domingo, 17 de enero de 2016

Puntos de encuentro


Con el nuevo Parlamento constituido, aún sin saber quién será nuestro próximo Presidente y con todas las posibilidades de acuerdos y desacuerdos depositadas sobre las mesas de negociaciones, los Partidos políticos españoles, los viejos y los nuevos, empiezan a dar pasos cortos intentando posibles acercamientos, todavía en esa fase inicial en la que se establecen líneas rojas, que con toda probabilidad, luego habrá que mover, si verdaderamente se quieren hallar puntos de encuentro.
Esos primeros pasos, que a los ojos de los no entendidos pueden parecer a veces carentes de explicación y que suelen fraguarse en la intimidad de los despachos, hasta que salen a la luz provocando reacciones de toda índole, hasta en los propios afectados por los acuerdos, pueden sin embargo constituir una especie de cimentación provisional, sobre la que después se irán asentando, como piezas de un puzle, decisiones que llenaran espacios hasta entonces vacíos, que podrán completar las sociedades que no quedará más remedio que construir, para sacar adelante esta legislatura.
Un poco de todo eso, ha ocurrido con la cesión de sillones por parte del PSOE, en el Senado, a los partidarios de la Independencia en Cataluña y que inmediatamente ha producido un profundo rechazo en los barones socialistas afines a Susana Díaz, que parecen no comprender que parte del problema que se ha venido generando durante los años de Gobierno de Rajoy, se ha debido, en gran parte, a la falta de diálogo y comprensión con los representantes de aquella parte del País, a los que ni siquiera se les ha brindado la oportunidad de expresar cuáles eran sus reivindicaciones.
Fuera de circulación Artur Mas y con Rajoy ejerciendo una presidencia en funciones que seguramente no repetirá por falta de apoyos Parlamentarios, Pedro Sánchez ha debido pensar con acierto, que ponerse en contacto con el nuevo Presidente Puigdemont, ofreciéndole a la vez un gesto de buena voluntad, dando a los separatistas la ocasión de tener grupo parlamentario, podría reportar una relajación en el calendario fijado por el Parlamento catalán para la gestión de la Independencia, potenciando un futuro entendimiento entre las partes., ahora que los dos sujetos beligerantes que habían encabezado la lucha, ya no van a estar presentes.
 Y así lo ha debido entender también el recién estrenado Presidente de la Generalitat, cuando se ha apresurado a declarar que económicamente no se dan las circunstancias óptimas para declarar la Independencia, lo que podría suponer que tiende la mano a futuras negociaciones con el que posiblemente será el nuevo Presidente español y hasta puede que aceptando tácitamente como buena la idea de la constitución de un Estado Federal, que desde hace años llevan en su programa, los socialistas.
Pero como  nunca llueve a gusto de todos, la iniciativa del PSOE no ha sentado en absoluto bien a Podemos,  a pesar de que una de sus reivindicaciones fundamentales para apoyar a Sánchez en la investidura pasa por la aceptación de que se celebre un Referendum en Cataluña, como habían prometido durante la campaña electoral, a la Formación de Ada Colau y también a sus electores.
Estas aristas, que con toda probabilidad se irán limando en días venideros, parecen, en principio, grietas profundas que se abren entre los negociadores, difíciles de rellenar, si no existe buena voluntad y paciencia para afrontar un diálogo abierto a todas las posibilidades, que finalmente puedan concluir en futuros acuerdos.
Ceder ante ideas procedentes de otros grupos, comprender la posición en la que se encuentra cada oponente y establecer prioridades ante el nuevo periodo que se abre, en esta legislatura nueva, ha de ser, si se quieren conseguir objetivos, la manera menos lesiva de hacer política.
Los ciudadanos ya sabemos que esta etapa de ahora no se parece en nada a las que vivimos anteriormente y que los frentes abiertos en estos primeros días después de las elecciones, adolecen de una dificultad, fundamentalmente desconocida, sobre todo para los Partidos tradicionales, acostumbrados a gobernar con el apoyo de grandes mayorías.
Pero la obligación de los políticos es la de estar preparados para ser capaces de lidiar con los buenos y malos momentos y sobre todo, la de tener la habilidad de convencer en profundidad, precisamente a los que no piensan como ellos.
Nos encontramos en un momento en que esa capacidad de seducción se hace del todo indispensable y en el que ya no cabe aplazar, sine díe, el deber de escuchar a los demás, para intentar encontrar coincidencias, dónde hasta ayer, solo existieron abismos.

Lo ha querido la voluntad de los españoles. Que se sienten a hablar, que se escuchen, sin aspavientos ni mala educación, los unos a los otros, que se tire y se afloje según convenga a la mayoría del país y a ser posible, que den pronto, por favor, con algunos puntos de encuentro.

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