jueves, 3 de marzo de 2016

La imagen del espejo


La resaca del Debate de investidura acapara la atención de todos los medios de comunicación y los analistas políticos se afanan en valorar las intervenciones de los líderes de los Partidos, evaluando sus intervenciones y examinando con lupa cada una de sus palabras, con la intención de tratar de adivinar cuáles serán los próximos movimientos de cada uno y si será posible o no, la elección de un Presidente, en segunda vuelta.
Pero nadie se atreve a  dar un paso atrás en sus posiciones iniciales, ni parece que el estrepitoso  fracaso de la extraña coalición entre Ciudadanos y PSOE haya conseguido atraer la atención de otros socios, ni a derecha ni a izquierda, por lo que todo hace prever que el día cinco, el candidato socialista obtendrá, exactamente, los mismos resultados que en la votación de ayer, por lo que se verá obligado a tener que plantearse otras opciones, si todavía desea ser Presidente.
Las opiniones están divididas, como no podía ser de otra manera, entre los medios afines a la derecha o a la izquierda y si para los primeros Pablo Iglesias cruzó todas las líneas de la ética parlamentaria al mencionar que el pasado de Felipe González estaba cubierto de cal viva, para los segundos, la puntualización del líder de Podemos, no fue más que una referencia a un hecho de un pasado de nuestra historia, que no por resultar desagradable, es menos cierto.
También en la calle se hacen quinielas sobre lo que podría ocurrir a partir de la semana que viene y aunque los ciudadanos tienen claro que lo más probable es que tengamos que acudir a las urnas nuevamente, no se logra entender que no se haya podido lograr, en el año en que vivimos, una manera de poner de acuerdo a todos los Partidos de izquierda con representación parlamentaria, ya que al fin y al cabo, no son más que un reflejo del pensamiento de una Sociedad, que ha votado mayoritariamente por un cambio absolutamente radical, al que proponen Ciudadanos y PSOE.
Si los barones socialistas o el propio Felipe González, aludido ayer en el Parlamento por este motivo, no han sabido o no han querido captar el mensaje que los ciudadanos han expresado, a través de las urnas, es completamente inaceptable que sea su opinión la que se imponga forzosamente, a la de millones de votantes en este país y que por medio de su Comité Federal, obliguen a su Líder a la derechización que representa el pacto con la derecha liberal de Ciudadanos, negándole y negando a su partido, cualquier posibilidad de gobernar, esta vez sí, a favor de Rajoy, que espera frotándose las manos, su momento de saltar a escena.
Culpabilizar a Podemos de este pecado capital, no es más que una cortina de humo que pretende ocultar, a los ojos de miles de personas que merecen respeto, la estrategia velada de continuismo que subyace en los círculos en que se mueven los pesos pesados socialistas, que temen en realidad, que se les retiren inmediatamente los múltiples y variados privilegios de que han venido disfrutando, sin ningún pudor, durante los años en que se han alternado en el poder con los populares, si se consigue finalmente instaurar un cambio real, en este país nuestro.
Son, socialistas de boquilla que hace tiempo ya que olvidaron los principios de su supuesto pensamiento y que miran a la ciudadanía, exactamente igual que si provinieran de la más recalcitrante derecha, desde una atalaya de inaccesible poder, pero sin correr nunca el riesgo de mezclarse con ella, olvidando muchos de ellos, su propia procedencia.
Buscan, en el fondo, un modo de conservar un cierto halo de progresismo, de cara a la galería, pero sin atreverse realmente a dar el paso que ahora mismo sería decisivo para que la situación mejorara considerablemente el lamentable estado de esta nación, probablemente porque debe costar mucho acostumbrarse a vivir con  menos recursos de los que antes se tenían y sobre todo, teniendo que compartir con otros las mieles de un poder, que antes se manejaba arbitrariamente, en solitario, aunque sólo fuera periódicamente.
Y sin embargo, los resultados de las pasadas elecciones son inamovibles y suponen, ya en sí, una variante decisiva con respecto al modelo parlamentario que teníamos hasta hace sólo unos meses, por lo que más tarde o más temprano, los bipartidistas tendrán que resignarse a convivir con los recién llegados al Congreso y sobre todo, al cambio inaplazable que han traído y que supondrá toda una revolución, en la futura manera de entender la política.
Estas reticencias, que nos parecen normales en el PP, dado la ideología que representa, son sin embargo, en el caso del PSOE, absolutamente inadmisibles, desde el momento en que cuestionan la igualdad con un Partido que ha obtenido, prácticamente, el mismo número de votos que ellos.
Qué verdad es que la riqueza y el poder transforman a las personas, sacando de ellas lo peor y arrebatándoles, sin remisión, características del ser humano, como la humildad y la decencia.
Quizá sea eso lo que de verdad duele a los barones socialistas: mirar de frente al espejo de la izquierda y ver el reflejo de otros, donde debiera aparecer el suyo, recordándoles lo que deberían ser y no son, inexorablemente.





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