Una vez recuperada la rutina, tras el receso vacacional, los
Partidos políticos españoles vuelven al intento de encontrar algún pacto que
permita la formación de Gobierno, aunque sin demasiada ilusión por hacer
coincidir posturas con aquellos que pueden aportar el número de votos
necesarios, para que una nueva e hipotética Sesión de Investidura, no acabe en
otro estrepitoso fracaso.
Pablo Iglesias y Pedro Sánchez se reunirán mañana, ambos
tratando de paliar los efectos de las duras batallas que se libran actualmente
en sus respectivos Partidos y sin ceder, al menos aparentemente, en ninguna de
las premisas que ya se revelaran en sus últimas apariciones ante los medios y
que parecen ser, para los dos, del todo inamovibles.
Pero a Sánchez le acucia la prisa de Susana Díaz por apearle
de su cargo, aun habiendo conseguido, in extremis, aplazar el Congreso que el
PSOE tenía previsto celebrar a finales de Mayo y por tanto, le urge encontrar
una salida airosa para su continuidad como candidato socialista a la Presidencia,
que bien podría encontrar, si finalmente hace concesiones de cierto calado a
Podemos, logrando al menos, una abstención, si es que decide volver a
intentarlo nuevamente.
Sin embargo, en la Formación morada no se viven precisamente
días de sosiego y parece que el triunfo del ala más radical se impone frente a
la moderación de los allegados a Iñigo
Errejón, que continúa desaparecido de la escena política y que sería el único
que podría lograr una aproximación real con las posturas propuestas por Sánchez
y su todavía socio, Albert Rivera.
En este enrarecido ambiente, la reunión prevista para mañana
ha de ser, necesariamente al menos, convulsa y solo si se obrara un milagro, de
esos que se dan en política cuando todo parece perdido irremisiblemente, se conseguiría
sacar adelante un acuerdo, que por lógica, debiera haber sido bastante fácil de
obtener, si fueran ciertas las afinidades ideológicas de que presumen estos dos
Partidos.
Para el PSOE, el miedo a ser fagocitado sin remisión por
Podemos, le impide mirar al futuro con imparcialidad, sobre todo si piensa que
además habría de contar con la aquiescencia de los nacionalistas catalanes y
vascos, de los que les gustaría prescindir, por connotaciones que todos
conocemos y para Podemos, el dilema de tener que subscribir un acuerdo, en el
que también estarían, y de qué modo, los Ciudadanos de Albert Rivera, provoca
un rechazo natural, en quienes se han convertido en un revulsivo que pretende
romper con la etapa anterior y por tanto, con cualquiera que defienda las
doctrinas de la derecha.
Entretanto, Rajoy aguarda el momento de intervenir, si las
negociaciones fracasan, volviendo a ofertar su Gran coalición, al líder de los
socialistas y por cierto, convirtiéndose además, en el Presidente de Gobierno
que más tiempo ha estado ejerciendo como tal, pues son ya cien días los que
lleva en funciones y los que pudiera sumar, si finalmente no queda otro remedio
que ir a nuevos comicios.
En honor a la verdad, a los ciudadanos nos encantaría que
Sánchez e Iglesias se pusieran de acuerdo, pero a veces, los precios que hay
que pagar por llegar al poder resultan ser excesivamente elevados y si no se
quiere terminar siendo esclavo de esta suerte de hipoteca suscrita para los
próximos cuatro años, más vale retirarse a tiempo y permanecer en una honrosa
oposición, que no coarte en nada el pensamiento en el que uno cree, ni las
posiciones que defiende.

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