamos, pero al menos, mientras que defendió las expectativas de negociación con Podemos, IU y Compromís e incluso llegó a sostener ciertas con versaciones con el PNV, como si tuviera la intención de alcanzar un compromiso, mantuvo, a los ojos de los ciudadanos, unas ciertas dosis de credibilidad, que luego se han ido esfumando, a medida que pasaban los días y sólo era capaz de ponerse de acuerdo con el Partido de Rivera, al que siempre se ha considerado como el modelo de la nueva derecha española.
Los dos fracasos consecutivos obtenidos en las Sesiones de investidura, maniata, a partir de ahora, a Sánchez, para poder intentar conversaciones encaminadas a consolidar otro tipo de acuerdos y convierten el pacto con Rivera en una pesada losa de la que no sólo parece imposible deshacerse, sino que no le deja otra salida que un intento a la desesperada de atraer al PP, tradicionalmente, su peor enemigo.
La situación del PSOE, es a todas luces, desesperada, pues nunca será capaz de recuperar todo lo que ha perdido en estos días, para muchos de sus electores, que difícilmente podrán volver a confiar en aquello que prometía como la panacea para abandonar los efectos terribles que las políticas de recortes de Rajoy han traído a sus vidas y que soñaban con dejar atrás, gracias al pacto de las izquierdas.
Evidentemente, han triunfado las tesis de los barones socialistas, sobre las primeras intenciones de su líder y se podría afirmar, que el espantoso ridículo protagonizado por Sánchez en ambas sesiones de Investidura será, sin duda alguna y en un breve espacio de tiempo, su propia muerte política.
Sólo el Partido de Rivera, sale tremendamente reforzado del fallido acuerdo, pues al haber arrastrado al PSOE hacia los postulados de la derecha, no sólo ha podido parar cualquier tipo de negociación con las Formaciones más progresistas, sino que ha destrozado su prestigio como Partido de la oposición a Rajoy, seguramente con la intención de forzarle a firmar ese pacto a tres, que Rivera ha defendido desde el principio, pero que transforma a los socialistas en títeres, en manos de la derecha.
No tardará en llegar el momento en que Mariano Rajoy haga su entrada triunfal en escena,  pavoneándose de que ya nos advirtió del fracaso de Sánchez y apelando a la obligatoriedad de que todas las fuerzas constitucionalistas se alíen, contra la radicalidad de los otros y naturalmente, apoyándole a él, para ser investido, de nuevo, Presidente.
Entretanto, los ciudadanos aguardamos expectantes las manifestaciones que habrán de hacer, con toda seguridad, Susana Díaz, Felipe González y todos aquellos que reiteradamente se han opuesto a los acuerdos de la izquierda, aunque ya imaginamos que su estrategia irá encaminada a culpabilizar a Podemos, que no ha querido traicionar sus principios, a favor de un trato inaceptable y torticero, pero que representa una excusa socorrida para salvaguardar  la maltrecha imagen que el PSOE ha dejado, de cara a una Sociedad deseosa de un cambio real, con la que probablemente no podrán contar, si vamos a nuevos comicios.
Hablando claro. Si los socialistas de la vieja guardia quieren en el fondo pactar con Ciudadanos y PP, que lo digan, para que podamos valorar sin medias tintas la naturaleza de su pensamiento.
Pero presumirse garantes de la izquierda, firmando documentos que mantienen las desastrosas condiciones laborales y sociales que los españoles hemos soportado durante los últimos cuatro años, desdeñando cualquier posibilidad de entendimiento con otras fuerzas e incluso menospreciando a quiénes las conforman, tachándoles de una radicalidad que no es más que un intento por solucionar los problemas reales de este país, supone, perdónenme, una burda manipulación de la verdad, siempre en busca de beneficios.
 Su pacto, a dos o a tres, indistintamente, mata la esperanza de millones de personas por cambiar el negro panorama en el que sufrimos y será, si es que llegan a conseguirlo, una traición a los intereses de los que albergábamos el sueño de que  una vida mejor era posible.



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