Mientras Mariano Rajoy empieza a darse cuenta de que existe
la posibilidad de que no pueda ser Presidente y bebe el trago amargo que le han
supuesto los resultados de las últimas elecciones, el líder de los socialistas
españoles continúa desafiando a sus barones, en su empeño de encontrar una vía
para conseguir alcanzar la Investidura, proponiendo una gran coalición entre
Partidos que apuesten por el cambio, a pesar de las muchas asperezas que quedan
en principio por limar, para tratar de llegar a un acuerdo.
Poco ha tardado Albert Rivera en responder que nunca se
asociaría con Podemos, entonando a la vez un mea culpa por el modo en que su
Formación afrontó la pasada Campaña electoral, en la que influida por las
previsiones de las encuestas y los aparentes triunfos personales de su
líder, dieron por sentadas las mieles de
un triunfo que después nunca llegó, ahogando sus pretensiones de luchar cuerpo
a cuerpo por la Presidencia.
Entretanto Podemos, consciente del valor que para cualquier
aspirante a la Investidura representan sus setenta diputados, obtenidos
democráticamente, aprieta las tuercas del PSC de Iceta, procurando que den un
primer paso en admitir la posibilidad de que pueda celebrarse el esperado
referéndum en Cataluña, aprovechando quizá, las horas bajas en que se encuentra
la coalición Junts Pel SI, tras el rechazo de la CUP y muy especialmente el muy
renombrado Artur Mas, cada vez más lejos de conseguir presidir ni la
Generalitat, ni el proceso hacia la Independencia.
Las exigencias de Podemos, que muy probablemente admitirá el
PSOE de Pedro Sánchez más tarde o más temprano y que podrían representar un
desbloqueo de la situación catalana, si finalmente no queda otro remedio allí,
que convocar nuevas Elecciones, podrían suponer para los españoles un cambio
real en la manera de afrontar la situación del País, en una línea
diametralmente opuesta a la seguida por el PP, en los últimos cuatro años.
Lo bueno de que gobernara dicha coalición sería que para
cualquier resolución que quisiera tomarse en un futuro se necesitaría siempre
llegar a un consenso y que por tanto, los tiempos en que todo se aprobaba por Decreto
y apoyado en la mayoría absoluta que obtuvo Rajoy en las Elecciones de 2011, se
habrían terminado para siempre.
Ya puede Europa guardarse muy mucho de exigir medidas con la
fiereza que lo hacía mientras gobernaban los populares o de tratar de manipular
la decisión en las urnas de los españoles forzando ajustes absolutamente
imposibles de realizar, pues no será lo mismo negociar con un gobierno
conservador que con uno de corte progresista, si se logra el acuerdo.
Queda, en los próximos días, un largo camino por recorrer que
no obstante, puede llegar a buen término, si se afronta con buena voluntad por
las partes, aunque algunas de las cuestiones más urgentes, como la inmediata
derogación de la Ley de Reforma Laboral, la Ley Mordaza o la Ley Wert, resulten
en principio, totalmente innegociables.
Debe el PSOE, con Pedro Sánchez a la cabeza, si
verdaderamente está dispuesto a gobernar con los noventa diputados que tiene,
ceder a muchas de las propuestas de los otros Partidos y desoír el incesante
run run que provocan Susana Díaz y otros que piensan como ella, pues ha de
quedar claro que los intereses del Partido han de estar siempre por encima de
los personales y la única forma de pacificar a un PSOE que se encuentra en
estos momentos bastante revuelto, es apostar por la unidad de criterios y sobre
todo, por apartar a Mariano Rajoy del poder, por el bien de los españoles.
Los matices en las negociaciones, los desacuerdos entre Formaciones,
a veces por cuestiones perfectamente salvables y el afán de protagonismo de determinados
líderes, directamente reflejado en sus intentos por medrar en las pasadas
semanas, son ahora, cuestiones secundarias si se comparan con la perspectiva de
que una coalición de progreso pudiera llegar al gobierno, cerrando de un
plumazo, no solo la era bipartidista, sino también la de Rajoy, que ha
presidido el Gobierno de la nación, como un reyezuelo tirano, incapaz de oír la
voz de los ciudadanos y vendiendo, al mejor postor, hasta la dignidad de todos
los presentes.

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