lunes, 4 de enero de 2016

Totum revolutum


Anda el País revuelto, por la falta de costumbre de tener que acudir a los pactos para formar gobiernos, como si tener que decir adiós al bipartidismo doliera a algunos en el alma, quizá porque erróneamente pensaron que su privilegiada situación sería permanente.
Muchos, no saben ya que ofrecer, ni a qué estrategia acudir para ganar las simpatías de los que hasta ayer mismo consideraron enemigos   y buscan desesperadamente apoyos con los que perpetuarse en el poder, recordando un poco a esas Formaciones totalitaristas, dispuestas a hacer lo que sea, con tal de no ceder a otros democráticamente elegidos, la posibilidad de demostrar que merecen la confianza que los ciudadanos les otorgaron, aunque carezcan de la experiencia lógica que proporciona la edad, cosa que simplemente termina por curarse, con el paso del tiempo.
Los últimos resultados electorales, han colocado en auténtica situación de emergencia a los Partidos tradicionales, como PP y PSOE y activado de manera considerable las luchas internas que surgen en cuanto un líder pierde peso y empieza a oler a cadáver político.
La escasez de votos obtenidos por Rajoy y Sánchez, ha tenido exactamente ese efecto, propiciando el ascenso de algunos que esperaban pacientemente su momento de relanzarse hasta el estrellato político, sin que les importe hacer sangre de los que cayeron en desgracia de cara al electorado español, pues en la lucha por el poder, ya lo hemos dicho en numerosas ocasiones, prevalece la ambición sobre la humanidad y no existe la amistad, la consideración o el respeto, de unos hacia otros.
Tan es así, que apenas han tardado un par de días las facciones encabezadas por Aznar y Aguirre en el PP, o la de Susana Díaz, en el, caso de los socialistas, en poner en duda la autoridad para actuar de Rajoy o Sánchez, colocando a ambos en una cuerda floja cuyos extremos zarandean los barones de sus propios Partidos, deseando hacerles caer y ávidos por reemplazarles en el puesto que ocupan aún, como si en ello les fuera, personalmente, la propia vida.
Agazapados en la oscuridad y mostrando de cara a la galería un apoyo ficticio a las intenciones de sus jefes, la todavía Presidenta andaluza y la incombustible Aguirre, sueñan con ser por fin, Secretarias Generales de PSOE y PP, forzando con su intolerancia hacia los posibles pactos que faciliten la Investidura, la convocatoria de unos nuevos comicios en los que poder presentarse, por fin, como candidatas a la Presidencia de Gobierno.
Ignorando la voluntad del pueblo español, luchan con uñas y dientes por su futuro personal, obviando incluso aquellas acciones que beneficiarían el ascenso al poder de sus propios Partidos, saltándose a la torera cuestiones ideológicas y las más que evidentes diferencias que les separan de sus adversarios más directos, potenciando, al menos en apariencia y como única posibilidad, un gran pacto entre Formaciones que nada tienen que ver entre sí y que de producirse, de seguro, conseguiría rematar profesionalmente y para siempre, tanto a Sánchez como  a Rajoy, viniendo de este modo a darles la razón, en que eran incapaces de liderar la complicada legislatura que se avecina.
Y sin embargo, los ciudadanos españoles, que hace tiempo  perdieron la inocencia de creer en las apariencias y ganaron la capacidad de mirar el trasfondo que se oculta en todas y cada una de las acciones de determinados políticos, esperan, esperamos, con auténtica ilusión, que de una vez, prevalezcan los deseos directamente surgidos de las urnas y que sea posible que se alcancen acuerdos entre Formaciones, con el único objetivo de mejorar el estado de la Nación, lejos de conspiraciones y batallas que en nada ayudan a conseguirlo.
Verán, formar gobiernos basados en mayorías resulta aburridamente fácil y es el arte de pactar, de cuadrar y descuadrar negociaciones entre oponentes hasta alcanzar un consenso que contente al mayor número de gente posible, dónde reside la categoría de un político, para merecer presidir un Estado, con el apoyo de la gente y cualquier intento de manipulación, que impida que se lleven a cabo los acuerdos, simplemente con la intención de alimentar el ego de determinados individuos cuya ambición no tiene límites conocidos, resulta ser un fiasco, que en el caso de convocarse nuevas elecciones, los españoles no perdonarán, por considerarlo un atentado contra lo que ya reseñó su voluntad y no se cumplió, contraviniendo cualquier norma de ética o respeto.
Ni Pedro Sánchez ni Rajoy, pueden ni deben en este momento permitirse ser apeados de sus cargos por tales conspiraciones y no les queda, si su intención es al menos salvar el honor, otra opción que intentar la negociación, sin excluir a nadie, para tratar de formar gobierno.
Entretanto, los Partidos emergentes aguardan la decisión final de ambos líderes, cumpliendo, como no podía ser de otra manera, la función que les ha encomendado la voz de un determinado número de españoles.
Los próximos días, serán fundamentales para conocer el final de esta historia y no vendría mal a más de uno, reflexionar a fondo sobre cuál será su postura en torno a este enrevesado tema.


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