martes, 29 de marzo de 2016

Pactos casi imposibles


Una vez recuperada la rutina, tras el receso vacacional, los Partidos políticos españoles vuelven al intento de encontrar algún pacto que permita la formación de Gobierno, aunque sin demasiada ilusión por hacer coincidir posturas con aquellos que pueden aportar el número de votos necesarios, para que una nueva e hipotética Sesión de Investidura, no acabe en otro estrepitoso fracaso.
Pablo Iglesias y Pedro Sánchez se reunirán mañana, ambos tratando de paliar los efectos de las duras batallas que se libran actualmente en sus respectivos Partidos y sin ceder, al menos aparentemente, en ninguna de las premisas que ya se revelaran en sus últimas apariciones ante los medios y que parecen ser, para los dos, del todo inamovibles.
Pero a Sánchez le acucia la prisa de Susana Díaz por apearle de su cargo, aun habiendo conseguido, in extremis, aplazar el Congreso que el PSOE tenía previsto celebrar a finales de Mayo y por tanto, le urge encontrar una salida airosa para su continuidad como candidato socialista a la Presidencia, que bien podría encontrar, si finalmente hace concesiones de cierto calado a Podemos, logrando al menos, una abstención, si es que decide volver a intentarlo nuevamente.
Sin embargo, en la Formación morada no se viven precisamente días de sosiego y parece que el triunfo del ala más radical se impone frente a la moderación de  los allegados a Iñigo Errejón, que continúa desaparecido de la escena política y que sería el único que podría lograr una aproximación real con las posturas propuestas por Sánchez y su todavía socio, Albert Rivera.
En este enrarecido ambiente, la reunión prevista para mañana ha de ser, necesariamente al menos, convulsa y solo si se obrara un milagro, de esos que se dan en política cuando todo parece perdido irremisiblemente, se conseguiría sacar adelante un acuerdo, que por lógica, debiera haber sido bastante fácil de obtener, si fueran ciertas las afinidades ideológicas de que presumen estos dos Partidos.
Para el PSOE, el miedo a ser fagocitado sin remisión por Podemos, le impide mirar al futuro con imparcialidad, sobre todo si piensa que además habría de contar con la aquiescencia de los nacionalistas catalanes y vascos, de los que les gustaría prescindir, por connotaciones que todos conocemos y para Podemos, el dilema de tener que subscribir un acuerdo, en el que también estarían, y de qué modo, los Ciudadanos de Albert Rivera, provoca un rechazo natural, en quienes se han convertido en un revulsivo que pretende romper con la etapa anterior y por tanto, con cualquiera que defienda las doctrinas de la derecha.
Entretanto, Rajoy aguarda el momento de intervenir, si las negociaciones fracasan, volviendo a ofertar su Gran coalición, al líder de los socialistas y por cierto, convirtiéndose además, en el Presidente de Gobierno que más tiempo ha estado ejerciendo como tal, pues son ya cien días los que lleva en funciones y los que pudiera sumar, si finalmente no queda otro remedio que ir a nuevos comicios.
En honor a la verdad, a los ciudadanos nos encantaría que Sánchez e Iglesias se pusieran de acuerdo, pero a veces, los precios que hay que pagar por llegar al poder resultan ser excesivamente elevados y si no se quiere terminar siendo esclavo de esta suerte de hipoteca suscrita para los próximos cuatro años, más vale retirarse a tiempo y permanecer en una honrosa oposición, que no coarte en nada el pensamiento en el que uno cree, ni las posiciones que defiende.



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