martes, 15 de marzo de 2016

Paraíso de impunidad


Lo ocurrido con el PP en la comunidad de Valencia y el aluvión de pruebas que están apareciendo estos días, algunas, vergonzantes conversaciones en las que se discute abiertamente sobre blanqueo de dinero y se menciona la palabra corrupción como si no tuviera connotaciones delictivas, viene a demostrar casi fehacientemente la existencia de una trama de extensión aún desconocida y que los que ocupaban cargos de relevancia en las Instituciones, representando al Partido conservador, seguramente, consideraban su territorio como un paraíso de impunidad, mientras se perpetuaban en el poder, durante más de veinte años.
La invitación hecha por el juez a Rita Barberá, para que se anime a declarar voluntariamente, antes de ser imputada por el Supremo, supone un desafío que seguramente la ex alcaldesa aceptará como un mal menor de cuántos le pueden acontecer, ahora que ya no reina en el Ayuntamiento y no le queda nadie que refuerce su versión de los hechos, pues todos sus compañeros se hallan imputados como presuntos delincuentes fiscales.
En pleno periodo de negociaciones, los asuntos de Valencia y Madrid, complican aparatosamente las posibilidades de Rajoy para poder alcanzar algún acuerdo, pues naturalmente, a nadie le apetece pactar con una Formación sospechosa de haberse financiado ilegalmente y en la que muchos de sus miembros parecen haberse enriquecido a costa del erario público, sin el menor pudor y en los peores momentos de la crisis.
No pasa un solo día en que no aparezcan nuevas informaciones, cada vez más indignantes, sobre esta especie de mafia perfectamente estructurada, en la que los caudales de todos se movían de manera fraudulenta y con toda libertad, sin que se encontrara ninguna traba para hacer y deshacer negocios con empresarios que siempre terminaban favoreciendo los intereses personales de algún político y parece mentira que durante tantos años, no se haya podido demostrar la existencia de este entramado escandaloso, ni juzgado, hasta ahora, a ninguno de los participantes en los hechos.
Que aún queden personas que defiendan la gestión del PP y que casi siete millones de españoles continúen votando al Partido, aun conociendo a través de los medios todo lo que ha venido sucediendo reiterativamente, al menos en las más importantes Comunidades que han regentado desde hace tiempo, parece responder más a un odio ancestral hacia la ideología de la izquierda, que una cuestión de lealtad, pues es incomprensible que alguien pueda seguir otorgando su confianza a quien le roba, mientras le exige sacrificios prácticamente imposibles de superar y que le están llevando al borde de un abismo, del que no va a ser fácil salir, si las cosas no cambian radicalmente.
En estos tiempos en que la incertidumbre nos acompaña y en los que no queda nada claro qué clase de futuro nos aguarda, hasta que no se consiga formar Gobierno, la primera pregunta que deberíamos hacernos todos sería si de verdad estamos dispuestos a seguir permitiendo esta incesante sustracción de caudales que vienen practicando los que hasta hace bien poco se encontraban en el poder, otorgándoles en cierta medida, nuestra complicidad en tales delitos, por medio de nuestros votos.
Porque sería un error y grave, considerar que la corrupción es inherente al ejercicio de la política y disculpar y aceptar estas prácticas delictivas por parte de los altos cargos que nos representan a todos y a los que en definitiva, pagamos con nuestros impuestos y no intentar, del único modo que podemos, procurar la desaparición inmediata de este tipo de fenómenos habituales ahora en el panorama español y no sólo por medio de la justicia, sino también castigando a quienes las cometieron, apoyando a un nuevo Gobierno de otro signo, que empiece  su andadura, con limpieza.
Quizá por eso, no se explican las reticencias del PSOE a alcanzar un acuerdo con Podemos, ni su empecinamiento en mantener a Ciudadanos en primera línea de juego, sabiéndose que el deseo de Rivera sería el de incorporar, más temprano que tarde, al Partido Popular al acuerdo, enterrando así, de algún modo, el pasado turbio que arrastra y que está aún por esclarecer, para desgracia nuestra.
En cierta medida, si el PP volviera a ostentar cargos de poder en la próxima legislatura, difícilmente podría llegarse a la verdad de lo sucedido y sería, como si le otorgáramos un perdón que no merece, por parte de los españoles.
Algún día, cuando terminen de juzgarse los casos pendientes y se pueda calcular el montante exacto de lo que se nos ha escamoteado mediante las numerosas tramas que han protagonizado innumerables cargos populares, España se estremecerá al pensar, cuántas cosas se habrían podido hacer con lo que se nos robó, si de verdad era cierto que alguna vez estuvimos en crisis y sobre todo, quedará claro quiénes son los que han vivido por encima de sus posibilidades y ya les adelanto yo, que no hemos sido precisamente nosotros.






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