La resaca del Debate de investidura acapara la atención de
todos los medios de comunicación y los analistas políticos se afanan en valorar
las intervenciones de los líderes de los Partidos, evaluando sus intervenciones
y examinando con lupa cada una de sus palabras, con la intención de tratar de
adivinar cuáles serán los próximos movimientos de cada uno y si será posible o
no, la elección de un Presidente, en segunda vuelta.
Pero nadie se atreve a
dar un paso atrás en sus posiciones iniciales, ni parece que el
estrepitoso fracaso de la extraña
coalición entre Ciudadanos y PSOE haya conseguido atraer la atención de otros
socios, ni a derecha ni a izquierda, por lo que todo hace prever que el día
cinco, el candidato socialista obtendrá, exactamente, los mismos resultados que
en la votación de ayer, por lo que se verá obligado a tener que plantearse
otras opciones, si todavía desea ser Presidente.
Las opiniones están divididas, como no podía ser de otra
manera, entre los medios afines a la derecha o a la izquierda y si para los
primeros Pablo Iglesias cruzó todas las líneas de la ética parlamentaria al
mencionar que el pasado de Felipe González estaba cubierto de cal viva, para
los segundos, la puntualización del líder de Podemos, no fue más que una
referencia a un hecho de un pasado de nuestra historia, que no por resultar
desagradable, es menos cierto.
También en la calle se hacen quinielas sobre lo que podría
ocurrir a partir de la semana que viene y aunque los ciudadanos tienen claro
que lo más probable es que tengamos que acudir a las urnas nuevamente, no se
logra entender que no se haya podido lograr, en el año en que vivimos, una
manera de poner de acuerdo a todos los Partidos de izquierda con representación
parlamentaria, ya que al fin y al cabo, no son más que un reflejo del
pensamiento de una Sociedad, que ha votado mayoritariamente por un cambio
absolutamente radical, al que proponen Ciudadanos y PSOE.
Si los barones socialistas o el propio Felipe González,
aludido ayer en el Parlamento por este motivo, no han sabido o no han querido
captar el mensaje que los ciudadanos han expresado, a través de las urnas, es
completamente inaceptable que sea su opinión la que se imponga forzosamente, a
la de millones de votantes en este país y que por medio de su Comité Federal,
obliguen a su Líder a la derechización que representa el pacto con la derecha
liberal de Ciudadanos, negándole y negando a su partido, cualquier posibilidad
de gobernar, esta vez sí, a favor de Rajoy, que espera frotándose las manos, su
momento de saltar a escena.
Culpabilizar a Podemos de este pecado capital, no es más que
una cortina de humo que pretende ocultar, a los ojos de miles de personas que
merecen respeto, la estrategia velada de continuismo que subyace en los círculos
en que se mueven los pesos pesados socialistas, que temen en realidad, que se
les retiren inmediatamente los múltiples y variados privilegios de que han
venido disfrutando, sin ningún pudor, durante los años en que se han alternado
en el poder con los populares, si se consigue finalmente instaurar un cambio
real, en este país nuestro.
Son, socialistas de boquilla que hace tiempo ya que olvidaron
los principios de su supuesto pensamiento y que miran a la ciudadanía,
exactamente igual que si provinieran de la más recalcitrante derecha, desde una
atalaya de inaccesible poder, pero sin correr nunca el riesgo de mezclarse con
ella, olvidando muchos de ellos, su propia procedencia.
Buscan, en el fondo, un modo de conservar un cierto halo de
progresismo, de cara a la galería, pero sin atreverse realmente a dar el paso
que ahora mismo sería decisivo para que la situación mejorara considerablemente
el lamentable estado de esta nación, probablemente porque debe costar mucho acostumbrarse
a vivir con menos recursos de los que
antes se tenían y sobre todo, teniendo que compartir con otros las mieles de un
poder, que antes se manejaba arbitrariamente, en solitario, aunque sólo fuera
periódicamente.
Y sin embargo, los resultados de las pasadas elecciones son
inamovibles y suponen, ya en sí, una variante decisiva con respecto al modelo
parlamentario que teníamos hasta hace sólo unos meses, por lo que más tarde o
más temprano, los bipartidistas tendrán que resignarse a convivir con los
recién llegados al Congreso y sobre todo, al cambio inaplazable que han traído
y que supondrá toda una revolución, en la futura manera de entender la
política.
Estas reticencias, que nos parecen normales en el PP, dado la
ideología que representa, son sin embargo, en el caso del PSOE, absolutamente
inadmisibles, desde el momento en que cuestionan la igualdad con un Partido que
ha obtenido, prácticamente, el mismo número de votos que ellos.
Qué verdad es que la riqueza y el poder transforman a las
personas, sacando de ellas lo peor y arrebatándoles, sin remisión,
características del ser humano, como la humildad y la decencia.
Quizá sea eso lo que de verdad duele a los barones
socialistas: mirar de frente al espejo de la izquierda y ver el reflejo de
otros, donde debiera aparecer el suyo, recordándoles lo que deberían ser y no
son, inexorablemente.

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