jueves, 17 de marzo de 2016

La crisis de Podemos


La llamada crisis de Podemos, que ha traído como consecuencia el cese fulminante de Sergio Pascual y la dimisión de varios cargos en Madrid, considerados del sector Errejonista, ha puesto en jaque a la prensa nacional, que durante estos dos últimos días han tratado sin éxito de encontrar al número dos del Partido, que no ha vuelto a hacer acto de presencia en el Congreso, desde que se destituyera al concejal por Sevilla.
Mucho se ha hablado de las corrientes existentes en la Formación morada y mucho de la supuesta mala relación reinante entre los miembros reconocidos de las mismas, catalogadas por los medios adeptos a la derecha, por grados de radicalidad, aunque los principales líderes de Podemos, siempre han negado esa desunión, que desde luego, no se evidencia, cuando comparecen en algún acto público.
Dicen que el desencuentro entre Iglesias y Errejón ha tenido mucho que ver con el tema de los pretendidos pactos con el PSOE  y que mientras los miembros más moderados del Partido apostaban por conseguir acuerdos, incluso estando Ciudadanos presente, los partidarios de Iglesias y la corriente anticapitalista encabezada por Teresa Rodríguez y Echenique, se negaban, no sólo a esa posibilidad, sino también, incluso, a pactar con los socialistas, por considerar que también ellos forman parte de esa casta, a la que se desea alejar cuanto antes, de la escena política española.
Mientras Irene Montero y el mismo Pablo Iglesias restaban importancia al tema del cese de Pascual, que Iñigo Errejón ni siquiera se haya pronunciado a través de las redes, sobre un tema de tanta importancia, hace temer que la gravedad del asunto pudiera ser mucho mayor de lo que se quiere admitir y que Podemos pudiera sufrir en los próximos días algún tipo de cisma, que mermaría considerablemente las posibilidades políticas reales que tiene, de cara a esta legislatura, se lleguen o no a producir, los ansiados acuerdos.
En este clima de incertidumbre, no puede olvidarse que Podemos nació como un  movimiento asambleario proveniente del 15M y que las personas con las que cuenta desde que se convirtiera en Partido, descienden de corrientes ideológicas diversas que dieron en coincidir, en un momento muy concreto, en cuestiones que se habían convertido en fundamentales para la mayoría de los ciudadanos y que ninguna de las Formaciones políticas existentes se dignaba siquiera a tratar, dentro de unas Instituciones, por las que la gente ya no se sentía representada.
Así, es natural que pasado el tiempo, emerja en cada cual la raíz de su pensamiento, sobre todo cuando las circunstancias han propiciado que todas aquellas propuestas que se hicieron en la calle y que contaron con el apoyo inesperado de una gran parte de los ciudadanos, puedan ser llevadas ahora a un Parlamento, dónde ya no se tratan utopías factibles o no de convertirse en realidad, sino cuestiones de poder tangible que pueden significar que lo que ocurra a partir de ahora, derive hacia un camino u otro, según el criterio que logre imponerse sobre los demás, en Podemos.
Pero divergir no significa necesariamente romper radicalmente con los opositores, ni mucho menos, permitir que el sueño de millones de votantes, se marche por la alcantarilla, sin intentar un consenso  e igual que hemos reclamado la obligación de las diferentes Fuerzas políticas de negociar las unas con las otras, para encontrar aquello que beneficie a las mayorías, debemos en este caso, exigir que las diferentes corrientes de Pensamiento latentes en Podemos, antepongan el respeto a la ciudadanía que les respalda, a las diferencias que puedan existir entre facciones que, en el fondo, persiguen un mismo objetivo, para este País en el que vivimos.
Morder el cebo que desde hace tiempo flota en el agua, lanzado hábil y fundamentalmente, por la derecha, sería, como demostrar que todas aquellas acusaciones de incompetencia y populismo, de personalismos categóricos que no admiten discusión alguna, de parte de sus opositores, eran final y desgraciadamente ciertas, lo que otorgaría una contundente victoria, a los detractores de Podemos.

Evidentemente, el deseo de todos aquellos que apostamos por una solución de progreso y que aguardamos pacientemente a que pueda encontrarse una solución en el tema de los pactos a nivel nacional, es que al menos, en el tema que estamos tratando, la talla política y humana de los hombres y mujeres que forman Podemos, consiga encontrar una vía por la que solucionar las diferencias que puedan existir entre ellos, apostando por una unidad, absolutamente necesaria en estos momentos, para la izquierda, no vaya a ser que de nuevo la maldición consiga deshacer todo lo ganado y volvamos a un punto de partida del que costó mucho despegar, aunque ahora todos lo veamos como un recuerdo muy lejano en el tiempo.

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