Anda el País revuelto, por la falta de costumbre de tener que
acudir a los pactos para formar gobiernos, como si tener que decir adiós al
bipartidismo doliera a algunos en el alma, quizá porque erróneamente pensaron
que su privilegiada situación sería permanente.
Muchos, no saben ya que ofrecer, ni a qué estrategia acudir
para ganar las simpatías de los que hasta ayer mismo consideraron enemigos y
buscan desesperadamente apoyos con los que perpetuarse en el poder, recordando
un poco a esas Formaciones totalitaristas, dispuestas a hacer lo que sea, con
tal de no ceder a otros democráticamente elegidos, la posibilidad de demostrar
que merecen la confianza que los ciudadanos les otorgaron, aunque carezcan de
la experiencia lógica que proporciona la edad, cosa que simplemente termina por
curarse, con el paso del tiempo.
Los últimos resultados electorales, han colocado en auténtica
situación de emergencia a los Partidos tradicionales, como PP y PSOE y activado
de manera considerable las luchas internas que surgen en cuanto un líder pierde
peso y empieza a oler a cadáver político.
La escasez de votos obtenidos por Rajoy y Sánchez, ha tenido
exactamente ese efecto, propiciando el ascenso de algunos que esperaban
pacientemente su momento de relanzarse hasta el estrellato político, sin que
les importe hacer sangre de los que cayeron en desgracia de cara al electorado
español, pues en la lucha por el poder, ya lo hemos dicho en numerosas
ocasiones, prevalece la ambición sobre la humanidad y no existe la amistad, la
consideración o el respeto, de unos hacia otros.
Tan es así, que apenas han tardado un par de días las facciones
encabezadas por Aznar y Aguirre en el PP, o la de Susana Díaz, en el, caso de
los socialistas, en poner en duda la autoridad para actuar de Rajoy o Sánchez,
colocando a ambos en una cuerda floja cuyos extremos zarandean los barones de
sus propios Partidos, deseando hacerles caer y ávidos por reemplazarles en el
puesto que ocupan aún, como si en ello les fuera, personalmente, la propia
vida.
Agazapados en la oscuridad y mostrando de cara a la galería
un apoyo ficticio a las intenciones de sus jefes, la todavía Presidenta
andaluza y la incombustible Aguirre, sueñan con ser por fin, Secretarias Generales
de PSOE y PP, forzando con su intolerancia hacia los posibles pactos que faciliten
la Investidura, la convocatoria de unos nuevos comicios en los que poder
presentarse, por fin, como candidatas a la Presidencia de Gobierno.
Ignorando la voluntad del pueblo español, luchan con uñas y
dientes por su futuro personal, obviando incluso aquellas acciones que
beneficiarían el ascenso al poder de sus propios Partidos, saltándose a la torera
cuestiones ideológicas y las más que evidentes diferencias que les separan de
sus adversarios más directos, potenciando, al menos en apariencia y como única
posibilidad, un gran pacto entre Formaciones que nada tienen que ver entre sí y
que de producirse, de seguro, conseguiría rematar profesionalmente y para
siempre, tanto a Sánchez como a Rajoy,
viniendo de este modo a darles la razón, en que eran incapaces de liderar la
complicada legislatura que se avecina.
Y sin embargo, los ciudadanos españoles, que hace tiempo perdieron la inocencia de creer en las
apariencias y ganaron la capacidad de mirar el trasfondo que se oculta en todas
y cada una de las acciones de determinados políticos, esperan, esperamos, con auténtica
ilusión, que de una vez, prevalezcan los deseos directamente surgidos de las
urnas y que sea posible que se alcancen acuerdos entre Formaciones, con el
único objetivo de mejorar el estado de la Nación, lejos de conspiraciones y
batallas que en nada ayudan a conseguirlo.
Verán, formar gobiernos basados en mayorías resulta
aburridamente fácil y es el arte de pactar, de cuadrar y descuadrar
negociaciones entre oponentes hasta alcanzar un consenso que contente al mayor
número de gente posible, dónde reside la categoría de un político, para merecer
presidir un Estado, con el apoyo de la gente y cualquier intento de
manipulación, que impida que se lleven a cabo los acuerdos, simplemente con la
intención de alimentar el ego de determinados individuos cuya ambición no tiene
límites conocidos, resulta ser un fiasco, que en el caso de convocarse nuevas
elecciones, los españoles no perdonarán, por considerarlo un atentado contra lo
que ya reseñó su voluntad y no se cumplió, contraviniendo cualquier norma de
ética o respeto.
Ni Pedro Sánchez ni Rajoy, pueden ni deben en este momento permitirse
ser apeados de sus cargos por tales conspiraciones y no les queda, si su
intención es al menos salvar el honor, otra opción que intentar la negociación,
sin excluir a nadie, para tratar de formar gobierno.
Entretanto, los Partidos emergentes aguardan la decisión
final de ambos líderes, cumpliendo, como no podía ser de otra manera, la
función que les ha encomendado la voz de un determinado número de españoles.
Los próximos días, serán fundamentales para conocer el final
de esta historia y no vendría mal a más de uno, reflexionar a fondo sobre cuál
será su postura en torno a este enrevesado tema.

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