La llamada crisis de Podemos, que ha traído como consecuencia
el cese fulminante de Sergio Pascual y la dimisión de varios cargos en Madrid,
considerados del sector Errejonista, ha puesto en jaque a la prensa nacional,
que durante estos dos últimos días han tratado sin éxito de encontrar al número
dos del Partido, que no ha vuelto a hacer acto de presencia en el Congreso,
desde que se destituyera al concejal por Sevilla.
Mucho se ha hablado de las corrientes existentes en la
Formación morada y mucho de la supuesta mala relación reinante entre los
miembros reconocidos de las mismas, catalogadas por los medios adeptos a la
derecha, por grados de radicalidad, aunque los principales líderes de Podemos,
siempre han negado esa desunión, que desde luego, no se evidencia, cuando
comparecen en algún acto público.
Dicen que el desencuentro entre Iglesias y Errejón ha tenido
mucho que ver con el tema de los pretendidos pactos con el PSOE y que mientras los miembros más moderados del
Partido apostaban por conseguir acuerdos, incluso estando Ciudadanos presente,
los partidarios de Iglesias y la corriente anticapitalista encabezada por
Teresa Rodríguez y Echenique, se negaban, no sólo a esa posibilidad, sino
también, incluso, a pactar con los socialistas, por considerar que también
ellos forman parte de esa casta, a la que se desea alejar cuanto antes, de la
escena política española.
Mientras Irene Montero y el mismo Pablo Iglesias restaban
importancia al tema del cese de Pascual, que Iñigo Errejón ni siquiera se haya
pronunciado a través de las redes, sobre un tema de tanta importancia, hace
temer que la gravedad del asunto pudiera ser mucho mayor de lo que se quiere
admitir y que Podemos pudiera sufrir en los próximos días algún tipo de cisma,
que mermaría considerablemente las posibilidades políticas reales que tiene, de
cara a esta legislatura, se lleguen o no a producir, los ansiados acuerdos.
En este clima de incertidumbre, no puede olvidarse que
Podemos nació como un movimiento
asambleario proveniente del 15M y que las personas con las que cuenta desde que
se convirtiera en Partido, descienden de corrientes ideológicas diversas que
dieron en coincidir, en un momento muy concreto, en cuestiones que se habían
convertido en fundamentales para la mayoría de los ciudadanos y que ninguna de
las Formaciones políticas existentes se dignaba siquiera a tratar, dentro de
unas Instituciones, por las que la gente ya no se sentía representada.
Así, es natural que pasado el tiempo, emerja en cada cual la
raíz de su pensamiento, sobre todo cuando las circunstancias han propiciado que
todas aquellas propuestas que se hicieron en la calle y que contaron con el
apoyo inesperado de una gran parte de los ciudadanos, puedan ser llevadas ahora
a un Parlamento, dónde ya no se tratan utopías factibles o no de convertirse en
realidad, sino cuestiones de poder tangible que pueden significar que lo que
ocurra a partir de ahora, derive hacia un camino u otro, según el criterio que
logre imponerse sobre los demás, en Podemos.
Pero divergir no significa necesariamente romper radicalmente
con los opositores, ni mucho menos, permitir que el sueño de millones de
votantes, se marche por la alcantarilla, sin intentar un consenso e igual que hemos reclamado la obligación de
las diferentes Fuerzas políticas de negociar las unas con las otras, para
encontrar aquello que beneficie a las mayorías, debemos en este caso, exigir
que las diferentes corrientes de Pensamiento latentes en Podemos, antepongan el
respeto a la ciudadanía que les respalda, a las diferencias que puedan existir
entre facciones que, en el fondo, persiguen un mismo objetivo, para este País
en el que vivimos.
Morder el cebo que desde hace tiempo flota en el agua,
lanzado hábil y fundamentalmente, por la derecha, sería, como demostrar que
todas aquellas acusaciones de incompetencia y populismo, de personalismos
categóricos que no admiten discusión alguna, de parte de sus opositores, eran
final y desgraciadamente ciertas, lo que otorgaría una contundente victoria, a
los detractores de Podemos.
Evidentemente, el deseo de todos aquellos que apostamos por
una solución de progreso y que aguardamos pacientemente a que pueda encontrarse
una solución en el tema de los pactos a nivel nacional, es que al menos, en el
tema que estamos tratando, la talla política y humana de los hombres y mujeres
que forman Podemos, consiga encontrar una vía por la que solucionar las
diferencias que puedan existir entre ellos, apostando por una unidad,
absolutamente necesaria en estos momentos, para la izquierda, no vaya a ser que
de nuevo la maldición consiga deshacer todo lo ganado y volvamos a un punto de
partida del que costó mucho despegar, aunque ahora todos lo veamos como un
recuerdo muy lejano en el tiempo.

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