Se alcanza el primer acuerdo de la Legislatura, entre PP,
PSOE y Ciudadanos, para nombrar al ex Lendakari
Patxi López , como Presidente de la mesa del Congreso, sin contar en
esta ocasión con Podemos, como parecería ser de rigor, no sabemos bien si
porque los de Pablo Iglesias no están de acuerdo con el candidato presentado o
porque los demás se han negado a concederle los cuatro grupos parlamentarios
que quería, para corresponder a las Formaciones que le han acompañado en su llegada
hasta el Congreso.
Investido López, que siempre me pareció un personaje al que
su Partido ha infravalorado, a pesar de su espléndida labor al frente del
Gobierno del País vasco, ha sido éste, un día histórico y plagado de anécdotas,
dada la variopinta composición que ha traído el resultado de las últimas
Elecciones Generales y a la entrada en el Hemiciclo, por primera vez, de
congresistas pertenecientes a los dos nuevos Partidos políticos que al menos en
sus propuestas electorales, han apostado a fondo por el Cambio.
Por supuesto, y al margen de lo que hoy se trataba, los
medios de comunicación han seguido al detalle el acceso de los nuevos miembros
parlamentarios que aportan un aire de frescura a un acto que tradicionalmente y
hasta ahora, se había caracterizado por su seriedad, no solo institucional,
sino también indumentaria y que ahora se parece un poco más a lo que podría ser
un aula de Facultad, cuyos asientos ocupan tanto post modernos de pelo largo y
vaqueros, como encorsetados tipos de aspecto
impoluto, ataviados con trajes y corbatas de primaras marcas y de
talante circunspecto.
Nunca antes habíamos visto a un bebé acompañando a su madre a
ocupar su escaño en el Hemiciclo y cuya presencia, en brazos de Carolina
Bescansa de Podemos, no sabemos si se debe a la falta de guarderías financiadas
por el Estado o a un deseo expreso de la diputada, de que su hijo forme parte, en presencia y
esencia, de un acto que para ella ha de ser, sin duda alguna, trascendental y
cuya imagen quedará, para siempre, en el recuerdo.
De todos modos, esta Legislatura, que para algunos agoreros
se presenta, en principio, como una de las más breves que habremos conocido
hasta ahora y que no estará exenta de dificultad, para otros supone la
consagración a la vida política de quiénes hace apenas dos años, fueron capaces
de hacer despertar a los ciudadanos del letargo en que los había sumido el
largo periodo del estado del bienestar y que canalizaron la indignación surgida
por los acontecimientos que provocó la llegada de la crisis, hasta llegar hasta
dónde ahora se encuentran.
A todos aquellos que apostaron por la continuidad, está claro
que no les han salido las cuentas y a partir de ahora, quiéranlo o no, tendrán
que convivir, dialogar y negociar obligatoriamente con los que tras los
primeros movimientos del 15M calificaron como perroflautas y que se han
convertido, por mucho que les pese, en compañeros de bancada a los que ya no
podrán ignorar, porque vienen para quedarse durante mucho tiempo.
Choca que mientras los aires de cambio invaden los espacios
del Parlamento, el Partido Popular no sea capaz siquiera de proponer a otros
candidatos para ocupar puestos de relevancia y vuelva a sentar a Celia
Villalobos en la mesa del Congreso y a elegir, otra vez, a Pio García Escudero,
como Presidente del Senado.
Estos gestos, que huelen a rancio y que no van en consonancia
con la llegada de un tiempo diferente, dan una clara idea de lo atrás que se
van quedando Mariano Rajoy y los suyos, mientras este País apuesta por avanzar
por otros caminos y sobre todo, con líderes distintos.
Anclarse al pasado, intentar una impracticable sostenibilidad
en el poder y no saber echarse a un lado, ofreciendo a otros la oportunidad de
dirigir el momento histórico que vivimos, no es más que un intento a la
desesperada por preservar una situación de privilegio que los ciudadanos
aborrecen por lo que ha venido representando, en los últimos tiempos.
No puede ni debe olvidarse, que ha sido la voluntad popular,
en las urnas, la que ha sentado en cada uno de los escaños a todos los que hoy
los ocupan y que esa misma voluntad será siempre la encargada de decidir, en
próximos comicios, si continúan o no disfrutando de la confianza que ahora se
les otorga, pero que puede flaquear si no responden escrupulosamente, a las
obligaciones para con todos, que desde hoy se les encomiendan.

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