lunes, 11 de enero de 2016

Jaque a la Infanta


Tras la elección  de Carles Puigdemont como nuevo Presidente de Cataluña, en una sesión parlamentaria que pasará a la historia como la primera en la que se declaraba el propósito de iniciar un proceso de Independencia, la actualidad se sitúa hoy en Palma de Mallorca, donde Iñaki Urdangarín y Cristina de Borbón son juzgados en compañía de sus antiguos socios, gracias a la categoría profesional de un Juez que se ha visto obligado a soportar incontables presiones, pero que no ha cejado en su empeño de demostrar a los ciudadanos españoles, que al menos en los casos que dependen de su instrucción, la justicia es igual para todos.
Nos hallamos ante un sumario que ha costado sudor y sangre sacar adelante y que ha tropezado con escollos de todo tipo, incluido el enfrentamiento del Fiscal Horrach con el Juez Castro, que desde el principio tuvo clara la imputación de la Princesa, como socia en los negocios de su marido y que ha centrado la atención mediática desde el mismo instante en que la prensa desveló las presuntas irregularidades en las empresas que regentaba el yerno del Rey y en las que aparentemente aprovechaba con creces el peso del apellido real, para su enriquecimiento propio.
No hay sido fácil llegar hasta aquí y de ahí la importancia de poder contemplar las imágenes del matrimonio Urdangarín sentado en el banquillo de los acusados, como una prueba incontestable de que cuando se permite a la justicia actuar en libertad, lejos de influencias políticas que empañen el desarrollo de las investigaciones, es posible juzgar con total normalidad a cualquier sospechoso de corrupción, independientemente de cuál sea su rango o apellido y en igualdad de condiciones, con respecto a los ciudadanos corrientes.
Tampoco va a resultar sencillo llegar hasta el final de este proceso, en el que la defensa de la Infanta cuenta con la inestimable ayuda de la fiscalía para sacar adelante su reclamación de inocencia, pidiendo la aplicación en su caso de la Doctrina Botín y en el que sólo las acusaciones particulares sostienen hasta ahora todas y cada uno de los múltiples cargos que recaen sobre la hermana del Rey, como presunta coautora de los delitos de los que se acusa a su marido.
Que la acusación progrese o no, depende ahora exclusivamente de los jueces que se encuentran en estos momentos presidiendo la sala y que habrán de estudiar minuciosamente la decisión que tomen a este respecto, sobre todo teniendo en cuenta que todas las miradas de la prensa nacional e internacional se hallan puestas en su actuación, por lo que no puede ni debe quedar absolutamente ninguna duda de la total limpieza del procedimiento.
Exculpar a Cristina de Borbón sería, por una parte, quitar la razón al Juez Castro, cuya disciplina de trabajo y dedicación a esta causa ha sobrepasado con mucho los límites de la normalidad y cuya paciencia y tesón han hecho posible que estemos dónde estamos o bien, conceder a un Fiscal que desde el principio no ha hecho otra cosa que entorpecer el desarrollo de la instrucción, un triunfo, que correspondería más bien a un abogado defensor que a quién tiene por obligación acusar, pues es esa la labor  encomendada al cargo que ocupa.
En estos momentos, en el que el papel de la justicia es permanentemente cuestionado por una ciudadanía, hastiada de que en la mayoría de los casos de corrupción las sentencias emitidas no parezcan corresponderse con la gravedad de los delitos, admitir la Doctrina Botín en el caso de la Infanta Cristina, vendría a suponer de cara a la opinión pública, un violento portazo en las narices de los que en este caso se han empeñado en demostrar la verdad y una desestimación de todas las numerosas pruebas presentadas que revelaban la evidencia de que la hermana del Monarca conocía el desarrollo de los negocios a los que su marido se dedicaba y sobre todo, disfrutaba sin contemplaciones de los beneficios que generaban y que reportaban al matrimonio un tren de vida, que sobrepasaba con mucho, todos los límites de la ética.
Pero desgraciadamente, los españoles estamos tristemente acostumbrados a que este tipo de sucesos se resuelvan con una magnanimidad que para sí quisiera cualquier otro tipo de delincuente, por lo que no sería de extrañar que en breve, tengamos que ver como se levanta la imputación a la Infanta, aunque sobre ella quede grabada a fuego para siempre, la sombra de la sospecha.
Nos gustaría pensar, sin embargo, que estando ahora el Gobierno de Mariano Rajoy en funciones y habiendo descendido por tanto, su nivel de influencia, por una vez, el caso fuera juzgado conforme a lo que dictan las leyes en vigor, sin ningún tipo de consideración especial hacia estos acusados de ilustre cuna, pero de dudosa moralidad en sus comportamientos.
De todos modos, se juzgue o no a Cristina de Borbón en este juicio, su imagen de acusada en el banquillo, que habrá sin duda recorrido el mundo mediático esta mañana, queda también grabada en las páginas de nuestra historia, como uno de los hechos más vergonzosos de cuántos ocurrieron, en estos años en los que a todos los demás se nos reclamaban austeridad y sacrificios.


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